LORIEN
Desde que tengo memoria, nunca he sido la dueña de mi voluntad. A nadie le importa lo que me gusta o detesto, si deseo hacer algo o no. Sentada en una esquina oscura de este asfixiante y asqueroso granero, herida y hambrienta, intento sobrevivir como el resto de los condenados. Mi nombre es Lorien, a secas. Los esclavos no tenemos derecho a nada más. Vivía en la manada "Lago de Oro" y servía como Omega a una anciana loba hasta que el saqueo tocó nuestras puertas. Fuimos conquistados brutalmente por una manada más poderosa, "Lobos Rojos", y aquí estaba... Solo había cambiado de amos. —¡¿No rogaste porque perdonáramos la vida de tu mugrosa abuela?! —los rugidos enojados resonaron en la entrada del ruinoso granero. —¡Ve y haz bien tu trabajo o sus viejos huesos serán los primeros en ser comida de bestias! Un guerrero le gritaba a un niño harapiento, que asentía con la cabeza baja antes de correr a examinar a los esclavos. Nos tenían apresados, sujetos y encadenados a las mohosas paredes de madera, arrojados sobre el sucio suelo de paja como animales. El tufo intenso del sudor, la orina, el miedo y la desesperación impregnaban el aire. —¡No, no, suelten a mi hermana, suéltenla! —los gritos desesperados rasgaron los sollozos silenciosos. Se llevaban a una de las mujeres esclavas mientras otra pataleaba suplicando. Pronto fue sometida por un guardia; el látigo resonó sobre su espalda, haciéndonos temblar a todos. Ambas fueron separadas. —¡Preocúpate por ti! ¡Ella va a servir a un noble, y tú, por fea, quizás termines como comida de bestias! —rugió el guardia, escupiendo a un lado. Nos estaban clasificando. Las hembras más hermosas se irían a la cama de los lobos adinerados, los heridos serían alimento para las bestias y el resto… no sabíamos cuál sería nuestro destino. Bajo el flequillo de mi cabello caoba y rubio, observé al niño acercarse. Le habían dado una tarea cruel: marcar a los heridos graves para morir. Me acurruqué más en mi esquina, buscando que las sombras me escondieran. Con manos temblorosas, intenté acomodarme la falda raída del vestido para tapar la herida abierta en mi muslo derecho. Siseé por el dolor punzante, sudando a raudales. Era profunda y tenía mal aspecto. Me la hice al intentar escapar, pero fui capturada y arrastrada de vuelta por uno de los guerreros. Los pasos hicieron eco en mis oídos. Bajé más la cabeza, sin embargo, la sombra oscura se proyectó sobre mi cuerpo. Mis orbes erráticos enfocaron sus zapatos desgastados. El pánico se apoderó de mí cuando sentí que se agachaba a revisarme Intenté encogerme, esconder mi herida, pero su pequeña mano apartó la tela acartonada en sangre seca. —No, por favor, te lo ruego… estoy bien, puedo caminar —supliqué en voz baja, levantando la mirada con los ojos rojos y un nudo apretándome la garganta. Mis pupilas se cruzaron con las suyas, oscuras y profundas, que sobresalían en su rostro demacrado y desnutrido. Apenas era un cachorro, tal vez de diez años. —¡Oye! ¡¿Qué tanto te demoras ahí?! —un rugido nos sobresaltó. El niño se levantó de inmediato, nervioso y mi alma colgaba de un hilo esperando su veredicto. —Na… nada, mi señor. Esta esclava está bien —respondió con voz baja y continuó su labor. Suspiré aliviada, agradecida con él. Me sentí a salvo, sin embargo, el peligro aún no había pasado. —¡No, no! ¿Por qué me señalas? ¡Es solo un brazo roto, pero me funciona el otro! —uno de los prisioneros comenzó a vociferar. —Lo lamento… — el cachorro murmuró y siguió hacia el fondo del granero. —¡NO, NO, MALDIT4 SEA! —el hombre rugió con más ganas cuando vinieron a por él— ¡SI ME MARCAS A MÍ, TAMBIÉN HAZLO CON ELLA! Me congelé. Su rostro vicioso se giró