Inicio / Hombre lobo / Domando el Corazón de un Lobo / 1. LOS ESCLAVOS NO TIENEN VOLUNTAD
Domando el Corazón de un Lobo
Domando el Corazón de un Lobo
Por: Luna Nova
1. LOS ESCLAVOS NO TIENEN VOLUNTAD

LORIEN

Desde que tengo memoria, nunca he sido la dueña de mi voluntad.

A nadie le importa lo que me gusta o detesto, si deseo hacer algo o no.

Sentada en una esquina oscura de este asfixiante y asqueroso granero, herida y hambrienta, intento sobrevivir como el resto de los condenados.

Mi nombre es Lorien, a secas. Los esclavos no tenemos derecho a nada más.

Vivía en la manada "Lago de Oro" y servía como Omega a una anciana loba hasta que el saqueo tocó nuestras puertas.

Fuimos conquistados brutalmente por una manada más poderosa, "Lobos Rojos", y aquí estaba... Solo había cambiado de amos.

—¡¿No rogaste porque perdonáramos la vida de tu mugrosa abuela?! —los rugidos enojados resonaron en la entrada del ruinoso granero.

—¡Ve y haz bien tu trabajo o sus viejos huesos serán los primeros en ser comida de bestias!

Un guerrero le gritaba a un niño harapiento, que asentía con la cabeza baja antes de correr a examinar a los esclavos.

Nos tenían apresados, sujetos y encadenados a las mohosas paredes de madera, arrojados sobre el sucio suelo de paja como animales.

El tufo intenso del sudor, la orina, el miedo y la desesperación impregnaban el aire.

—¡No, no, suelten a mi hermana, suéltenla! —los gritos desesperados rasgaron los sollozos silenciosos.

Se llevaban a una de las mujeres esclavas mientras otra pataleaba suplicando.

Pronto fue sometida por un guardia; el látigo resonó sobre su espalda, haciéndonos temblar a todos. Ambas fueron separadas.

—¡Preocúpate por ti! ¡Ella va a servir a un noble, y tú, por fea, quizás termines como comida de bestias! —rugió el guardia, escupiendo a un lado.

Nos estaban clasificando.

Las hembras más hermosas se irían a la cama de los lobos adinerados, los heridos serían alimento para las bestias y el resto… no sabíamos cuál sería nuestro destino.

Bajo el flequillo de mi cabello caoba y rubio, observé al niño acercarse. Le habían dado una tarea cruel: marcar a los heridos graves para morir.

Me acurruqué más en mi esquina, buscando que las sombras me escondieran.

Con manos temblorosas, intenté acomodarme la falda raída del vestido para tapar la herida abierta en mi muslo derecho.

Siseé por el dolor punzante, sudando a raudales. Era profunda y tenía mal aspecto. Me la hice al intentar escapar, pero fui capturada y arrastrada de vuelta por uno de los guerreros.

Los pasos hicieron eco en mis oídos. Bajé más la cabeza, sin embargo, la sombra oscura se proyectó sobre mi cuerpo.

Mis orbes erráticos enfocaron sus zapatos desgastados. El pánico se apoderó de mí cuando sentí que se agachaba a revisarme

Intenté encogerme, esconder mi herida, pero su pequeña mano apartó la tela acartonada en sangre seca.

—No, por favor, te lo ruego… estoy bien, puedo caminar —supliqué en voz baja, levantando la mirada con los ojos rojos y un nudo apretándome la garganta.

Mis pupilas se cruzaron con las suyas, oscuras y profundas, que sobresalían en su rostro demacrado y desnutrido.

Apenas era un cachorro, tal vez de diez años.

—¡Oye! ¡¿Qué tanto te demoras ahí?! —un rugido nos sobresaltó.

El niño se levantó de inmediato, nervioso y mi alma colgaba de un hilo esperando su veredicto.

—Na… nada, mi señor. Esta esclava está bien —respondió con voz baja y continuó su labor.

Suspiré aliviada, agradecida con él. Me sentí a salvo, sin embargo, el peligro aún no había pasado.

—¡No, no! ¿Por qué me señalas? ¡Es solo un brazo roto, pero me funciona el otro! —uno de los prisioneros comenzó a vociferar.

