Eduardo ya estaba empezando a tener curiosidad, sus dos amigos hablaban tan bien de Dahiana que sintió muchas ganas de verla.
Miro a Ramiro, quien es el prometido de su prima Claudia. —No me mires así, sabes que solo tengo ojos para tu prima Claudia, pero no puedo negar que esa mujer es realmente hermosa —se defendió Ramiro. —Ramiro tiene razón, la señorita Pineda no solamente es inteligente y muy talentosa, sino que es muy hermosa —agregó Pablo. Eduardo negó con la cabeza y volvió a lo que estaba haciendo. Listo para bajar a la firma de contrato, se aplicó un poco de perfume. —Estamos listos—dijo Pablo. —Ustedes también vendrán—preguntó Eduardo. —Por supuesto, no me perdería la oportunidad de volver a ver a tan hermosa mujer —dijo Pablo con una amplia sonrisa en su rostro. Eduardo volvió a negar con la cabeza y se dirigió a la puerta en donde Javier lo esperaba con el contrato en la mano. —Señor Triana, buenos días —lo saludó el hombre. —Buenos días, Javier —respondió—. Todo listo. —Sí, señor, pero ha surgido algo que debe ser atendido por usted de inmediato —le contó Javier serio. Eduardo suspiró, nunca tenía tranquilidad, él moría por ver a Dahiana, ya que sus amigos habían despertado la curiosidad en él, pero al parecer eso debía esperar. —¿Qué es?—preguntó. —Nos están demandando por uso de material en mal estado en la construcción del complejo en Miami —le dijo el hombre entregando una carpeta con algunos documentos—. El supervisor requiere de su presentación de inmediato. —Maldita sea, esto atrasaría la construcción por lo menos unos cinco meses—dijo Eduardo. —¿Qué hacemos?—preguntó Pablo. —Ustedes vayan a la firma de contrato —dijo Eduardo tomando el otro documento y lo firmó—. Pídanle disculpas de mi parte a la señorita Pineda y díganle que estoy encantado con su propuesta, yo salgo de inmediato para Miami. Pablo y Ramiro asintieron antes de tomar el contrato. Eduardo, por su parte, ingresó de nuevo a la habitación y alistó su equipaje. Se sentía molesto, puesto que su otro proyecto se atrasaría, y además perdería algunos millones. ** Dahiana. Bajé al lobby a esperar al señor Triana, estaba nerviosa, pero feliz. Miré mi reloj en mi muñeca y vi que ya casi era hora. Llené de aire mis pulmones para tranquilizarme. Voltee a ver al elevado cuando escuché el sonido que indicaba que alguien había bajado. Pensé que se podía tratar del señor Triana y sus acompañantes. Pero el que salió de ahí fue ese hombre que me dejó sin aliento anoche y no habló del disco, sino el que había bajado conmigo en el elevador. Esta vez llevaba un impecable traje en un tono gris, su cabello lucía húmedo y muy bien peinado. Nos les mintió cuando les digo que sentí mis piernas temblar y mi vientre contraerse. De verdad que era muy apuesto. Sentí mis mejillas ruborizarse cuando su mirada se encontró con la mía. La verdad me sentí intimidada y desvié la mirada. Él pasó solo unos pasos de mí deleitándome con su perfume que me trajo recuerdo de lo ocurrido en la disco. Me quedé perdida en mis pensamientos hasta que la voz del señor Javier me trajo de vuelta a mis sentidos. —Buenos días, señorita Pineda —me saludó. —Buenos días —les respondí. —Espero que no haya esperado mucho —habló el llamado Pablo. —Para nada—le contesté. —Bueno, en ese caso, vayamos y desayunemos. Lastimosamente, Eduardo no nos acompañará el día de hoy, pero el contrato ha sido firmado por él —agregó el llamado Ramiro—. Le pide disculpa y queda atento por si desea hacer algún cambio en el contrato. Me sentí un poco decepcionada, pues quería conocer al hombre que todos hablan, el monstruo de los negocios. —Entiendo, no hay problema—dije. Todos nos dirigimos al restaurante del hotel, la firma fue todo un éxito, el contrato estaba impecablemente redactado y todos los acuerdos eran justos, así que después de estampar mi firma, me despedí y volví a mi habitación. Debía alistarme para tomar un vuelo que me llevara de vuelta a San Francisco, tenía mucho trabajo por delante,,, así que no debía perder tiempo. ** Del aeropuerto Dahiana se dirigió directo a la constructora. Al ingresar, fue recibida por todos con globos, entre risas y abrazos. —Debemos hacer un brindis—dijo José. Todos tomaron sus copas y las alzaron, llenos de emoción. —Por el éxito que nos espera—gritó José. —Salud—respondieron todos. Todos estuvieron hasta cerca de medianoche, mientras tomaban una botella de vino, discutían sobre cómo serían las cosas. Después todos se fueron a sus casas, pues debían alistarse para lo que sería la mudanza. Ya que la gran mayoría se iría para poder cumplir con el gran proyecto. ** Miami. Eduardo llegó después de algunas horas de vuelo; su humor no era nada bueno. Y todo su humor empeoró al ver que toda la obra estaba detenida. —¿Se puede saber qué es lo que está ocurriendo?