Cap. 76. Un canalla irresistible.

Continuación:

Maite arqueó una ceja, y asintió con una sonrisa contenida, aunque en su interior se moría por exigirle que dejara de jugar con su paciencia. Ella podía sentir que él le ocultaba cosas.

El conductor le abrió la puerta y Maite estuvo a punto de descender, pero Aris la retuvo de la muñeca y, con una firmeza posesiva, la atrajo hacia él para plantarle un beso en los labios.

—Duerme a los niños y espérame despierta —le ordenó en un murmullo grave.

Maite rodó los ojos con fingido desgane.

Aris descendió del vehículo con fluidez y, antes de que el conductor pudiera reaccionar, le hizo un gesto con la mano.

—Yo manejo —dictaminó, con un tono que no admitía réplica.

Nikos, que había permanecido en silencio hasta el momento, comprendió la invitación implícita en el movimiento de cabeza de Aris y bajó tras él.

###

Minutos después:

El motor rugió cuando Aris pisó el freno de golpe, haciendo que las llantas chirriaran en el asfalto con un sonido desgarrador.

—Baja —o
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