hacia mí y, con la única mano que le funcionaba, ¡me señaló!, atrayendo la atención de los guardias. —¡VI QUE TENÍA UNA PIERNA LISIADA Y ESE CHICO NO LA ESCOGIÓ! ¡ALGO LE SUSURRÓ, YO LO VI! ¡CONSPIRACIÓN, CONSPIRACIÓN! Negué vehemente, queriendo que se callara de una maldit4 vez. —¡Déjame ver de qué hablas! —escuché los pasos retumbantes de un guerrero acercándose. El tipo que me delató ya era arrastrado, y pronto me tocaría a mí. No me moví. El corazón me bombeaba tan fuerte que pensé que todos podrían escucharlo. Tan cerca... dos metros, un metro… Mi mente buscaba una salida: ¿correr? ¿abalanzarme a su yugular como una loca? —¡Muéstrame la maldit4 piern…! —¡SEÑOR! —un alarido en la entrada lo interrumpió. Otro guerrero entró corriendo. —¿Qué sucede? ¿Ya llegaron los nobles? - se giró a interrogarlo. —No… ¡es peor! —respondió con urgencia y se acercó a susurrarle algo. Estaba tan cerca que pude escucharlo. "Nos llegó un reporte de los vigías: el príncipe guerrero se unió a la comitiva de nobles" —¿¡Qué!? —rugió, estremeciendo las viejas tablas—. ¡Joder, el Alfa nos va a despellejar si no limpiamos esto rápido! Miró alrededor, repentinamente inquieto. —Sí, sí. Por eso me envió el Alfa. Sabes que al príncipe Damon no le gusta que traten así a los esclavos… —bajó la voz— menos que los usen de alimento para las bestias. El príncipe lycan guerrero. Había escuchado hablar de él. Todos le temían por ser despiadado y fiero en la lucha. Damon De Wynter, uno de los tres príncipes de la realeza. Un lycan de nacimiento, en la cumbre de la jerarquía de los hombres lobo. Jamás lo había visto, pero su llegada inesperada me acababa de salvar la vida. ***** Si antes todo iba deprisa, con esta noticia se revolucionó aún más. Nos sacaron del ruinoso depósito y nos hicieron caminar por un sendero en el bosque. El atardecer caía sobre nuestras cabezas. Arrastré mi pierna, disimulando el dolor que me entumecía el alma. No podía retrasar la fila. —Qué bueno que trajiste más esclavos, ¡ya comenzó el evento! Los murmullos al frente me hicieron alzar la vista. Bajo el sol, descubrí una imponente construcción de piedra que se erguía en medio del claro. Un coliseo de altos muros. Dentro de él, se escuchaban los vítores del público y el rugido de una bestia. La manada Lobos Rojos era famosa por este espectáculo, donde sus guerreros luchaban por la gloria. Porque en el Reino de Lykania, el reino de los lobos, la fuerza y el poder lo eran todo. Nos hicieron entrar por un pasillo lateral y bajar por estrechas escaleras hasta lo que parecían mazmorras. En medio del ambiente opresivo, veía a fuertes y poderosos guerreros lobo colocándose armaduras de cuero y tomando armas peligrosas. Cada vez que el cuerno sonaba en el exterior, estremeciendo estas paredes, se escuchaba el rugido de alguna bestia y luego los gritos emocionados del público. Bajo el sonar del látigo, un grupo de nosotros fue enviado a una prisión, sumida en penumbras, casi ocupada por completo con una enorme jaula. —Diosa, por favor, apiádate de nosotros —el esclavo que caminaba delante de mí comenzó a sollozar y supe el porqué en cuanto vi al animal más allá de los barrotes.LORIEN Era un Vehemoth de la Noche, enfurecido, dando vueltas mientras rugía. Una bestia del Bosque Oscuro, un sitio prohibido dentro del reino, infectado por brujas y seres tenebrosos. Su cuerpo robusto de cuatro metros de altura, casi siete de largo, pelaje negro tupido, un intimidante cráneo con cuernos. La larga cola puntiaguda se agitaba a su espalda como un cuchillo en el aire y abanicaba las poderosas alas huesudas y agujereadas. —¡Agarren las sogas y a mi señal tiren con fuerza! —nos ordenaron. Miré la soga atada al enorme travesaño de madera y hierro, que hacía de pestillo para la puerta descomunal. La envolví en mis manos y, a la señal, comenzamos a halar con todas nuestras fuerzas. Era pesado, demasiado pesado, y el mecanismo apenas se movía. —¡Tiren más fuerte, maldit4 sea! ¡CHAS, CHAS, CHAS! El látigo llovía, los resoplidos de esfuerzo, los pies arrastrándose para afianzarse, levantando polvo, rechinando los dientes, dejándonos el pellejo de las manos
