03

Los días siguientes, Ruby había dejado de ser solo la sirvienta de la mansión Dankworth, para convertirse en la futura esposa de Sung-Hoon.

Diana y Melissa, quienes fueron sus compañeras de trabajo, supieron de parte de Ruby, la razón por la que ella ya no trabajaría con ellas.

Ambas estaban perplejas, sabiendo que de pronto Ruby se convertiría en la esposa de Sung-Hoon. 

—Chicas, hablemos más cuando sea posible, lo prometo, yo nunca me olvidaré de donde pertenezco. Pero ahora tengo que hacer esto.

Ellas asintieron. Y es que las dos también creyeron toda esa mentira. Pensaban que Ruby sí había estado saliendo con Sung-Hoon y que ahora estaba embarazada. Pero Ruby no podía decirles la verdad, ni siquiera a ellas.

***

Sung-Hoon lanzó una mirada asesina a Adriel Benson, su mejor amigo. Adriel soltó una sonora carcajada.

—Es que amigo, todavía no puedo creer que te hayas enredado con una chica de bajos recursos y que no está a tu altura, no está al nivel de ninguno de nosotros. ¿Por qué no fuiste cuidadoso? Además, puedes pedirle que aborte.

—¿Te estas escuchando, Adriel? Asumiré mi responsabilidad y me casaré con ella. Además, a mí no me interesan las apariencias o qué tanto dinero tenga la persona con la que me casaré. 

—¿La amas tanto?

Sung-Hoon bufó.

—¿Qué clase de pregunta es esa? No estuve con ella por diversión —aseguró. En el fondo solo falacias.

—Supongo que la amas. No sé por qué no me lo dijiste antes, es curioso —entrecerró los ojos.

—No es de tu incumbencia —rugió —. ¿Podrías irte? Aun debo revisar una propuesta.

Adriel alzó las manos en modo de rendición. Cuando se marchó, Sung-Hoon se reclinó en su silla y pronto atendió la llamada de su madre.

—Sung-Hoon ya todo está listo para que se lleve a cabo la fiesta de compromiso. 

—Madre, agradezco que te hayas hecho cargo de todo eso, aunque insisto que no era necesario.

—Por supuesto que sí. Estarán todos nuestros amigos y allegados, tú eres mi hijo mayor, por lo tanto debe hacerse un evento a lo grande y todos sabrán que estarás a punto de casarte. Ah, no quiero que te vayas a vivir a otro lado con Ruby, por ahora quiero que estén aquí en casa — agregó dejándolo sin opciones.

—Lo que tú digas, madre.

La llamada finalizó. 

***

Mientras tanto, Ruby, ingresó a la habitación que Margarita ordenó que ocuparía desde entonces. No era la primera vez que ingresaba a esa recámara y es que ella misma muchas veces se encargó de limpiar allí para recibir algún invitado y ahora dormiría allí. 

Era todo tan raro. Ya solo sería cuestión de hacerse a la idea. Sobre la cómoda cama se acostó, antes de que su teléfono sonara sin parar.

—¡La mocosa de tu hermana me ha contado que te casarás con un adinerado hombre! Dime que no es una mentira, Ruby —exigió saber su tía quién había quedado a cargo de ella luego del fallecimiento de sus padres, cuando solo era una niña.

—Tía Constanza, yo...

—¿Sí o no?

—Es cierto lo que ha dicho Andrea. Me casaré con el joven Sung-Hoon —admitió.

Incluso cuando le pidió a su hermana Andrea, de quince años, que guardara silencio, no lo hizo. La razón por la que Ruby no le había contado a su tía Constanza, es porque sabía lo interesada y materialista que era ella, y no sabía cómo tomaría la noticia. Aunque ahora veía una vez más su interés saliendo a flote.

—¡Vaya! Esto tiene que ser un sueño. Al final has seguido mis consejos. Me da curiosidad cómo lo has atrapado, pero lo importante es que recuerdes la razón por la que has entrado a trabajar en ese lugar. ¡No puede quedar impune la muerte de tus padres! Esa familia debe pagar.

Ruby apretó los puños a sus costados. Sabiendo que Leandro Dankworth, el medio hermano de Sung-Hoon había sido el responsable, que se salió con la suya y no pagó los daños ni cumplió un castigo. Nada.

—Tía, no quiero hacerlo. Por favor, no me insistas con eso —tembló en su lugar —. Ahora me casaré y no pienso hacer justicia por mi cuenta.

—¿Te estás escuchando, estúpida ingrata? Leandro Dankworth atropelló y mató a tus padres, a mi hermana y mi cuñado, no fue suficiente para él y vino a nosotras con amenazas, porque sabía que Andrea lo vio fugarse del lugar ese día. Eres la única que puede hacer algo.

Ruby comenzó a sollozar.

—Me he enredado en toda esta situación y no creo que pueda complicar más las cosas.

Constanza resopló. 

—¿Quieres que vaya y diga que soy tu tía y Andrea tu hermana? Porque nadie en esa casa sabe que somos tu familia. Estoy segura de que el imbécil de ese tipo no permitirá que te cases con su familiar, por temor a que su crimen se revele. No querrá tenernos cerca.

Ruby se sintió aterrorizada.  Decirle todo eso a Sung-Hoon no le aseguraba tranquilidad. Hacer lo que su tía exigía, parecía conveniente.

—¿Cómo lo haré?

—Acaba con él.  ¿Recuerdas como se terminó la plaga qué teníamos en casa? —su voz era oscura y misteriosa.

Ruby se tapó la boca. Los ratones que molestaban por las noches, cada uno terminó muriendo. Constanza había logrado acabar con la plaga con un efectivo veneno.

—Tía, yo no puedo...

—Sí, Ruby. Envenena a ese desgraciado, debes hacerlo. Incluso puede ser más divertido si acabas con cada uno de ellos, incluyendo ese tal Sung-Hoon. 

Ruby abrió los ojos con sorpresa.

—N-no lo haré.

—Bien, tengo la potestad de Andrea, aún la propuesta de aquel tipo que la quiere y una oferta tentadora. ¿Crees que me temblará la mano? Estoy hablando en serio.

En ese momento Ruby se sintió aturdida. Su tía amenazaba con vender a su hermanita, si no hacía lo que pedía. Entonces el teléfono se salió de sus manos y sus rodillas fallaron haciendo que cayera sobre el suelo. El impacto duro no dolió tanto, como la idea vengativa de su tía.

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