Aleida está con Azucena en la sala. Ambas hablan para ellas mismas con expresiones iguales, duda y escepticismo. Gerardo se quedó en el cuarto junto a Matías mientras prepara la comida a su bebé. No la dejó terminar luego de su propuesta, como si no fuese suficiente el beso y las palabras. —¿El bebé está dormido? —pregunta Aleida al verla llegar—. Mi nieto, quiero cargar a mi nieto. —Es hermoso, abuela. Matías es precioso —Azucena intenta sonreír, dejando atrás un momento el tema de Aracely y todo lo demás—. Es el bebé más lindo del mundo, así como era Sergio. —Gracias a Dios está con sus padres. Con sus dos padres —Aleida le sonríe a su nieta Altagracia—. Y tú, mi niña. —Estoy bien —dice Altagracia, luego de un largo suspiro. Le sonríe—. Estaré bien, lo prometo. —Sé que la conversación de tu hermana…estoy bastante impresionada por lo que ocurre. En como Aracely prefirió callar todos estos años. No comprendo sus acciones —Aleida frunce el ceño por tristeza—. Esa herencia debe dest
El jadeo sorpresivo de Aleida interrumpe el silencio segundo después de la confesión de Gertrudis. Azucena palidece, y una expresión horrorizada se suma al igual que sucede con su abuela.Gertrudis llora, limpiándose las lágrimas. Matías balbucea en los brazos de su madre, calmándose ligeramente mientras toma la corbata de su padre y se lo lleva a la boca.Altagracia da un paso hacia atrás, acercándose al cuerpo de Gerardo porque todo su sistema se congela. Cree que está escuchando mal.En cambio, Gerardo, no dice ni una palabra. Algo distinto sucede dentro de él, y Altagracia teme qué sea algo malo. Pero no lo culpa. Ésta confesión la ha tomado por sorpresa a ella, pero a Gerardo lo ha dejado en el limbo, poco a poco surgiendo un salvajismo que nadie sabrá cómo controlarlo.—Dios nos ampare —Aleida hace la cruz con rapidez—. Gertrudis, ¿Estás segura de lo que dices?—Tan segura, señora Aleida. Lo juro —Gertrudis se gira hacia Altagracia—. Perdóneme, señora Altagracia. Perdóneme, se l
Aracely no recordaba lo mucho que se disfruta estar frente a un escritorio, y no cualquiera, sino la que pertenece a la oficina presidencial. Se supone que Altagracia vendrá hoy para decir esto, aquello. Pero eso es lo menos que le importa. Quiere estar aquí. En Compañías Reyes para siempre.Todo ha salido a la perfección hasta ahora. Cada plan, cada paso que ha dado está fríamente pensado desde incluso antes de enterarse que su hermanita se casaría con Gerardo. No está aquí para dar explicaciones a nadie. Lo único que espera es tener a Sergio de vuelta. Lo buscará cuando termine aquí, cuando tenga la guerra ganada.Sabe que Altagracia no se quedará de brazos cruzados, pero para eso necesita un poco de calma. No será ella quien se encargue de su hermana. Otros se encargarán de ella, y de ese niño que lleva.Ese niño que si la gente se entera de la verdad le quitara el puesto a su hijo Sergio.El pensarlo la hace descontrolarse. Si Soledad hubiese hecho las cosas como debió haberlas he
Los sonidos empiezan a ser más claros cuando comienza a despertarse. La confusión la guía en los primeros segundos, pero luego de una ojeada directa al cuarto, que empieza a aclararse con un par de párpados, Altagracia se levanta de golpe, jadeando en sudor.Horrorizada visualiza todo el cuarto. Es una habitación, adornada en madera, y por un instante cree que ya ha estado aquí. Mira hacia todas partes porque está sola.—¿Bebé? ¡Matías! —es lo primero que exclama, lo primero qué piensa cuando no lo ve a su lado. Aterrada, Altagracia se pone de pie, porque está descalza, y corre hacia la puerta—. ¡¿Dónde estoy?! ¡Déjenme salir! ¡Ayuda!Se gira, tratando de recordar lo que sucedió luego de que le taparan la vista por la capucha en la cabeza: escuchó el llanto de su bebé, y algo parecido al motor de un avión. Sonidos de conversaciones, y ninguno reconoció.Luego de eso una mujer quiso quitarle a Matías de los brazos para mayor comodidad. Desconocida para ella. Recuerda haber dicho “¡No s
