La semana posterior a la gala fue un torbellino de emociones para Luciana. Cada día parecía arrastrarla entre la nostalgia y la incertidumbre, mientras sus pensamientos giraban en torno a Alejandro. Las imágenes de sus ojos intensos y la promesa de una segunda oportunidad la perseguían, dejándola en un estado de anhelo.
Era una mañana soleada cuando decidió acudir a la exposición de arte que se celebraba en el centro cultural de la ciudad. Había decidido dejar que la belleza de las obras la distraiga, al menos por un tiempo. Sin embargo, en el fondo de su mente, sabía que la posibilidad de cruzarse con Alejandro en ese lugar estaba presente.
Mientras caminaba por las salas, contemplando las pinturas vibrantes, sintió una corriente de energía recorrer el espacio. Era como si cada trazo de color hablara de amor y pérdida, reflejando su propia lucha interna. Se detuvo frente a una obra en particular, una representación de un cielo estrellado que la hizo recordar las noches que había compartido con Alejandro.
—Es hermosa, ¿verdad?— La voz de Alejandro resonó a sus espaldas, llenando la sala con una calidez familiar. Luciana giró lentamente, su corazón se detuvo al encontrar su mirada. Allí estaba, con esa sonrisa que una vez le había robado el aliento, pero ahora era una mezcla de deseo y tensión.
—Sí,—contestó, manteniendo el tono neutral a pesar de que su voz temblaba.—Me recuerda a… a momentos.
—Momentos que me gustaría recuperar,—interrumpió Alejandro, acercándose un poco más. La proximidad hizo que Luciana se sintiera vulnerable, pero también emocionada.
—No puedes simplemente aparecer de nuevo y esperar que todo vuelva a ser como antes,—dijo Luciana, intentando mantener su voz firme, aunque su corazón estaba en conflicto.—Han pasado muchas cosas, Alejandro.
—Lo sé,—admitió él, su expresión cambiando a una más seria.—Pero lo que siento por ti no ha cambiado. He estado pensando en nosotros desde la gala, y… no puedo seguir sin intentar recuperar lo que perdimos.
Luciana sintió que su estómago se retorcía.
—¿Y qué hay de tu secreto?—La pregunta salió sin pensarlo, su voz más baja.—¿Cómo sé que no me romperás el corazón otra vez?
—Eso no es justo,—respondió Alejandro, su voz tensa.—Tú también tienes secretos, Luciana. Cosas que no me has contado.
Ella frunció el ceño, sintiéndose acorralada.
—No hay comparación. Mi vida no está llena de secretos oscuros que podrían destruirte.
—¿Qué hay de tu vida? ¿De las decisiones que has tomado?—Alejandro la miró intensamente, su mirada penetrante.—No estamos tan alejados, Luciana. Ambos hemos tenido que lidiar con nuestras elecciones.
—Quizás, pero nunca dejé que una traición definiera quién soy,—replicó ella, sintiendo cómo el dolor se filtraba en sus palabras.—No puedo dejar que la historia se repita.
—Te prometo que he cambiado,—insistió él, acercándose un paso más.—He trabajado para ser un hombre mejor. No quiero perderte de nuevo.
El aire entre ellos vibraba con la tensión no resuelta de su historia compartida. Luciana sintió su corazón gritarle que diera un paso atrás, pero su cuerpo se movió casi por inercia hacia él.
—Es difícil confiar en alguien que ha causado tanto daño,—admitió, sintiendo la fricción de sus emociones.
—Entiendo,—dijo Alejandro, su voz suave, casi un susurro.—Pero te pido que me des una oportunidad para demostrarte que puedo ser diferente.
Luciana se mordió el labio, sintiendo la batalla entre su deseo y su razón.
—No puedo prometer nada.—Sus palabras fueron un eco de su incertidumbre.—Solo necesito tiempo.
—El tiempo es lo que más deseo,—respondió él, dando un paso atrás para darle espacio.—No quiero presionarte, pero estaré aquí, Luciana. Siempre estaré aquí.
—¿Y si el tiempo solo refuerza la distancia?—preguntó ella, su voz temblando.—¿Y si no hay un camino de regreso?
—Entonces será un camino que crearemos juntos,—dijo Alejandro con firmeza, sus ojos ardían con determinación.—Porque lo que tengo para ti no es solo un recuerdo. Es un futuro que deseo construir.
Luciana sintió su corazón latir con fuerza, pero la incertidumbre aún la mantenía cautelosa. Mientras se miraban, el tiempo parecía detenerse nuevamente. En ese momento, todo lo que habían vivido, el dolor y la pasión, se entrelazaban en el aire entre ellos, creando una atmósfera cargada de promesas y posibilidades.