—preguntó. Él se encontraba sentado en la punta de la mesa que se encontraba en una carpa en la obra. Todos sus empleados se encontraban presentes. —Señor, esta mañana llegaron los de auditoría y, según lo que informaron, encontraron que los materiales son de baja calidad, por lo que nos prohibieron seguir con nuestro trabajo —dijo Rodrigo, supervisor de la obra—. Además, han instaurado una demanda. —Bien, quiero todos los documentos de inmediato, yo me encargaré, por el momento, todos vayan a descansar —todos asintieron. Mientras, el supervisor le entregó la carpeta con toda la documentación, antes de marcharse. Después de darle una hojeada, pudo evidenciar que el proveedor había sido cambiado y no había sido notificado. —Maldita seas, Camilo—susurró apretando los documentos. Eduardo tomó su teléfono y marcó el número de Camilo. Pero la llamada no fue contestada. Camilo era su cuñado, un bueno para nada que no hacía más que traerle problemas. Había aceptado darle trabajo porque su amada novia le había suplicado que le ayudara, pero ya no aguantaba más la mala actitud e irresponsabilidad del hombre. Suspiro y trató de calmarse, ya tendría tiempo para solucionar ese asunto.Eduardo trató de calmarse, lo mejor sería solucionar el problema, luego rendiría cuenta con su cuñado.Estuvo varias horas revisando documentos y haciendo llamadas, hasta que, cerca de la medianoche, logró poner todo en orden.Ya era tarde para volver, por lo que decidió buscar un hotel en donde quedarse esa noche.Se sentía muy agotado, solo deseaba tomar una ducha y acostarse a dormir.**Dahiana.Los siguientes días estuvimos muy ocupados. Mientras José se encargaba de todo lo que tenía que ver con nuestra mudanza, yo agilicé los permisos para iniciar con la construcción.Así pasaron cinco días y el día de nuestro viaje llegó.Mis padres estuvieron muy nostálgicos, aún no habíamos tratado el tema de Luis, pero sé que él era tranquilo, los tenía a ellos tranquilos.Serían pocas horas de distancia, pero les prometí mantenerme en comunicación con ellos.—Por favor, atiende cada una de mis llamadas —me pidió mi mamá.—Claro, madre, así que, por favor, deja de preocuparte por mí —le dij
El lugar era espectacular, había de todo; rápidamente ubicó el lugar perfecto para hacer sus compras. Dahiana estaba realmente encantada con la estructura y arquitectura del sitio.Caminó como no se lo imaginaba, hasta que encontró una hermosa cafetería y decidió hacer una pausa y descansar.Dahiana estaba tomando una deliciosa taza de café, cuando fue interrumpida.—¿Primera vez aquí? —escuchó.Su cuerpo se tensó, la voz tenía algo de similitud a la del hombre de aquella noche, así que a su mente llegó lo ocurrido en aquella disco. De verdad que tenía la esperanza de voltear y que se tratara del mismo hombre del que no conocía su rostro.Pero no fue así, un señor de unos sesenta años estaba parado justo a un costado de la mesa.—Los siento, no quise incomodar—dijo el señor.—Para nada, no se preocupe —le contestó apenada—, al parecer el hombre vio su cara de decepción—. Sí, soy nueva en la ciudad, me acabo de mudar.—Eso es una excelente noticia. San Diego es un lugar tranquilo, perf
La siguiente semana, Dahiana trabajó como loca, se sentía mejor, así que dio todo para avanzar lo más que podía en el proyecto.Lo bueno era que tener tanto trabajo le mantenía la mente ocupada y así no pensaba en Luis. Aunque de vez en cuando, revisaba sus redes sociales para saber de su vida, claro que eso no es algo que le hiciera bien, pero para ella era inevitable no hacerlo.**Eduardo.Estuve una maldita semana solucionando el desastre que ocasionó el imbécil de Camilo.Por suerte, la construcción se retomó, cosa que bajó un poco el estrés que tenía. Cuando volvía a San Diego, me sorprendí al ver lo eficientes que eran los encargados de la construcción de los nuevos hoteles.En una sola semana había avanzado tanto que creo que estará todo listo para cuando yo había planeado. Eso era realmente bueno.Quería relajarme después de una semana estresante, llegué a la habitación del hotel en donde llevó viviendo cerca de un año. Sonreí al abrir la puerta y encontrarme con Laura.Laura
