Rescate.

Sebastián no sabía cómo ni por qué, pero ya se encontraba en el coche manejando a toda velocidad por las calles de Antioquia, mientras la lluvia golpeaba el parabrisas con una furia que parecía reflejar el tumulto de emociones que agitaban su interior.

El volante temblaba bajo sus manos sudorosas, y cada curva amenazaba con enviarlo fuera del asfalto, pero nada de eso importaba ahora.

Los pensamientos se atropellaban en su mente. La bocina de un camión lo sacó de su ensimismamiento, haciéndole esquivar por apenas centímetros una colisión frontal que habría terminado con todas sus posibilidades.

Iba a salvar a su esposa, porque después de lo que le hizo a Adolfo, esté era capaz de asesinar a Marina sin contemplación ni el más mínimo atisbo de misericordia.

La venganza había sido siempre el motor que impulsaba a Adolfo en la vida, incluso antes del incidente que los había enfrentado de manera irremediable.

Sebastián recordaba perfectamente la mirada fría y calculadora en los ojos de aqu
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