Advertencia.
Sebastián subió a la habitación haciendo sonar las suelas de sus zapatos con fuerza, como si cada pisada fuera un golpe contra el suelo que deseaba infligir a otro lugar.

El eco resonaba por el pasillo de aquella mansión. Los puños de Sebastián iban apretados, con los nudillos blancos por la presión, clara señal de que odiaba tener que compartir el mismo espacio con su familia.

La rabia amenazaba con explotar, como una tormenta que se avecina en el horizonte. El aire mismo parecía tensarse a su alrededor, como si la atmósfera respondiera a su estado de ánimo.

En realidad, esa no era su familia, nunca lo había sido realmente a pesar de compartir apellido.

¿Debía agradecer eso? ¿Era una bendición o una maldición?

Ya ni sabía qué agradecer. Si no tener un lazo sanguíneo con esas personas insoportables, o ser un maldito bastardo que ni siquiera sabía quién era su verdadero padre.

La incertidumbre de sus orígenes era como una herida abierta que jamás cicatrizaba. Cada vez que veía a los gem
Sigue leyendo en Buenovela
Escanea el código para descargar la APP

Capítulos relacionados

Último capítulo

Escanea el código para leer en la APP