Capitulo 239 La única solución

Un par de horas después, la bruma del dolor comenzó a disiparse lentamente. Un murmullo de voces a su alrededor la fue trayendo de regreso a la conciencia. Sus párpados se sentían pesados, como si una fuerza invisible los mantuviera cerrados, pero con esfuerzo logró abrirlos.

La luz tenue de la habitación le hizo parpadear varias veces hasta que su vista se aclaró. Reconoció el techo alto y las paredes pálidas del hospital, el inconfundible olor a desinfectante llenando sus pulmones.

— ¡Maddie! —exclamó una voz masculina, cargada de alivio y preocupación.

Giró levemente la cabeza y vio a su hermano Paul inclinado hacia ella, con los ojos brillantes de angustia. A su lado, Alice le sostenía el brazo con dulzura, su rostro delicado reflejando la misma preocupación.

— Gracias a Dios... —murmuró Alice, acariciando suavemente la mano de Maddie.

Del otro lado de la cama, Patrick, su viejo amigo y confidente, la observaba con una mezcla de seriedad y ternura. Llevaba la chaqueta ligeramente
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