Dahiana. Parecía una gallina caminada de un lado al otro; estaba decidida, hasta que tuve el teléfono en mis manos. —Eres una mujer soltera, libre de hacer lo que quiera—me dije a mí misma, tratando de llevarme de valor. Tome aire antes de encender el teléfono, me mordí las uñas en lo que esperaba que este encendiera. No sabía que quería conseguir al hacer esto, quizás era una manera extrema de escapar del sufrimiento, pero de algo debía servir. Todos debemos vivir experiencias, me decía mentalmente tratando de justificar lo que estaba haciendo. Volví a llenar de aire mis pulmones, mientras revisaba el aparato, en él no había nada más que un número de teléfono registrado bajo el nombre de Hades. Ya no había tiempo de dudar, así que envié un hola y me acosté a la espera de una respuesta. No sé en qué momento me venció el sueño, cerca de las diez de la mañana me despertó la fuerte música que los chicos habían puesto, suspiré, sabía que habían iniciado con la limpieza, a
Eduardo.Una sonrisa se formó en mi rostro al ver el mensaje. Rápidamente, llamé a uno de mis hombres para que organizara algo extraordinario. Una vez estuvo todo listo, le envié la información a la que sería mi presa esta noche.Tomé una ducha, me alisté y salí para el museo de arte de San Diego. Debo de aceptar que Aarón es excelente escogiendo los lugares para mis encuentros. Cada día me sorprenden sus ocurrencias, se nota que me conoce más que a nadie. Al llegar al museo, ya todo estaba en su lugar, las luces y cámaras estaban apagadas.Yo me despojé de mi abrigo y me senté a la espera de quién sería mi acompañante.—Señor, ella está aquí —me avisó Aarón.De inmediato tomé el otro teléfono y le envié un mensaje indicando que debía poner su máscara. Me sentía un poco ansioso, llevaba semanas sin tener este tipo de encuentro y ya sentía que me hacía falta.El silencio del sitio fue interrumpido por el sonido de unos tacones. Sus pasos eran firmes, eso hizo que mi hombría despertara.
Dahiana.No tenía ni idea de lo que estaba haciendo, pero trataba de mantener la tranquilidad, aun con mi nerviosismo. No podía negar que estaba disfrutando lo que estaba haciendo.Sentir su intensa mirada en mí, mientras subía y baja siendo pen*** con ese vibrador, me hacía enloquecer.Sabía algo del tema por algunos libros y mangas que había leído hacía algunos años. No era nada experta en el asunto, así que traté de replicar lo que había leído en aquella novela.Un orgasmo se aproximó, pero, a decir verdad, deseaba que fuera él quien entrara en mí.—Hades—susurró.—Desátame—pidió con los dientes apretados.Escuchar su demandante voz hizo que mi orgasmo llegara, me retorcí en sus piernas. Un poco agitada, recosté mi cuerpo en él.Podía sentir su corazón palpitar a mil; aparte de eso, era evidente que su miembro estaba por explotar. No sabía si seguir torturando o pasar al siguiente paso.Una idea llegó a mi mente, así que me levanté de sus piernas y me acerqué a sus manos para solta
Eduardo.No tenía ni idea de lo que estaba haciendo o por qué lo estaba haciendo.Lo cierto era que ahí estaba yo, parado embelesado, viendo el majestuoso cuerpo de esta desconocida.Abrí la puerta de la ducha con mucho cuidado, estaba deseoso y mi amigo estaba nuevamente despierto. Ella estaba pensando, no sé en qué, ya que no me sintió ingresar.—No te voltees —le ordené.Ella se tensó y yo pegué mi cuerpo a ella, llevé mi mano a sus pechos y los acaricié dándole pequeños apretones. Eran grandes y firmes.—Ah—gimoteó.Vaya que escucharla gemir, me encantaba, era como escuchar una de esas melodías que transportan.Mi nariz tocó el cuello, lo sintiendo su aroma que se había quedado grabado en mi mente.Tenía la intensa necesidad de entrar en ella, que su interior me envolviera.No sabía qué iba a conseguir con esto, pero lo necesitaba desesperadamente.Lleve una de mis manos a su cuello y la incliné para poder tener acceso a su intimidad. Tomé mi miembro y lo pasé por su entrada y ell
Dahiana.No pude conciliar el sueño en toda la noche, pues cada vez que lo intentaba, recuerdos vividos de lo que había hecho hacía algunas horas llegaban a mi mente.Era extraño que mi cuerpo reaccionara a un recuerdo, podía sentir cómo mi feminidad se humedecía al pensar en las manos de ese desconocido recorrer mi cuerpo. Cerca de las seis de la mañana me puse de pie, tomé una larga ducha de agua fría, tratando una vez más de aclarar mi mente.Al salir de la noche me alisté para lo que sería mi día. En cima del sillón vi el conjunto deportivo, lo tomé y lo guardé en uno de los cajones de mi closet. Quizás lo mejor sería botarlo y olvidad todo.Una vez que estuve lista, bajé y preparé el desayuno, luego salí de casa. Necesitaba ocupar mi mente en otra cosa, de lo contrario perdería la cabeza.Era domingo, por lo que las calles de Londres estaban llenas. Al parecer, no era la única que buscaba distracción. Después de deambular un largo rato, llegué a la cafetería que había visitado e