LORIEN El pesado cuerpo de la bestia cayó inerte sobre el suelo, y vi rodar la cabeza de la Serpiente Aulladora. Ahora sí que estaba más que muerta, pero aun así me arrastré hacia atrás para alejarme, gateando sobre mi trasero. El tiempo pareció detenerse cuando ese lobo se giró a mirarme fijamente, tan intenso y despiadado. Sus pupilas rojas se estrecharon. Paso a paso, se acercaba. El líquido carmesí aún goteaba de sus fauces mortales. Cerré los ojos, temblando, cuando su enorme cabeza se inclinó sobre la mía. "No me asesines, por favor… no me asesines…" le supliqué en mi mente. El botón oscuro de su nariz se hundió en el hueco de mi cuello, justo donde mi arteria latía frenética, a punto de reventar. Lo sentí aspirando, resopló con molestia, obligándome a exponer más mi cuello. Mi debilidad. Y lo hice… giré la cabeza a un lado, mientras su pelaje me hacía cosquillas en la piel. Mis oídos solo captaban sus profundas respiraciones. La algarabía a nuestro alrededor s
LORIENLa chica me lanzó una mirada despectiva de arriba abajo. Me arrepentí de inmediato.—Eres tonta. ¿Cómo se te ocurre que el príncipe se bañaría en este cuchitril? ¡Vamos!Los mozos salieron tras ella, riéndose de mi ignorancia. Ya estaba más que acostumbrada al desprecio. Miré la tina de madera frunciendo el ceño. El vapor ascendía en volutas tentadoras, impregnando el aire con un aroma delicioso a sales de baño."¿Esto es para mí?"Cerré la puerta, aún incrédula. Con temor a equivocarme. Incluso habían puesto un jabón de tocador.Me desvestí, dejando caer sobre las baldosas mi vestido destrozado y retiré la cinta roja de satín enredada en mi pecho.Jamás me deshacía de ella. Era un regalo de mi madre.Siseé de dolor al tocar la herida en mi muslo. La envolví con un trozo de tela limpio para no lastimarme por las altas temperaturas.Con el corazón aún lleno de dudas, pasé una pierna sobre el borde de la tina y me sumergí en la deliciosa agua.—Mmmm… —gemí de placer. Mis poros s
LORIENMis gemidos se fundieron con sus gruñidos excitados. El aroma de su colonia se concentraba más intenso en el aire.Su musculoso cuerpo comenzó a empujarme por la habitación hasta pegar mi espalda a la pared y cubrirme con su dominación.No paraba de darse un festín con mis pechos, los sonidos eróticos vibrando en su garganta me hacían enrojecer.Experimentaba tantas nuevas sensaciones… Mis temores se mezclaban con un morboso deseo de que no se detuviera.Su abultada erección se meneaba contra mi cadera. Se había desatado los primeros botones del pantalón, mostrando una indecente porción de la pelvis tatuada.Su mano volvió a hundirse entre mis piernas. Mis muslos se abrieron un poco, recordando las sensaciones de sus caricias.—Aaahh… —gemí contra su cabello, apretando mis manos en puños sobre la pared cuando un dedo curioso penetró la pequeña hendidura.Entraba con fluidez, adentro y afuera. La palma callosa de su mano estimulaba ese botón que me tenía moviendo la pelvis hacia
