Capítulo XXXIII

Los recuerdos me golpearon como un tren a toda velocidad. Fragmentos de un pasado olvidado. Recuerdo a ese niño delgado y alto de ojos grises que me acompaño por un jardín lleno de flores mientras me ayudaba a capturar mariposa. No tenía idea de que hacia allí en ese entonces hasta que mi padre me confeso la verdad años más tarde de que fuimos secuestrados para ayudar a una mujer de un mafioso a pasar a mejor vida después de sufrir durante meses por un cáncer terminal, ¿Cómo no lo he reconocido? Ese niño era Viktor.

—No… —susurré, negando con la cabeza, no podía creerlo.

—Nunca volví a verte después de ese día. Hasta que te encontré en aquel callejón… y supe que tenía que saber quién eras —dijo antes de acariciar mi mejilla—. Y mira que sorpresa descubrir que esa mujer asustada era nada más y nada menos que la pequeña a la que le jure darle mi primer beso —añadió sonriendo de lado.

Recuerdo ese primer beso que me dio. Fue tonto y lleno de brusquedad absoluta, pero él sin duda no tiene
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