Capítulo XXX

Sus dedos subiendo apenas un poco más despues de decirme eso.

El semáforo cambio a verde, pero el auto no se movió en lo absoluto. La ciudad sigue su ritmo, pero en este instante, dentro de su coche, solo existíamos él y yo con una tensión lujuriosa de por medio. Por un momento siento que he ido muy lejos, no soy de ese modo, sin embargo, Viktor me cambio lo suficiente y ya han pasado ocho meses desde que estuve con alguien que no fuera el coronel.

No he vivido lo suficiente, no he conocido lo que alguien debería saber a esta edad.

—Iker… —murmuré, mi voz saliendo más baja de lo que esperaba.

Él sonrío y volvió la vista al frente, acelerando nuevamente. Su mano no se apartó. De hecho, sus dedos comenzaron un recorrido tortuosamente lento, explorando mi piel con intenciones claras.

La velocidad aumentaba, el rugido del motor fusionándose con la intensidad del momento. Yo me mordí el labio y me aferré al borde del asiento, mi respiración volviéndose irregular con cada caricia calculada.
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