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CAP 8 - Interrogatorio

El reloj marcaba las ocho de la noche cuando Alessandro estacionó su auto frente a la casa de Luna. Había insistido en llevarla hasta su puerta después de un largo día de trabajo, a pesar de las protestas de ella. Sabía que las miradas de su tía Rosa y sus primas Camila y Sofía estarían clavadas en cada movimiento que hiciera, pero Alessandro, con su habitual seguridad, no mostraba ni una pizca de incomodidad.

—No tenías que traerme —murmuró Luna, bajando la mirada mientras abría la puerta del auto.

—Ya te lo dije, Luna, no es negociable —replicó Alessandro con una sonrisa leve. Sus ojos se suavizaron por un instante antes de agregar—: Cuida lo que dices dentro, ¿de acuerdo? No es momento de levantar sospechas.

Luna asintió, aunque su estómago se retorcía de nervios. Sabía que su familia había estado sospechando desde que Alessandro había aparecido en su vida, y ahora que la había llevado a casa, las preguntas serían inevitables.

Al entrar, las miradas cargadas de Rosa, Camila y Sofía se posaron en ella. La sala estaba inusualmente silenciosa, como si hubieran estado esperando su llegada. Rosa, sentada con elegancia exagerada en el sillón principal, alzó una ceja.

—¡Vaya, vaya! ¿Te trajo Alessandro Moretti? —comentó Rosa con una mezcla de sorna y curiosidad apenas disimulada.

—Sí, él... él pasaba por la zona y me ofreció llevarme —respondía Luna, intentando sonar casual mientras se quitaba los zapatos, su tia Rosa notó el hecho de que hoy estaba vestida muy elegante para venir del trabajo. Camila, la mayor de las primas, se inclinó hacia adelante con los ojos entrecerrados.

—¿Pasaba por la zona? ¡Qué conveniente! Alessandro Moretti, uno de los hombres más ocupados y ricos, ¿de pronto tiene tiempo para traerte a casa? Luna, eso suena muy sospechoso. Sofía soltó una risita burlona, cruzándose de brazos. —¿No nos estarás ocultando algo, prima? Porque si es así, deberías decírnoslo. No queremos que metas a esta familia en problemas.

Luna sintió el calor subir a sus mejillas, pero respiró hondo antes de responder. —No estoy ocultando nada. Alessandro solo fue amable conmigo, nada más.

—Amable... —repitió Rosa, como si probara la palabra. Luego se inclinó hacia adelante, sus ojos brillando con algo que Luna no pudo identificar—. Pero dime algo, ¿por qué un hombre como él se tomaría tantas molestias por alguien como tú? No es por desmerecerte, querida, pero somos gente sencilla.

El comentario hizo que el corazón de Luna latiera con fuerza. Podía sentir las sospechas creciendo como una nube espesa en la habitación.

—No tengo idea —contestó finalmente, tratando de mantener la calma—. Tal vez solo es alguien que aprecia a sus empleados.

Camila y Sofía intercambiaron miradas incrédulas, pero antes de que pudieran decir algo más, Rosa se levantó del sillón con una sonrisa que no llegaba a sus ojos.

—Bueno, no importa. Si él te aprecia, eso podría ser bueno para todos nosotros. Ahora ve a cocinar que no hemos cenado por esperarte Luna

—Dejé comida hecha antes d eirme, pidieron cerdo en salsa de champiñones con ensalada y lo hice — respondió Luna un tanto enojada

— Pues no queremos eso, ahora queremos un bistec — la mirada de Luna se fijó en las mujeres — ¿No lo harás acaso? — cuestionó la tía con una sonrisa cínica 

— No tía, les cocinaré a ustedes las veces que deseen — respindió con una sonrisa falsa y fue a la cocina

Mientras lo hacía Rosa, la quedó viendo, en su nariz quedó el olor del perfume de Alexander, era el mismo que había usado hace dias que fue a la casa de ellas. Era obvio que algo estaba pasando entre ellos y si era lo que Rosa imaginaba eso las perjudicaría y no lo iba a permitir.

Luna no necesitó quedarse a verlas comer, tenia hambre y ya que ella habian desperdiciado la comida que ella había hecho primero, lo calento y se sirvió una buena porción. Subió las escaleras rápidamente, sintiendo el peso de las miradas de sus primas en su espalda. Al cerrar la puerta de su habitación, soltó un suspiro de alivio, aunque sabía que la paz sería temporal.

En el comedor, Rosa regresó a su lugar y miró a sus hijas con una expresión calculadora.

—No podemos permitir que esto se salga de control —dijo en voz baja, aunque con firmeza—. Alessandro Moretti no puede fijarse en Luna. Si eso ocurre, nuestra vida cambiará y no para bien.

Camila frunció el ceño. —Pero, mamá, si Luna se va, ¿quién hará todo el trabajo aquí?

Sofía asintió rápidamente. —Exacto. Tendríamos que hacerlo nosotras, y ya sabes que no tengo tiempo para eso.

Rosa las miró con severidad. —No se preocupen. Todo está bajo control.

Sin decir más, Rosa se levantó y se dirigió a su habitación. Cerró la puerta tras de sí, abrió un cajón del armario y sacó una caja vieja. Dentro estaban los documentos que había escondido por años: el testamento del padre de Luna, los papeles de la casa que le había dejado, el fideicomiso, el dinero y las acciones de las empresas. Todo había sido cuidadosamente ocultado para que Luna no supiera nada de su verdadera herencia.

Tomó el testamento y lo sostuvo en sus manos, recordando la última conversación que tuvo con el padre de Luna antes de su muerte.

—Rosa, ésta es mi última voluntad —había dicho él con voz grave, tendiéndole los documentos—. Si algo me pasa, quiero que cuides de Luna como si fuera tu propia hija. Prométemelo.

Rosa lo había mirado con una mezcla de tristeza y determinación. —Lo haré, José. Te lo prometo.

Pero incluso en ese momento, una pequeña parte de ella ya estaba planeando cómo usar esa situación a su favor.

De vuelta al presente, Rosa volvió a guardar los documentos y cerró la caja con fuerza. “No dejaré que descubras nada, Luna. Jamás permitiré que me arrebates todo lo que he construido”, pensó mientras una sonrisa fría aparecía en sus labios. 

Genemua

Hola a todos, he vuelto y espero que esta historia es este gustando. Actualizaremos diario para que puedan disfrutar cada dia. Les espero tambien en mis redes, para conocer los personajes. Nos leemos despues

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