Capítulo XXIX

La música cambió de a un ritmo más lento pero igual de intenso, con un bajo que se sentía más que escucharse. Iker apoyó una mano en mi cintura y me atrajo hacia él con tanta naturalidad de alguien que está acostumbrado a manejar la cercanía sin ser rechazado. Supongo ha de ser de ese modo, con esa encantadora sonrisa ladea, dientes perfectamente blanco y esos ojos color ámbar de pestañas pobladas y mirada árabe.

Sonreí y dejé que mis caderas se movieran con la música, sincronizando mis movimientos con los suyos.

—Eres buena en esto —murmuró.

—¿Bailando?

—Coqueteando

Me reí y deslicé mis manos por sus fuertes hombros cubierto por esa camisa negra hasta entrelazar mis dedos en su cuello tan cerca de su nuca que su pelo corto de atrás de su cabeza me rozan los nudillos.

—Tal vez solo me gusta divertirme.

—O tal vez estás intentando olvidar a alguien —dijo alzando sus pobladas cejas en esa pregunta que no hizo.

Mi cuerpo se tensó un segundo, pero no le di el gusto de ver que sus palabras
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