Toda la familia de Dankworth estaba reunida en la sala principal, esperando la llegada del abogado. La noticia de la muerte de Richard Dankworth sacudió por completo la vida de todos ellos, ya que fue una muerte inesperada. Aunque Richard había estado un poco enfermo los últimos días, no se pensaba que eso lo llevaría realmente a la muerte; sin embargo, de un momento a otro, falleció. Una semana había pasado desde su deceso y ahora todos estaban allí, a la expectativa de la lectura del testamento, que generaba gran incertidumbre sobre lo que sucedería. Sin embargo, Míriam y Leandro, los hijos biológicos del difunto, estaban completamente seguros de que la herencia había sido dividida entre ellos. Estaban convencidos de que a su padre no se le había ocurrido jamás incluir a Sung-Hoon, su hermano solo por parte materna. Sung-Hoon Dankworth, el hijo ilegítimo, estaba sentado en una esquina, sintiendo la mirada de desprecio de sus hermanos. Para ellos, siempre había sido el intruso. É
Ruby, cuando ya se habían alejado lo suficiente, decidió soltarse del agarre del hombre y luego se cruzó de brazos mirándolo a los ojos. Ella nunca creyó que podría enfrentarlo, pero ahora sentía que estaba en su derecho, porque ese hombre la arrastró hacia un invento y todo era un desastre. —¿Por qué ha dicho eso? Es mentira que estamos en una relación, mucho menos nos casaremos, nada de lo que dijo es cierto, obviamente nunca podría ser verdad —soltó, confundida. Él suspiró sonoramnete. —¿No te das cuenta que estoy en una situación desesperada y que tú eres mi única opción? Sé que nunca hemos sido cercanos, sin embargo si te estoy pidiendo esto es porque confío en ti, eres la única persona en la que ahora puedo confiar. —¿Por qué? Solo se confía en los amigos y en la familia y claramente usted y yo no somos nada de eso — hablaba bajito como si le diera un poco de temor expresar lo que sentía. Sung-Hoon, para evitar ser visto, volvió a tomarla pero esta vez por el antebrazo y
Los días siguientes, Ruby había dejado de ser solo la sirvienta de la mansión Dankworth, para convertirse en la futura esposa de Sung-Hoon.Diana y Melissa, quienes fueron sus compañeras de trabajo, supieron de parte de Ruby, la razón por la que ella ya no trabajaría con ellas. Ambas estaban perplejas, sabiendo que de pronto Ruby se convertiría en la esposa de Sung-Hoon. —Chicas, hablemos más cuando sea posible, lo prometo, yo nunca me olvidaré de donde pertenezco. Pero ahora tengo que hacer esto. Ellas asintieron. Y es que las dos también creyeron toda esa mentira. Pensaban que Ruby sí había estado saliendo con Sung-Hoon y que ahora estaba embarazada. Pero Ruby no podía decirles la verdad, ni siquiera a ellas. ***Sung-Hoon lanzó una mirada asesina a Adriel Benson, su mejor amigo. Adriel soltó una sonora carcajada. —Es que amigo, todavía no puedo creer que te hayas enredado con una chica de bajos recursos y que no está a tu altura, no está al nivel de ninguno de nosotros. ¿Por
Labios rojo intenso, accesorios brillantes y su rubio cabello corto alisado. Era ella irreconocible frente a ese espejo. El equipo de profesionales que se encargaron de peinarla y arreglarla, estaban allí, amando el resultado. —Eres muy hermosa y el vestido azul te sienta de maravilla. —Su piel pálida lo es todo, es tan perfecta —comentó la otra mujer, mirándola con una sonrisa. Ella sonrió, un poco forzada porque no estaba acostumbrada a la excesiva atención que estaba recibiendo. Pero esa sería su nueva vida, una muy distinta a la que estaba habituada. Ahora lucía tan diferente, usando aquel vestido elegante y sobre esos tacones lujosos. Margarita se presentó y estudió a Ruby. Pronto, sin hacer otro aspavimiento, anunció que era momento de marcharse al salón donde se celebraría la fiesta de compromiso. Cuando llegaron a aquel lugar, donde personas importantes estaban reunidas charlando, bebiendo y disfrutando de la noche, Ruby comenzó a sentirse nerviosa. Sus piernas le temblab