—Dame tiempo,—repitió Luciana, sintiendo que esta vez su voz era un poco más fuerte.—Solo un poco de tiempo.
—Es todo lo que necesito,—contestó él, su mirada suave pero firme.—Lo esperaremos, juntos.
Luciana respiró profundamente, sintiendo que una parte de ella había comenzado a abrirse. Aunque el miedo permanecía, también había una chispa de esperanza. Tal vez esta vez, el amor podría encontrar su camino de regreso, incluso en medio de las sombras del pasado.
La atmósfera en la sala de exposiciones había cambiado, llenándose de un silencio tenso que solo se interrumpía por el murmullo lejano de otros visitantes. Luciana, aún atrapada en la intensidad de la conversación, sintió cómo su pulso se aceleraba, no solo por el deseo de Alejandro, sino también por el temor a lo que su reencuentro podría significar.
—¿Qué quieres de mí, Alejandro?—preguntó Luciana, su voz apenas un susurro.—¿Acaso piensas que puedo olvidar lo que pasó?
Él hizo una pausa, sus ojos se llenaron de una profunda tristeza.
—No quiero que lo olvides, pero tampoco quiero que te defina. Lo que más deseo es poder mostrarte que he cambiado. Que he aprendido de mis errores.
Luciana lo miró fijamente, intentando ver más allá de la fachada de confianza que él proyectaba.
—¿Y qué hay del secreto que guardas? ¿Qué es lo que no me has contado? Su corazón latía con fuerza, no solo por la posibilidad de un nuevo comienzo, sino también por el temor a ser herida nuevamente.
Alejandro inclinó la cabeza, un gesto que le hacía parecer más vulnerable.
—Te lo prometo, algún día te lo contaré. Pero en este momento, no quiero que eso se interponga entre nosotros. Lo que más quiero es que podamos hablar y volver a conocernos.
—Volver a conocernos…—repitió Luciana, sintiendo cómo las palabras resonaban en su corazón.—Eso suena más fácil de lo que realmente es.
De repente, el ruido del entorno pareció desvanecerse, y en esa burbuja de tiempo suspendido, Luciana sintió una oleada de emociones, como un torrente que amenazaba con arrastrarla.
—¿Qué te hizo volver, Alejandro? ¿Por qué ahora?
—No sé cómo explicarlo,—admitió él, su voz suave, casi vulnerable.—Quizás fue el peso de perderte lo que me hizo darme cuenta de que el dinero y el poder no significan nada sin alguien a quien amar.
Luciana sintió una punzada en el pecho.
—¿Así que solo ahora te das cuenta? Después de todo este tiempo… ¿Y si lo nuestro no es más que una ilusión?
—No,—respondió él, firme, tomando un paso hacia ella.—Es mucho más que eso. Siempre lo ha sido. Su mirada se tornó intensa, y por un momento, Luciana se vio atrapada en la profundidad de su sinceridad.
—No puedo vivir en un mundo de ilusiones,—dijo Luciana, luchando contra el deseo que crecía en su interior.—Si decido arriesgarme, necesito saber que eres sincero.
—Te prometo que lo soy,—insistió Alejandro, su voz profunda y segura.—Puedo demostrarlo. Solo necesito que me des la oportunidad. Salgamos, hablemos, riamos… Recuerda cómo éramos antes.
La invitación era tentadora, pero Luciana se sentía como si estuviera al borde de un precipicio.
—No sé si estoy lista para eso,—murmuró, aunque su corazón parecía clamar, por lo contrario.—Volver a salir contigo… es un salto al vacío.
—Tal vez el vacío no sea tan aterrador,—dijo él con una sonrisa esperanzada.—Quizás sea el inicio de algo hermoso.
Luciana sintió un tirón en su corazón, una mezcla de miedo y deseo.
—Está bien,—aceptó finalmente, aunque su voz temblaba.—Podemos salir, pero debo ser clara: necesito respuestas. Si vamos a hacer esto, quiero la verdad.
—Te lo prometo,—dijo Alejandro, con una mirada llena de determinación.—Y esta vez, no dejaré que te vayas.
El brillo en sus ojos era contagioso, y Luciana sintió cómo una chispa de esperanza comenzaba a encenderse en su interior.
—¿Y si no te gusto como antes?—preguntó, la inseguridad aún presente en su voz.
—No puedo creer eso,—respondió Alejandro, la sinceridad en su tono dándole peso a sus palabras.—Te he extrañado cada día, Luciana. Lo que tuvimos fue real y especial. No ha cambiado.
Un instante de silencio se extendió entre ellos, cargado de promesas no dichas. Luciana sintió el impulso de tocar su mano, de acercarse un poco más, pero se contuvo, temerosa de la reacción de su corazón.