—Maribel, ven aquí. Cuando Ignacio abre la boca, lo primero que observa tras el arco del pasillo es a esa mujer. Altagracia abraza más a su hijo, sorprendida de que Maribel esté aquí. ¿Así que siempre trabajó para Ignacio? ¿Ella y su hermana?Maribel la observa en silencio, acercándose por las órdenes de Ignacio, quedándose justo a su lado. Cuando Ignacio la mira de vuelta, la sonrisa sigue ahí. —Maribel nos hará el favor. Pero sólo después de que nos casemos —Ignacio habla en su tono más normal, como si no la tuviese secuestrada aquí y en contra de su voluntad haciendo lo qué él pide—. Llévala de nuevo al cuarto, y prepárala para mañana —se dirige a Maribel—. Ahora. —Sí, señor —Maribel da un vistazo rápido a Altagracia antes de suspirar, y moverse hacia ella. Hace el intento de tocarla—. Por aquí, señora.—No me toques —gruñe Altagracia con impotencia. Ignacio se echa a reír. —No te olvides que debes hacer exactamente lo qué mi mujer dice —Ignacio enfatiza con un empedern
—¡Gerardo! —Rosa Montesinos sale de la casa a paso desesperado cuando ve a su hijo mayor. Lágrimas de alivio rondan por su rostro, abriendo los brazos para recibirlo—. ¡Gracias a mi Dios!Sergio suelta la mano de Rosa para correr por más que Victoria trate de detenerlo hacia Gerardo, quien con alivio se agacha para recibirlo.—¡Papi! —Sergio se abalanza con fuerza hacia sus brazos—. ¡Estás aquí!—¿Qué haces aquí? ¡Todo salió bien, hijo! Si estás significa que…—Rosa empieza.—Que le han quitado los cargos, pero me temo que eso no es lo que nos preocupa —Víctor le responde a su madre, ordenando de una vez que descarguen la camioneta en la que han llegado—. Altagracia…El rostro longevo de Rosa se estremece porque el rostro de Gerardo está ajeno a la felicidad, está completamente impertérrito ante la gran noticia de su inocencia, pero cuando el nombre de Altagracia reluce en sus rostros preocupados y enojados se da cuenta que algo malo está ocurriendo.—¿Dónde está Altagracia? ¡¿Dónde es
Altagracia camina de un lado a otro. No se ha detenido ni un solo momento imaginando lo que dirá cuando cualquiera entre, y cuando se den cuenta que Maribel se marchó.Ha rezado, ha pedido a todos los cielos qué todo salga bien. El teléfono aún no ha sonado, y la duda también la está volviendo loca. Sobre todo por lo que Maribel dijo. Con cada hora qué pasa la ansiedad la carcome. Debió haber esperado un poco más para dejar que se llevara Matías, pero la idea de que Ignacio se aproveche de que de nuevo con su hijo la enfermó.Se sacrificaría ella por su bebé sin dudarlo.Tampoco duerme. Tiene qué esperar la llamada.Altagracia sigue descalza, con su cabello suelto y roja sus mejillas de tanto llorar en silencio. Cuando pudo calmarse luego de soltar a su niño, Altagracia buscó calmarse cuando supo que llorando no lograría nada.—No llores. Cálmate —se repitió a sí misma—. Tu bebé está bien —Altagracia no pudo contener la desesperación por esa tristeza. Se abrazó a sí misma, más vulnera
—¿Qué sabes del secuestro de Altagracia? —Aracely sigue en la capital, y está en un nuevo pent-house que ya está a su nombre como lo prometió Ignacio una vez se llevara a la aclamada Altagracia.Soledad se pinta los labios antes de responder con una gran sonrisa en el rostro.—Ya tiene dos días pérdida —Soledad se encoge de hombros. Guarda el labial y bosteza—, si no ha salido la noticia que ya está casada con Ignacio es porque se le ha hecho difícil al hombre —se echa a reír.Aracely entrecierra los ojos pensativa.—Tiene que hacerla su esposa. Cuando sus herencias estén unidas, ya no será un problema para nosotras porque Ignacio nos ayudará a que Compañías Reyes sea nuestra. Mm, no creo que sea difícil para él. Sino que el idiota está enamorado —Aracely se arregla su cabello rubio en su hombro—. Sólo así nos libraremos finalmente de ella.—Tu hermana ha sido la basura que más me ha costado echar al fuego —Soledad se coloca de pie—. Ya te diste cuenta que todos están de su lado. Así