LORIENNo importaba cuán rápido o poderoso fuera. Ellos… por salvarme… recibieron el impacto directo de esas llamas que devoraban todo a su paso.Solo pude correr, con las lágrimas rodando por mis mejillas, en medio del caos y el terror de este incendio tan extraño.¿Quiénes nos invadían? ¿Dónde estaban los guerreros enemigos?A través de la cortina de humo, solo veía a los propios miembros de esta manada consumiéndose por el fuego.Del cielo llovía el ataque infernal.Buscaba desesperada un refugio. Pensé en el bosque, así que tracé una vía. Las personas, en su afán de salvarse, te pasaban por encima si era necesario.Una escuálida Omega como yo casi pereció muchas veces y lo peor fue que, cuando llegué con sacrificio a los lindes del bosque, tampoco vi una salida.Los árboles ardían como antorchas. Estábamos atrapados en un círculo de la muerte.—¡Aahahh! —grité cuando un lobo pasó por mi lado, arrojándome brutalmente al suelo sobre unos cadáveres.Aún el humo salía de ellos. Me hor
LORIEN —Hija, Soren me dijo que le salvaste la vida. Esta vieja loba… te está muy agradecida —tomó mis manos entre las suyas rugosas. —Mi nombre es Hilda, ¿cómo te llamas? Sus ojos oscuros, idénticos a los del niño, me observaron con gentileza. Se veía demacrada. Su vida se apagaba a cada segundo. — Me llamo Lorien… Yo… hice lo que cualquiera haría. Él también me salvó. Miré al cachorro, dándole una pequeña sonrisa para animarlo. —Debemos mantenernos fuertes. La Diosa tendrá misericordia de nosotros —ella agregó esas palabras de aliento. Yo no estaba muy segura. Me senté, apoyando la espalda contra la fría pared y abrazando mis piernas, mientras escuchaba la algarabía de la celda. Los esclavos, al comprender que sus amos posiblemente murieron, enloquecieron. Intentaban romper los grilletes a la fuerza con algunos pedruscos. La Sra. Hilda no tenía ninguno, quizás porque no representaba un peligro. —¿Eres esclava de nacimiento?—su pregunta me tomó un poco desprevenida
LORIENHilda me gritó y nos abalanzamos sobre la pequeña barca que transportaba suministros de un lado al otro del río.El hecho de que Soren le hiciera recados a los guerreros, había servido para conocer de su existencia.Corté la soga con la daga, justo a tiempo para ser arrastrados por el empuje de las aguas.—¡Los remos, ayúdenme con los remos! —les grité con la adrenalina corriendo por mis venas.Ellos remando de un lado y yo del otro, nos internamos en la niebla que se elevaba sobre la fría superficie, ocultándonos de los hombres que habían llegado a la orilla vociferando maldiciones.Ya era muy tarde, nosotros fuimos más rápidos.Siguiendo las corrientes vigorosas, continuamos el camino, recorriendo las montañas, hasta la manada de Hilda.*****La situación de la anciana empeoraba conforme pasaban las horas. Temblaba, acurrucada sobre la madera. Soren intentaba darle algo de embutido que encontramos en una caja.Ni siquiera tenía fuerza para tragar, la carrera en el bosque le h
LORIEN —Sí, señora, muchas gracias por recibirme en su manada —la saludé con respeto, apretando mis manos sudadas. Aún luchaba contra el impulso de inclinarme frente a los demás, de no hablar más de lo necesario y mirar sus zapatos. —¿Por qué abandonaste a tu hijo? ¿Dónde está tu espíritu de loba? —su tono era despectivo. —Yo… encontré a mi verdadero mate y no quería al cachorro de mi difunta pareja, así que se lo dejé a mi madre… —Eso solo explica que eres una pésima madre, pero ¿dónde está tu loba interior? Se acercó y me olfateó con una mueca de disgusto. El sudor frío me rodaba por la espalda. —Tuve un accidente cerca del Bosque Oscuro, fui mordida por un insecto Guo… En cuanto dije eso, dio un paso atrás con cara asqueada. —¿No tendrás ninguna plaga de esas raras, no? ¡Si es así, te vas de mi manada! —Luna, ella no tiene nada de eso, ya la examiné —Maggi intervino a mi favor, relajando el ambiente. —Mi loba fue herida gravemente por ayudarme a combatir el ven