Capítulo XXXVI
No entendía porque Viktor en vez de ir directo al piso subterráneo pulso el botón para ir al último piso de la torre. Lo sorprendente no fue subir, si no que era el único con acceso a ese lugar porque para ir se exige un código de seguridad.

Al llegar, un helicóptero esperaba por nosotros y el rugido de las hélices del helicóptero resonaba en mis oídos mientras ascendíamos sobre la ciudad. A pesar del estruendo del viento, el silencio entre nosotros era denso, cargado de una tranquilidad profunda mientras que Viktor estaba sentado a mi lado, relajado, con una copa de whisky en la mano y su mirada fija en mí. Su postura despreocupada contrastaba con la tensión que sentía recorrer mi cuerpo.

—No pareces impresionada —comentó con ese tono de voz bajo y grave que siempre me ponía nerviosa.

Lo miré de reojo.

—Dudo que me hayas subido a un helicóptero solo para impresionarme.

Una sonrisa ladeada se dibujó en sus labios.

—No. Pero hubiera sido un buen punto extra.

Rodé los ojos
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