Luego de lo que Sung–Hoon le comentó, el silencio reinó entre ellos durante el resto del desayuno. Pronto se pusieron en marcha al hospital. Al llegar, encontraron a otras personas esperando, pero a pesar de que él se mantuvo a su lado, no hubo ninguna interacción que los involucrara como pareja. Aunque no había reporteros allí para capturarlos, la atmósfera era tensa.Una enfermera salió y les indicó que la doctora ya los estaba esperando en el consultorio. Cuando ambos ingresaron, una mujer morena de enormes ojos cafés se levantó de detrás del escritorio y se acercó a ellos para estrecharles la mano y presentarse.—Bienvenidos a los dos. Soy la doctora Mariana Blanco y seré quien se encargue de ti a partir de este momento, señora Dankworth. Usted debe ser su marido, el señor Sung–Hoon.—Así es —respondió él.Precisamente en ese momento, el teléfono de Sung–Hoon comenzó a sonar.—Disculpen, tengo que tomar esta llamada —dijo, saliendo del consultorio.La doctora se volvió hacia Ruby,
Ruby llegó al piso y se quedó en la sala, aún con la ecografía en manos. La observaba detenidamente, dándose cuenta de que su vida ya no sería la misma. La llegada de un bebé a la vuelta de la esquina significaba que todo en su existencia daría un giro completo.Decidió no dejar que esos pensamientos la invadieran constantemente, pues sabía que acabarían por consumirla. ¿Por qué tuvo que enamorarse de él? No valía la pena; al final, quien sufriría sería ella, por alguien que no le iba a corresponder. Entonces, lo mejor era aceptar que no habría nada real entre ellos. Suspiró hondo, como si intentara liberar el peso de su corazón.Mientras tanto, en su oficina, Sung–Hoon reflexionaba sobre lo ocurrido. ¿Acaso había sido demasiado duro con Ruby? No estaba seguro, pero creía que había sido cruel con sus palabras. Era mejor aclarar las cosas y no dejar espacio para malentendidos. Tomó una profunda bocanada de aire antes de sumergirse en su portátil. Tenía mucho trabajo por hacer; si perdí
—Míriam, ¿puedo saber la razón por la que has venido aquí? Claramente no te llevas bien conmigo y me odias a morir. Presentarte aquí, sabiendo que estaré, es demasiado extraño.—¿Demasiado raro? ¿Estás sugiriendo que no tengo derecho a visitar la casa donde mi hermano reside? Debería recordarte que este lugar es de mi hermano, no tuyo. Tú eres solo una simple oportunista y una suertuda que se ha casado con Sung–Hoon —escupió Míriam, con voz llena de desprecio.—Por favor, no quiero comenzar una discusión contigo. Sería mejor que te fueras —expresó Ruby, sintiendo cómo la tensión comenzaba a crecer.Ella se quedó con los ojos desmesuradamente abiertos, indignada por la confrontación. No quería que alguien de "bajo nivel" le hablara de esa manera. Se sentía ofendida y decidida a poner a Ruby en su lugar.—No tienes idea de lo que estás diciendo. Crees que tienes el derecho de echarme de aquí solo porque te has casado con él. ¿Por qué no recuerdas que no todos pueden estar en el mismo lu
Renata entró a la oficina de Sung-Hoon con la tableta en la mano. Después de saludarlo formalmente, comenzó a explicarle los detalles de la preparación para la celebración de la sucesión presidencial de la compañía.—¿Así que ya tienes casi todo listo? —cuestionó Sung-Hoon, revisando algunos documentos.—No señor, sin embargo, no es demasiado lo que falta. Es decir, falta muy poco y ya han sido enviadas las invitaciones. Si quiere, puede revisar a quién he incluido en la lista de invitados. — No creo que sea necesario. Sin embargo, te agradezco por hacerte cargo de todo. Te daré una bonificación extra por esto. Renata, sorprendida, respondió: — No señor, no es necesario. Es mi trabajo y no creo que sea preciso que me dé una bonificación extra.— Nunca te lo pregunté, Renata. Te la daré porque así quiero hacerlo. —dijo él, cambiando de tema y extendiendo una carpeta—. ¿Podrías llevar estos documentos de Recursos Humanos?La mujer asintió, tomando la carpeta. — De inmediato, señor. Si
