Heredero Ilegítimo: Se Casa Por Venganza
Heredero Ilegítimo: Se Casa Por Venganza
Por: DaysyEscritora
01

Toda la familia de Dankworth estaba reunida en la sala principal, esperando la llegada del abogado. La noticia de la muerte de Richard Dankworth sacudió por completo la vida de todos ellos, ya que fue una muerte inesperada. Aunque Richard había estado un poco enfermo los últimos días, no se pensaba que eso lo llevaría realmente a la muerte; sin embargo, de un momento a otro, falleció.

Una semana había pasado desde su deceso y ahora todos estaban allí, a la expectativa de la lectura del testamento, que generaba gran incertidumbre sobre lo que sucedería.

Sin embargo, Míriam y Leandro, los hijos biológicos del difunto, estaban completamente seguros de que la herencia había sido dividida entre ellos. Estaban convencidos de que a su padre no se le había ocurrido jamás incluir a Sung-Hoon, su hermano solo por parte materna.

Sung-Hoon Dankworth, el hijo ilegítimo, estaba sentado en una esquina, sintiendo la mirada de desprecio de sus hermanos. Para ellos, siempre había sido el intruso. Él había lidiado con toda esa situación y se convirtió en alguien fuerte, una persona que no dejaba caer los brazos, que no se rendía, tampoco aparentaba fragilidad.

Cuando la persona que más esperaban, es decir, el abogado, hizo su aparición, todos casi contuvieron la respiración. El profesional se acomodó en la mesa, abrió su maletín y sacó un documento. Para ese momento, todos estaban un poco nerviosos, aunque ninguno lo hiciera evidente.

—Gracias por estar aquí —comenzó a decir el abogado—. Hoy vamos a abrir el testamento de Richard Dankworth.

Todos asintieron con la cabeza, pero el hijo ilegítimo sintió que su corazón latía con más fuerza mientras el abogado comenzaba la lectura del testamento. Después de algunas formalidades, el abogado pronunció lo que dejó a todos boquiabiertos y perplejos.

—Richard escribió el testamento hace unos seis meses, haciendo algunas modificaciones. Así que lo que decidió finalmente es que ha dejado su fortuna y todos sus bienes a su hijo, Sung-Hoon Dankworth. Sin embargo, sus hijos Míriam y Leandro Dankworth recibirán cada uno tres millones de dólares.

El silencio fue profundo. Todas las miradas se volvieron hacia Sung-Hoon. La tensión en la sala era palpable, creciendo la ira y la frustración de Leandro y Míriam, quienes no daban crédito a las palabras del abogado; los hermanos maternos, indignados, comenzaron a discutir.

—¿Cómo es posible? ¡Esto es una locura! Tiene que ser una mentira —gritó Leandro con su rostro enrojecido por la rabia.

Era imposible que su padre dejó todo en manos de un ilegítimo. Injusto e increíble.

—Es una mentira. No puede ser legal —intervino la menor, Míriam, con desdén.

Mientras que Margarita, quien aún le entristecía la pérdida de su marido, se mantenía en silencio.

El abogado, sin inmutarse ante la furia de la familia, comenzó a explicarles.

—El testamento fue redactado de manera legal y verificada por notarios. Su validez es indiscutible.

Las protestas continuaron, pero Sung-Hoon se sintió cada vez más seguro de su lugar en la familia. Sin embargo, la revelación del testamento no era el único obstáculo que enfrentaba. Para reclamar su herencia, el abogado continuó leyendo: —Además, hay una condición. Sung-Hoon debe casarse y tener un hijo dentro de un año.

Los hermanos de Sung-Hoon se quedaron boquiabiertos, las miradas se llenaron de incredulidad y Míriam todavía furiosa se levantó de su lugar.

—¡Esto es ridículo! no permitiré que ese despreciable se salga con la suya, no voy a permitir que se quede con todo, porque es injusto.

Leandro rugió, también molesto, y es que si las miradas mataran, Sung-Hoon no estuviera vivo.

La situación cada vez era más complicada, los gritos no paraban y las acusaciones tampoco; había demasiada presión sobre Sung-Hoon.

Sin decir una sola palabra, salió de allí, intentando buscar un poco de aire fresco, ese que tanto necesitaban sus pulmones.

Sin embargo sus pasos se detuvieron de golpe, porque frente a él estaba ella, Ruby Wright. Una hermosa joven de enormes ojos hazel, esa mirada que se encontró llena de timidez junto a sus ojos miel rasgados. Ella volvió a agachar la cabeza por respeto.

—Joven Dankworth, ¿se le ofrece algo?

Pero Sung-Hoon se quedó en silencio por algunos segundos, mientras la miraba. Y es que ella era realmente hermosa, con su rubio cabello corto sobre los hombros, su delgada figura y sus finas facciones. Mientras el hombre la estaba estudiando con la mirada, ella solo quería huir de allí, porque su corazón no soportaba tantas volteretas. Y es que ella estaba enamorada en secreto de él. Pero Dankworth era inalcanzable, el hijo de una familia rica y ella solo parte de la servidumbre.

Finalmente Sung-Hoon terminó tomando la mano de Ruby. Ella se quedó perpleja por su acción inesperada y lo miró con los ojos de par en par.

—Ruby, necesito que me ayudes. Tengo que decirles a todos que estamos saliendo.

La sorpresa en la pequeña cara de Ruby, era evidente.

—Joven Dankworth, yo no podría...

—A partir de ahora estamos saliendo, nos casaremos pronto —soltó de pronto, dejándola aún más confundida.

Ruby se sintió acorralada, pero decidió seguirle la corriente. Justo en ese momento, cuando ambos estaban tomados de la manos, apareció la furiosa Míriam y ante la escena tambaleó un poco.

Margarita y Leandro llegaron pronto, el abogado que estaba por irse, también se detuvo allí. Nadie entendía que ocurría. Todo resultaba ser confuso.

—Madre, hermanos, señor abogado que está presente, esta mujer y yo estamos saliendo, hoy parece ser el momento perfecto para decírselos.

Margarita frunció el ceño, ¿su hijo y la joven sirvienta en realidad estaban saliendo?

—¡Es imposible que tengas una relación con una sirvienta tan despreciable como ella! Estoy segura de que es un invento —espetó Míriam, con los ojos inyectados de enojo.

Ruby bajó la mirada, afectada y nerviosa.

—Es la verdad, estamos saliendo y pronto nos casaremos.

—¿Qué? Tiene que ser una maldita broma, imbécil —apuntó Leandro.

—Sí, es una mentira.

Entonces Míriam se lanzó sobre Ruby, exigiéndole que dijera algo, pero antes de que pudiera hacerle daño, Sung-Hoon lo evitó.

—¡No te atrevas a tocarla! Esto no es un juego, Ruby es la persona con la que me casaré.

Y, ante la indignación de sus hermanos y la perplejidad del abogado y su madre, se retiró sin soltar la mano de la joven sirvienta.

Estaba dispuesto a hacer lo que sea por obtener la herencia. Pero había algo más, descubrir que le pasó realmente a su padre.

Sigue leyendo en Buenovela
Escanea el código para descargar la APP
capítulo anteriorcapítulo siguiente

Capítulos relacionados

Último capítulo

Escanea el código para leer en la APP