140. Ilusiones rotas

—Es qué no lo puedo creer —murmura Aracely, en lo que era la antigua casa de su madre Mariana, donde casi pálido y desmayado la recibió Gilberto, quien todavía la observa como si se tratase de un fantasma. Aracely toca las cortinas con curiosidad, tratando de calmar la furia que sigue dentro de ella. Se gira hacia Gilberto—, deja la cara de idiota, Gilberto. Y mejor dime quién vive aquí.

—Señorita —Gilberto se traga las palabras para no mostrarse conmovido por su presencia. Justo cuando estaba saliendo de la casa Aracely Reyes se mostró frente a él—. ¿Está buscando a sus hermanas?

—No. Estoy preguntándote quién vive aquí —Aracely entrecierra los ojos con escrutinio, no disfrutando de la presencia de Gilberto.

—Ésta casa le pertenece a su hermana Altagracia Reyes, señorita —responde Gilberto.

Aracely no tarda en rodar los ojos, volviendo a caminar hacia el centro de la casa, donde la sala principal la recibe. Deja la cartera en el sofá, comenzando a tomarse de las manos para admirar el
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