Dahiana.No pude conciliar el sueño en toda la noche, pues cada vez que lo intentaba, recuerdos vividos de lo que había hecho hacía algunas horas llegaban a mi mente.Era extraño que mi cuerpo reaccionara a un recuerdo, podía sentir cómo mi feminidad se humedecía al pensar en las manos de ese desconocido recorrer mi cuerpo. Cerca de las seis de la mañana me puse de pie, tomé una larga ducha de agua fría, tratando una vez más de aclarar mi mente.Al salir de la noche me alisté para lo que sería mi día. En cima del sillón vi el conjunto deportivo, lo tomé y lo guardé en uno de los cajones de mi closet. Quizás lo mejor sería botarlo y olvidad todo.Una vez que estuve lista, bajé y preparé el desayuno, luego salí de casa. Necesitaba ocupar mi mente en otra cosa, de lo contrario perdería la cabeza.Era domingo, por lo que las calles de Londres estaban llenas. Al parecer, no era la única que buscaba distracción. Después de deambular un largo rato, llegué a la cafetería que había visitado e
Dahiana desvió su mirada y trató de concentrarse en la conversación que tenía con Mercedes, pero por más que lo intentara, la intensa mirada de Eduardo no la dejaba.**Eduardo.Tenía una terrible jaqueca, había dormido hasta casi el mediodía.Mi estómago era un completo desastre, tanto que no había probado un bocado. Cerca de las seis de la tarde decidí ir a ver a mis padres. Conozco a mi madre y sé que si no iba, estaría muy enojada.Al llegar, ella se encontraba con alguien en una de las mesas del café y papá estaba en la caja.Mamá, al verme, se levantó y se acercó a recibirme. No presté mucha atención a la persona con la que mamá se encontraba conversando. Por un momento me sentí observado, busqué con la mirada, pero no vi a nadie, así que dirigí mi atención a mi madre nuevamente.Hablé con mi madre un par de palabras, luego me senté en una de las mesas, ya que me exigió que debía comer. Como buen hijo, eso hice, pero mi atención fue atrapada por la hermosa mujer que se encontra
Dahiana.Salí prácticamente corriendo del café; me había dejado intimidar por ese apuesto hombre. Pero eso no era lo que más me causaba curiosidad, sino el hecho de que se tratara del mismo hombre del hotel. Era la tercera vez que lo veía y resultó ser el hijo de los dueños del café.Llegué a casa a las siete de la noche y los chicos se encontraban sentados en la mesa cenando.— ¡Oh!, chica, donde has estado —me dijo Maikel, cuando me vio entrar.— Salí a conocer un poco —les dije sentándome en la mesa.José se levantó, fue a la cocina y volvió con un plato para mí.—Mañana será un día pesado, comamos y vayamos a descansar —dijo José sirviendo pasta para mí.Todos asentimos, después de comer nos dirigimos a nuestras respectivas habitaciones.Me sentía agotada, pero no hablo de mi estado físico, sino de mi estado mental.Debía tratar de relajarme y no pensar en nada, pero por más que lo intentaba, ese sujeto se apoderaba de mente.Ya un poco molesta, me dirigía al baño y alisté la tina
Eduardo.La cena con Laura fue tranquila como todas las que tenemos, normalmente cada que salimos terminamos en la cama, pero para serles sincero no me apetecía.Y eso me hacía sentir aún peor, ella no merecía nada de lo que le estaba haciendo, así que debía ponerle fin a mi vida secreta y centrarme en hacerla feliz.Ese pensamiento no me duró mucho, pues aquel teléfono sonó, avisando que Iris deseaba verme. Me detuve por un momento a un costado de la vía y le escribí a Aarón para que organizara todo, él no tardó mucho en enviarme la dirección del lugar el cual reenvié a Iris.—¿Ocurre algo?—preguntó Laura, la verdad había olvidado por un momento que ella estaba a mi lado.No la miré, pues sentía vergüenza de verla a la cara cuando estaba muriendo por dentro, de estar con otra.—No es nada, es solo que todo el tema de la construcción de los nuevos hoteles me tiene un poco agotado—mentí.—Porque no vamos a casa y así te relajas un rato—me dijo.Apreté mis manos contra el volante, sabía
