05

La boda llegó finalmente, y Ruby estaba tan ansiosa aquel día. Sentía que no podría caminar bajo la constante atención de todos los invitados. El momento era ahora; con su elegante y largo vestido blanco, avanzó lentamente, recibiendo miradas de admiración y curiosidad de parte de todos los que estaban allí. Sus pasos resonaban en su mente, cada uno de ellos un recordatorio de la magnitud de lo que estaba a punto de suceder. Miró al frente y vio a Sung-Hoon, su futuro esposo, esperando con una expresión de amor, que solo era un montaje en medio de aquella relación inventada.

Cuando Ruby estuvo a pocos centímetros de él, tomó su mano con un ligero temblor. El roce de sus dedos la calmó, recordándole que, a pesar de sus nervios, él estaba allí para guiarla en medio de aquella actuación.

En la parte de atrás, Mírian y Leandro asistieron al casamiento a regañadientes, mientras que Margarita, desde su lugar, observaba la escena con incredulidad y descontento. Su ilusión era que su hijo se hubiera casado con la heredera de un conglomerado lujoso, alguien que representara el estatus que ella tanto valoraba.

Pero nada salió como esperaba. Mientras la ceremonia avanzaba, Ruby y Sung-Hoon intercambiaron sus votos. Ruby, con la voz temblorosa, dijo:

—Prometo amarte y respetarte, en los días buenos y en los malos, en la salud y en la enfermedad. Eres mi compañero, y siempre estaré a tu lado.

Sung-Hoon, con una mirada profunda expresó:

—Te elijo a ti, Ruby, hoy y siempre. Prometo ser tu apoyo, tu amigo y tu amor, sin importar que tan difícil se nos presenten problemas.

El oficiante, con una voz clara y emotiva, los declaró marido y mujer. El momento era "mágico". Ruby sintió que el mundo se desvanecía a su alrededor, dejando solo a ellos dos en un espacio privado. Entonces, con un suave gesto, Sung-Hoon inclinó su cabeza y le dio un beso delicado en los labios.

Fue un beso que se suponía debía sentirse vacío, pero que él sintió electrizante como aquella vez que estuvieron juntos. Ella sabía que nada era cierto, que no debía darle riendas sueltas a sus emociones en medio de algo que no era verdadero.

Aún así, Ruby sonreía, aunque un poco forzada, sintiendo la presión de las miradas aún sobre ella. Suspiró hondo.

Los aplausos no se hicieron esperar. La celebración del nuevo matrimonio Dankworth Wright, se hizo por todo lo alto. Al final de la noche Ruby estaba agotada y Sung-Hoon decidió despedirse de algunos invitados y se marchó del lugar. Se alojaron en un ostentoso hotel, allí pasarían la noche.

Esa anoche ambos cayeron rendidos al descanso. Por la mañana ella se sintió avergonzada creyendo que Sung-Hoon estaría molestó por no haber estado con él, sino dormirse.

—También me he quedado dormido, Ruby. Sin embargo, no hay prisa. ¿Te olvidas que ya hemos estado juntos? Quizás ya estés embarazada.

Ella parpadeó sobre él. Ciertamente podría tener razón. Quizás había un bebé dentro de ella.

—Yo...

—No quiero presionarte. Así que, esperemos algunas semanas y veamos qué pasa.

Ella asintió.

—Por cierto, aquí está el contrato. Firmalo —emitió casi dando la orden.

Ni siquiera leyó el contrato, solo puso su firma y se lo entregó.

Sung-Hoon asintió.

—Es todo. Serás mi esposa hasta que yo lo decida, tendremos intimidad si así queremos, mientras estemos en esta condición, nadie saldrá con alguien más. ¿De acuerdo?

—Debí leer el contrato...

—¿Por qué no lo has hecho?

—Confié en ti. Aunque estoy de acuerdo con lo que dices, excepto lo de tener...

—No te forzaré a nada —prometió exhalando, a lo que ella asintió —. Te daré una copia luego.

Ella no dijo nada.

2 meses después....

Ruby se despertó con síntomas extraños, se preguntó qué ocurría con ella, tal vez una comida que le cayó mal. Aunque su cabeza le señaló algo más...

Tal vez estaba embarazada. A sus veinticuatro años, aunque no era tan joven, ahora que probablemente estaba ocurriendo, se sentía un poco nerviosa, aunque no sorprendida.

No pudiendo quedarse quieta, salió de aquel piso lujoso, que ocupaba con Sung-Hoon, tan solo a los días de haberse casado se mudaron allí. Ruby compró un test en la farmacia de la esquina y esperó en el baño tras realizarse la misma.

Cinco minutos y la obtuvo. Era positiva. Suspiró hondo.

Casi de inmediato, le marcó.

—Sung-Hoon la prueba ha salido positiva.

—¿En serio? Te lo dije, solo había que esperar —pronunció orgulloso, aunque solo estaba feliz porque las cosas salían como las planeó —. Aún así, te llevaré al doctor.

—Bien.

—Ruby, tengo que colgar.

Ella se sintió echada a un lado. Mientras Sung-Hoon asistía a su primera reunión como presidente de la compañía Dankworth, Ruby caía sobre el suelo frío del baño, desolada.

Amaba a un hombre que quizás nunca la amaría como ella. Tal vez nunca debió aceptar todo eso, enredarse en él por algo ficticio. Quizás no debió nunca fijarse un integrante de la familia Dankworth.

—Sung-Hoon...

Se sentía utilizada, solo un método para conseguir algo. Resopló, mirándose al espejo. Ahora estaba atrapada en un matrimonio, a la espera de un bebé y con la incesante presión de su tía Costanza, que había perdido la cabeza.

No, definitivamente no sabía que hacer. Ella no quería causar daño a nadie, pero proteger a su hermana Andrea de lo que Constanza aseguraba que haría, le recordaba que debía hacer lo que pedía.

Destruir a Leandro Dankworth, aunque el proceso tuviera que acabar con cada uno de los integrantes de esa familia, incluyendo a su marido, Sung-Hoon.

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