Mientras la fiesta continuaba, Ruby sintió que necesitaba un pequeño descanso. Buscando un momento de tranquilidad, decidió ir al baño de mujeres. Al entrar, se dirigió a un cubículo y cerró la puerta, intentando relajarse un poco en medio de la agitación del evento.Sin embargo, justo después de entrar, escuchó la voz de dos mujeres que entraron al baño. Ruby trató de ignorarlas, pero no pudo evitar escuchar la conversación.— ¿Has visto a la mujer que apareció con Sung-Hoon? —comentó una de ellas, con un tono de desdén. — No parece demasiado agraciada. No puedo creer que una persona así esté cerca de él. Es increíble.La otra mujer respondió, riendo ligeramente. —No creo que sea nada importante en su vida. Pero si así lo fuera, desafortunadamente ha escogido mal. Ni siquiera parece que venga de una familia importante.Ruby sintió que el aire se le escapaba de los pulmones. Las palabras de las mujeres la golpearon como un balde de agua fría. Se quedó en silencio, sintiendo cómo la in
Leandro irrumpió en la habitación de su madre, completamente enfurecido. Su rostro estaba rojo de ira, y sus ojos brillaban con una rabia apenas contenida.— Madre, ¿de verdad te vas a quedar de brazos cruzados y permitirás que Sung-Hoon continúe la presidencia de la compañía como si nada?Margarita, cansada de las constantes discusiones familiares, lo miró con frustración. —Leandro, sabes perfectamente que esta fue la decisión de tu padre. El testamento es claro: Sung-Hoon está a cargo de la compañía. No podemos oponernos a eso.—¡Pero mamá! —exclamó Leandro—. Mi padre seguramente no sabía lo que hacía. ¿Cómo puede dejar todo a un hijo que ni siquiera es de su sangre? Míriam y yo somos sus hijos verdaderos. Y tú, madre, debes estar de nuestro lado.Margarita respiró profundamente. —Amo a todos mis hijos por igual, independientemente de las circunstancias. No voy a ponerme del lado de nadie.La conversación tomó un giro más intenso cuando Leandro comenzó a cuestionar la relación de Su
La conversación con su tía Constanza se volvía cada vez más tensa. Ruby sentía cómo la presión aumentaba con cada palabra.— Este matrimonio ni siquiera es real. No voy a pedirle dinero a Sung-Hoon como si fuera mi deber. —declaró Ruby con firmeza.Su tía soltó una risa amarga. —¿Y crees que pensé siquiera una vez que es real? ¿quién te dijo que los cuentos de hadas existen? Una chica pobre como tú no puede tener tanta suerte. Ahora que estás casada con ese hombre, deberías aprovechar la situación y pedirle dinero.—¿Todavía crees que lo haré? Ni aunque me lo sigas pidiendo, tía. —Escucha bien, jovencita. Yo fui quien te sacó adelante después de la muerte de tus padres. Me he encargado de tu hermana y he tenido que lidiar con sus problemas. No puedo creer que así me estás pagando. ¿De verdad sigue siendo un problema el dinero cuando tu esposo es millonario?Ruby sintió que su paciencia llegaba al límite. —¿Por qué no me has cuestionado realmente el motivo de mi matrimonio con Sung-
Toda la familia de Dankworth estaba reunida en la sala principal, esperando la llegada del abogado. La noticia de la muerte de Richard Dankworth sacudió por completo la vida de todos ellos, ya que fue una muerte inesperada. Aunque Richard había estado un poco enfermo los últimos días, no se pensaba que eso lo llevaría realmente a la muerte; sin embargo, de un momento a otro, falleció. Una semana había pasado desde su deceso y ahora todos estaban allí, a la expectativa de la lectura del testamento, que generaba gran incertidumbre sobre lo que sucedería. Sin embargo, Míriam y Leandro, los hijos biológicos del difunto, estaban completamente seguros de que la herencia había sido dividida entre ellos. Estaban convencidos de que a su padre no se le había ocurrido jamás incluir a Sung-Hoon, su hermano solo por parte materna. Sung-Hoon Dankworth, el hijo ilegítimo, estaba sentado en una esquina, sintiendo la mirada de desprecio de sus hermanos. Para ellos, siempre había sido el intruso. É