—¿Cuándo nos vemos?—preguntó Alejandro, su mirada fija en ella.
—Esta noche,—respondió ella con una certeza inesperada.—Podemos ir a cenar, pero el lugar lo elijo yo.
—Hecho,—dijo él, su sonrisa iluminando la habitación.—Te prometo que será una noche inolvidable.
Con una mezcla de miedo y anticipación, Luciana sintió que un nuevo capítulo de su vida comenzaba. Mientras se separaban, una parte de ella anhelaba la promesa de lo que podría ser, y otra parte la mantenía alerta, recordándole el dolor del pasado.
Mientras Luciana se alejaba, las palabras de Alejandro resonaban en su mente: —Siempre estaré aquí.
Y aunque el camino por delante estaba lleno de incertidumbres, una chispa de esperanza comenzó a florecer en su corazón, iluminando la oscuridad de su pasado.
Luciana se encontraba en su apartamento, el ruido de las risas de la gala aún resonando en su mente. Las luces de la ciudad brillaban a través de la ventana, pero su corazón se sentía pesado, como si una sombra lo cubriera. Se dejó caer en el sofá, rodeada de la oscuridad de la noche, y permitió que los recuerdos la invadieran.El primer recuerdo que emergió fue el de su ruptura con Alejandro. Había sido un día gris, con nubes pesadas que presagiaban tormenta, un reflejo del caos que se avecinaba en su vida. Luciana cerró los ojos y pudo volver a escuchar las palabras que habían desgarrado su corazón.—No puedo seguir así, Luciana. Mi vida es demasiado complicada, y tú mereces más. — Las palabras de Alejandro resonaban en su mente como un eco doloroso.En ese momento, Luciana había sentido que el suelo se desvanecía bajo sus pies. —¿Más? ¿Más qué? ¿Acaso no es suficiente lo que tenemos?— Su voz había temblado, llena de incredulidad y dolor.—No es justo para ti, — había dicho él, su
El silencio volvió a caer, pero esta vez no era incómodo. Era un momento suspendido en el tiempo, donde la posibilidad de un nuevo amor empezaba a florecer entre las espinas del pasado. Luciana sabía que estaba arriesgando su corazón de nuevo, pero en el fondo, el deseo de reconectar con Alejandro era más fuerte que el miedo.Con un suspiro profundo, hizo un movimiento hacia él, y en ese instante, el mundo exterior desapareció, dejando solo a dos almas que aún creían en el poder del amor.La mañana siguiente, Luciana se despertó con una mezcla de ansiedad y emoción. La conversación con Alejandro había dejado una huella profunda en su corazón. Sabía que la vida no podía regresar a la normalidad después de ese encuentro, pero también sentía un miedo latente al dejarse llevar por los viejos sentimientos.Se preparó para el trabajo, cada movimiento en el espejo parecía más pesado de lo habitual. La sombra de Alejandro persistía en su mente, sus palabras resonando como un eco: “Te prometo
Luciana se metió a la oficina de su amiga Clara porque Alejandro la estaba siguiendo, y lo último que quería era verle la cara después de recordar cómo él le pegaba y la maltrataba. Incluso le dijo que no quería tener un bebé con ella.—Amiga, es mi oficina, ¿qué haces aquí? —preguntó Clara.—Clara, no es un buen momento para que me veas así —respondió Luciana, rodando los ojos.Clara no dijo nada, pero sus gestos hablaban por sí solos.Luciana todavía sentía el peso de la conversación reciente con Alejandro, pero decidió dejar a un lado la montaña rusa emocional que suponía verlo nuevamente. Se sentó y vio a Alejandro.—No quiero hablar —añadió seria.—Luciana, tenemos que... no me dejes solo, te lo suplico —agregó Alejandro con esos ojos que la caracterizan cuando estaba enojada.—Perdón, mi vida —añadió Alejandro.Luciana, en un momento de ira, le dio a Alejandro una bofetada en la cara y lo agarró de la corbata.—Te odio, al diablo con todo. No mereces una oportunidad. Recordé que
"¿Por qué lo dejé ir?" murmuró para sí misma, sin encontrar una respuesta clara. Las imágenes del pasado la envolvían, la hacían sentir el roce de sus caricias, el susurro de su voz en la oscuridad de la noche. "Todo lo que pasamos..."Pero también recordaba el dolor, el vació que dejó cuando todo se rompió entre ellos. Y la pregunta que ahora la atormentaba: ¿podría realmente perdonarlo? ¿Sería capaz de dejar atrás el rencor y la desconfianza para abrir su corazón de nuevo?"¿Qué quiero realmente?" pensó en voz baja, mientras cerraba los ojos, sintiendo el peso de su propio deseo. ¿Era capaz de perdonarlo, de dejar que lo que fue entre ellos volviera a florecer? O ¿sería esa solo una ilusión que acabaría por destruirla de nuevo?El aire en la oficina se volvía denso, como si la respuesta estuviera al alcance de su mano, pero Luciana no podía alcanzarla aún. Necesitaba tiempo. Pero el tiempo, sabía, no siempre es un lujo que uno puede darse cuando los sentimientos son tan intensos. Y