—Lo lamento… — el cachorro murmuró y siguió hacia el fondo del granero.

—¡NO, NO, MALDIT4 SEA! —el hombre rugió con más ganas cuando vinieron a por él— ¡SI ME MARCAS A MÍ, TAMBIÉN HAZLO CON ELLA!

Me congelé. Su rostro vicioso se giró hacia mí y, con la única mano que le funcionaba, ¡me señaló!, atrayendo la atención de los guardias.

—¡VI QUE TENÍA UNA PIERNA LISIADA Y ESE CHICO NO LA ESCOGIÓ! ¡ALGO LE SUSURRÓ, YO LO VI! ¡CONSPIRACIÓN, CONSPIRACIÓN!

Negué vehemente, queriendo que se callara de una maldit4 vez.

—¡Déjame ver de qué hablas! —escuché los pasos retumbantes de un guerrero acercándose.

El tipo que me delató ya era arrastrado, y pronto me tocaría a mí. No me moví. El corazón me bombeaba tan fuerte que pensé que todos podrían escucharlo.

Tan cerca... dos metros, un metro… Mi mente buscaba una salida: ¿correr? ¿abalanzarme a su yugular como una loca?

—¡Muéstrame la maldit4 piern…!

—¡SEÑOR! —un alarido en la entrada lo interrumpió. Otro guerrero entró corriendo.

—¿Qué sucede? ¿Ya llegaron los nobles? - se giró a interrogarlo.

—No… ¡es peor! —respondió con urgencia y se acercó a susurrarle algo.

Estaba tan cerca que pude escucharlo.

"Nos llegó un reporte de los vigías: el príncipe guerrero se unió a la comitiva de nobles"

—¿¡Qué!? —rugió, estremeciendo las viejas tablas—. ¡Joder, el Alfa nos va a despellejar si no limpiamos esto rápido!

Miró alrededor, repentinamente inquieto.

—Sí, sí. Por eso me envió el Alfa. Sabes que al príncipe Damon no le gusta que traten así a los esclavos… —bajó la voz— menos que los usen de alimento para las bestias.

El príncipe lycan guerrero. Había escuchado hablar de él. Todos le temían por ser despiadado y fiero en la lucha.

Damon De Wynter, uno de los tres príncipes de la realeza. Un lycan de nacimiento, en la cumbre de la jerarquía de los hombres lobo.

Jamás lo había visto, pero su llegada inesperada me acababa de salvar la vida.

*****

Si antes todo iba deprisa, con esta noticia se revolucionó aún más. Nos sacaron del ruinoso depósito y nos hicieron caminar por un sendero en el bosque.

El atardecer caía sobre nuestras cabezas. Arrastré mi pierna, disimulando el dolor que me entumecía el alma. No podía retrasar la fila.

—Qué bueno que trajiste más esclavos, ¡ya comenzó el evento!

Los murmullos al frente me hicieron alzar la vista.

Bajo el sol, descubrí una imponente construcción de piedra que se erguía en medio del claro.

Un coliseo de altos muros. Dentro de él, se escuchaban los vítores del público y el rugido de una bestia.

La manada Lobos Rojos era famosa por este espectáculo, donde sus guerreros luchaban por la gloria.

Porque en el Reino de Lykania, el reino de los lobos, la fuerza y el poder lo eran todo.

Nos hicieron entrar por un pasillo lateral y bajar por estrechas escaleras hasta lo que parecían mazmorras.

En medio del ambiente opresivo, veía a fuertes y poderosos guerreros lobo colocándose armaduras de cuero y tomando armas peligrosas.

Cada vez que el cuerno sonaba en el exterior, estremeciendo estas paredes, se escuchaba el rugido de alguna bestia y luego los gritos emocionados del público.

Bajo el sonar del látigo, un grupo de nosotros fue enviado a una prisión, sumida en penumbras, casi ocupada por completo con una enorme jaula.

—Diosa, por favor, apiádate de nosotros —el esclavo que caminaba delante de mí comenzó a sollozar y supe el porqué en cuanto vi al animal más allá de los barrotes.

Sigue leyendo en Buenovela
Escanea el código para descargar la APP
capítulo anteriorcapítulo siguiente

Capítulos relacionados

Último capítulo

Escanea el código para leer en la APP