La boda llegó finalmente, y Ruby estaba tan ansiosa aquel día. Sentía que no podría caminar bajo la constante atención de todos los invitados. El momento era ahora; con su elegante y largo vestido blanco, avanzó lentamente, recibiendo miradas de admiración y curiosidad de parte de todos los que estaban allí. Sus pasos resonaban en su mente, cada uno de ellos un recordatorio de la magnitud de lo que estaba a punto de suceder. Miró al frente y vio a Sung-Hoon, su futuro esposo, esperando con una expresión de amor, que solo era un montaje en medio de aquella relación inventada. Cuando Ruby estuvo a pocos centímetros de él, tomó su mano con un ligero temblor. El roce de sus dedos la calmó, recordándole que, a pesar de sus nervios, él estaba allí para guiarla en medio de aquella actuación. En la parte de atrás, Mírian y Leandro asistieron al casamiento a regañadientes, mientras que Margarita, desde su lugar, observaba la escena con incredulidad y descontento. Su ilusión era que su hi
Ruby intentaba distraer su mente del aburrimiento que sentía al estar en el lujoso piso. A pesar de que el lugar era magnífico y espectacular, no podía sentirse cómoda; el silencio era demasiado profundo y la realidad que vivía se hacía cada vez más evidente. Por un momento, se dio cuenta de que todo era demasiado frío para ella. Se había apresurado hacia una vida que había imaginado, pero ahora todo sucedía de otra manera. Tal vez había sido demasiado ilusa al pensar que aceptando ese matrimonio y dándole un hijo al hombre del que estaba enamorada podría capturar su corazón. Se sentía cada vez más cerca de dejar caer los brazos y concluir que ese hombre nunca la amaría. No había ningún indicio de que él sintiera algo real por ella, y eso la hacía sentir fatal.Ya no había retroceso.A pesar de estar sin ganas de hacer nada, sabía que tenía que comer algo. Se obligó a levantarse y dirigirse a la cocina para prepararse algo de comida. La noche pronto caería y, después de reposar un rat
Luego de lo que Sung–Hoon le comentó, el silencio reinó entre ellos durante el resto del desayuno. Pronto se pusieron en marcha al hospital. Al llegar, encontraron a otras personas esperando, pero a pesar de que él se mantuvo a su lado, no hubo ninguna interacción que los involucrara como pareja. Aunque no había reporteros allí para capturarlos, la atmósfera era tensa.Una enfermera salió y les indicó que la doctora ya los estaba esperando en el consultorio. Cuando ambos ingresaron, una mujer morena de enormes ojos cafés se levantó de detrás del escritorio y se acercó a ellos para estrecharles la mano y presentarse.—Bienvenidos a los dos. Soy la doctora Mariana Blanco y seré quien se encargue de ti a partir de este momento, señora Dankworth. Usted debe ser su marido, el señor Sung–Hoon.—Así es —respondió él.Precisamente en ese momento, el teléfono de Sung–Hoon comenzó a sonar.—Disculpen, tengo que tomar esta llamada —dijo, saliendo del consultorio.La doctora se volvió hacia Ruby,
Ruby llegó al piso y se quedó en la sala, aún con la ecografía en manos. La observaba detenidamente, dándose cuenta de que su vida ya no sería la misma. La llegada de un bebé a la vuelta de la esquina significaba que todo en su existencia daría un giro completo.Decidió no dejar que esos pensamientos la invadieran constantemente, pues sabía que acabarían por consumirla. ¿Por qué tuvo que enamorarse de él? No valía la pena; al final, quien sufriría sería ella, por alguien que no le iba a corresponder. Entonces, lo mejor era aceptar que no habría nada real entre ellos. Suspiró hondo, como si intentara liberar el peso de su corazón.Mientras tanto, en su oficina, Sung–Hoon reflexionaba sobre lo ocurrido. ¿Acaso había sido demasiado duro con Ruby? No estaba seguro, pero creía que había sido cruel con sus palabras. Era mejor aclarar las cosas y no dejar espacio para malentendidos. Tomó una profunda bocanada de aire antes de sumergirse en su portátil. Tenía mucho trabajo por hacer; si perdí