Dahiana.Era la tercera vez que veía a este hombre, y ya había hecho de mi vida un lío. Mis pensamientos estaban centrados en él y qué decir de mis más bajos deseos. No sé si era por lo recientemente ocurrido con Luis, ¿quizás estaba frágil emocionalmente? Fuera cual fuera la razón, estaba teniendo un extraño sentimiento hacia este sujeto.Eso era una clara señal que debía parar, eso era lo que mi razón me decía, pero algo más poderoso me gritaba que no parara. —Iris—dijo en un susurro que solo yo podía escuchar.Su miembro embestía mi boca una y otra vez; era una completa locura, lo que este extraño causaba en mí, el poder que tenía para transportarme a un mundo en donde solo existíamos él y yo.Desde la última vez que lo vi, logró que prácticamente olvidara lo ocurrido con Luis, haciendo que su traición pasará a ser algo insignificante.Sus grandes manos sujetaron mi cabello para guiarme, unos movimientos más y se desbordó en mi boca.Me dolía la mandíbula, pero no me importaba, d
**Eduardo.¿Qué había pasado? La verdad era que no lo sabía, todo había empezado como de costumbre, sería un costón más, una más en mi lista, pero no sé en qué momento todo cambió.Esa mujer había llegado a mi vida para revolverla, mi mente estaba centrada en ella.Me moría por besarla, juro que deseaba hacerlo, pero algo me obligó a rechazarla y era el hecho que a mi mente llegó Laura en ese momento.Estaba mal, todo estaba mal. Laura no merecía nada de lo que le estaba haciendo e Iris menos.No era más que un cobarde, amaba a Laura, pero la engañaba.De eso trataba de convencerme, mientras veía la silueta de Iris desaparecer con la distancia. Algo en mí me decía que esa sería la última vez que la vería, que debía detenerla.Tomé mi teléfono y marqué el número de Aarón.—¿Se ha ido?—pregunté.—Sí, señor—respondió.Algo en mi interior se estrujó. ¿Qué pasaba conmigo?, ¿Qué era este extraño sentimiento?—Síguela—le ordené.¿Por qué lo había hecho? No lo sabía, lo cierto era que empecé
Dahiana estuvo gran parte del día encerrada en aquel cuarto de hotel, desesperadamente trataba de organizar sus pensamientos y buscarle una explicación a los sentimientos que la embargaba.Cerca de las tres de la tarde volvió a su casa, la cual se encontraba totalmente sola.Sabía que todos se encontraban en la obra, ya que temprano en la mañana le informó a José que no podría ir, que se encontraba un poco indispuesta.**Dahiana.Siempre he sido una adicta al trabajo, colocándolo por encima de mi salud.Pero esta vez no me sentía capaz de concentrarme, así que preferí dejar todo en manos de José.Una vez que volví a casa, me senté en mi cama con aquel teléfono en la mano; lo había apagado en el momento en que abandoné ese lugar. Debía desaparecer ese aparato, pero no fui capaz. A decir verdad, no quería dejar atrás lo vivido, es más, deseaba volver a estar en los brazos de aquel desconocido, que me había hecho sentir diferente.¿Loca?, quizás, aún estaba tratando de descifrar lo que
Para todos, la actitud de Laura, había sido extraña, pero en ese momento prefirieron no decir nada, solo se quedaron en silencio observándola.Esa incomodidad que se había hecho presente fue notada por José, quien se acercó para sacar a su amiga de esa situación.—Buenas noches, señor Triana, qué gusto volver a verlo—dijo José.—Señor Hernández, qué gusto —dijo Eduardo estrechando la mano de José—. Le presento a mi familia.Eduardo presentó a cada uno, incluyendo a Laura.—Espero que se diviertan —dijo Mercedes.—Gracias —contestaron Dahiana y José.José tomó la mano de Dahiana y la alejó, de todos ellos.**Dahiana.El lugar era espectacular, el diseño era exquisito, estaba encantada viendo todo a mi paso.Mientras caminábamos al salón en donde se llevaría a cabo el evento, José y yo hablamos sobre el diseño de los hoteles.Cuando llegamos a la entrada, me sorprendí al ver a la señora Mercedes, pero el que ella estuviera ahí no era lo sorprendente, sino el que ella fuera la madre del