Alejandro la observó, la tensión en su cuerpo aún palpable. Se dio cuenta de que su comentario sobre la comida había sido una manera de suavizar el ambiente, de restarle peso a la situación incómoda que los rodeaba.—Sí —dijo después, más en voz baja, con sinceridad—. Lo sé. Te conozco mejor de lo que te imaginas, Luciana. Y aunque no quiero admitirlo, claro que me puse celoso.Luciana levantó la vista, sus ojos buscando los de él. Un suspiro salió de su boca sin que pudiera evitarlo, como si lo que él acababa de decir la dejara sin palabras por un momento.—¿Celoso? —repitió, con una ligera sonrisa en los labios, aunque sus ojos mostraban una mezcla de sorpresa y algo más, algo que no quería admitir—. Y ahora vienes a decirme que, además de todo lo que pasó, te has estado muriendo de celos por Héctor. ¿Eso es lo que intentas decirme?Alejandro desvió la mirada, algo incómodo, pero a la vez, el ardor de la confesión lo había liberado, aunque no quisiera mostrar demasiado de sus sentim
Con una suavidad que la sorprendió, Alejandro le dio un beso en la mejilla, un roce que dejó su piel ardiendo.—Te llamo después —murmuró con una sonrisa ladeada que solo ella pudo notar—. No olvides almorzar, ¿sí?La sensación del contacto de Alejandro sobre su piel fue un recordatorio crudo y visceral de lo que habían sido, y de lo que, tal vez, todavía podrían ser. Luciana cerró los ojos por un segundo, tratando de contener el torbellino de emociones que amenazaba con desbordarla.Pero cuando sintió que Alejandro se alejaba, algo en ella reaccionó de forma casi instintiva. Su mano se alzó y atrapó la corbata de él, un gesto que no había planeado pero que se sintió tan natural, tan... necesario. Al tocar la tela suave entre sus dedos, su corazón empezó a latir más rápido, como si su propio cuerpo la traicionara, reconociendo lo que su mente se negaba a admitir.Alejandro se detuvo, sorprendido. Bajó la mirada hacia su corbata y luego hacia ella. Sus ojos se encontraron, y en ese ins
Clara se sentó frente a ella y, con ese aire de complicidad que siempre la acompañaba, apoyó los codos sobre el escritorio. "Alejandro. El evento de este sábado. Me dijo que te invitó, pero también mencionó que, de alguna forma, ya sabe que irás, aunque digas que lo pensaras o que quizá o tal vez, ya sabes, tambien me invitó a mí, lo cual es impresionante, ya que comeré gratis, y hay unos bocadillos ricos, sabes que mi vida es comer y buscar hombres millonarios y guapos que me den cariño."Luciana se quedó en silencio, sus pensamientos haciendo los recordatorios de las palabras de Clara. La invitación. Recordaba el momento en que Alejandro, con ese gesto tan suyo, le había dejado caer la idea de que debería asistir. No había confirmado nada, solo había murmurado un —quizá —, pero... ¿ya daba por hecho que estaría allí?—No he decidido nada aún, por lo que no sé porque dice que iré— respondió, aunque la duda en su voz era evidente.Clara soltó una pequeña risa, como si no se creyera ni
No necesito que me cuiden, se me arreglo yo misma, Héctor vete, estaré bien. Luciana lo dijo en tono incómodo; ella sabía que Héctor no solo quería ser su amigo, sino algo más.—No me rechaces, por favor —dijo Héctor, mirándola a los ojos.—Héctor, no seas intenso. Ven conmigo, quiero mostrarte dónde está la comida —agregó Clara, amiga de Luciana, sujetando la mano de Héctor y dejando a Luciana completamente sola.Clara y Héctor se fueron, mientras Luciana se quedó completamente quieta, esperando cuatro minutos, mirando de un lado a otro.Luciana caminó por el pasillo, olvidándose de lo que había pasado con Héctor hace segundos atrás. Su vestido de seda se movía suavemente con cada paso, como si fuera una extensión de su propia piel. Atravesaba el lugar con una elegancia natural, pero su corazón latía con fuerza, sabiendo que, en cualquier momento, su mirada se encontraría con la de Alejandro.Lo vio a lo lejos, hablando con algunos ejecutivos. Estaba impecablemente vestido, como siem