Mientras Valeska repetía sus mantras para mantener la calma y resistir un poco más, sentía las miradas de todos alrededor. Algunos la observaban con lástima y otros, con desprecio.
¿Quién esperaría que le aplaudieran por ser una mujer que se dejaba pisotear por la amante de su marido en público? Solo ella conocía la razón detrás de su tolerancia, de su resiliencia: su madre era lo más importante en ese momento. Y siempre.
—Gracias por la ropa. Estaba bebiendo y, sin querer, derramé algo en la mía. Te prometo que la lavaré y te la devolveré —dijo la mujer con una voz tan dulce y falsa que le daba náuseas.
En ese momento, Valeska estaba mordiendo la parte interior de sus mejillas, intentando refrenar las palabras que luchaban por salir finalmente. Pero, ¿valdría realmente la pena? Tomó aire y decidió hacerle caso a sus impulsos.
—No hace falta, quédate con ella. Al fin y al cabo, siempre se te ha dado bien apropiarte de cosas que no te pertenecen, ¿no? —replicó con frialdad, disfrutando el pequeño quiebre en la sonrisa perfecta de la mujer.
—¡No te permito que le hables así! —Theo elevó la voz y la miró con ira, sujetándola de la mandíbula con fuerza—. Pídele disculpas —exigió.
Valeska cerró los labios con firmeza; sus ojos estaban fijos en los de él, dejando clara su resistencia. La expresión de Theo cambió al ver su silencio. Enfurecido, lanzó su copa al suelo, haciéndola añicos y esparciendo todo el líquido restante en el piso. Repitió su orden con mayor intensidad.
Mientras tanto, aquella mujer, que seguía de pie tras él, observaba a Valeska con una mirada triunfal, como si hubiera ganado esa noche. Todos los demás permanecían en silencio, paralizados por el arrebato de ira de Theo. A excepción del hombre de ojos azules, quien claramente parecía disfrutar del espectáculo. La observaba con curiosidad, como si esperara su siguiente movimiento.
Pero Valeska no le daría el drama que esperaba.
—Lo siento —dijo entre dientes, casi mordiendo sus labios, para que las palabras no fueran tan entendibles.
«Vamos, Valeska, aguanta un poco más. Piensa en tu madre, sí, hazlo por ella», se repetía internamente mientras clavaba las uñas en la palma de su mano.
Vio el gesto de satisfacción en el rostro de ellos dos, de su supuesto esposo y de esa mujer. No podía seguir en ese mismo sitio si no quería cometer ningún crimen. Así que se soltó con brusquedad del agarre de Theo y se marchó sin mirar atrás.
Cuando ya estaba saliendo del club, una voz desconocida la detuvo. Notó que se trataba del hombre de ojos azules, esos que eran casi hipnóticos. En su mano llevaba una bufanda negra, la cual extendió en su dirección, pero Valeska solo enarcó una ceja y lo observó con escepticismo.
—¿Y esto? ¿Es por lástima? —preguntó con sarcasmo, mientras se cruzaba de brazos.
No estaba de humor para recibir más humillaciones esa noche.
Él se mantuvo en silencio, se acercó y puso la bufanda alrededor de su cuello. Sus ojos se encontraron por un momento, luego, él sacó un cigarro y lo encendió con total calma, mientras la observaba con curiosidad. Como si hubiera algo dentro de ella que le causara intriga.
—Puedo ver que no estás conforme. Tienes la capacidad de dejarlo. ¿Por qué permites que te traten así?
Valeska miró a los árboles que se mecían con la brisa de la madrugada. ¿Por qué lo permitía? La verdadera cuestión era: ¿qué se creía ese hombre como para atreverse a preguntar algo así a una extraña?
—Eso no es asunto tuyo —respondió con una sonrisa que, a kilómetros, se notaba falsa. Se ajustó la bufanda al mismo tiempo que se dirigía hacia su coche—. Gracias por la bufanda, por cierto.
Sintió sus pasos acercándose. Se dio la vuelta para ver qué era lo que quería, pero se encontró con que los brazos anchos de él la encerraban bajo su sombra. Tuvo que apoyarse fuertemente en la puerta del coche para mantener algo de distancia. A esa proximidad podía sentir su perfume, una mezcla de cedro y sándalo que llegó hasta ella, un aroma perfecto para una noche nevada, el mismo que impregnaba la bufanda.
—Mi tarjeta —dijo él con un tono bajo mientras le entregaba una tarjeta de presentación elegantemente diseñada—. A diferencia de ti, no soy tan generoso. No olvides devolverme la bufanda.
—Se equivoca al pensar que soy tan generosa —replicó Valeska, elevando una de sus cejas—. No conoce absolutamente nada de mi vida.
Él, en lugar de responder algo, esbozó una sonrisa ladina mientras se daba la vuelta y caminaba de regreso al interior del club. Valeska no lo perdió de vista hasta que entró. No sabía quién era, y esta interacción era casi lo más extraño que le había pasado en la vida.
Cuando finalmente no hubo rastros de él, poco a poco logró calmar su corazón que latía acelerado y su respiración agitada. Llevó toda su atención a la tarjeta: Lisandro Fiore, ese era su nombre.
Sentía que él estaba buscando algo de ella, algo que solo Valeska podía darle. La pregunta era: ¿qué tenía ella para dar?
Mirando la figura de Lisandro alejarse, Valeska dejó escapar un largo suspiro, tratando de calmar los latidos acelerados de su corazón.
— Señor Fiore, ¿por qué se va? Usted es mi invitado principal esta noche. Por favor, considere detenidamente mi propuesta de colaboración —dijo Theo, apresurándose a acercarse a Lisandro en la puerta del club. Lisandro le sonrió y asintió con la cabeza, pero la mirada que le lanzó fue rápida y estuvo cargada de una leve animosidad.Valeska condujo de regreso a casa mientras el cielo comenzaba a aclararse. Su mente seguía trabajando a toda velocidad, pensando en cada cosa que estaba sucediendo en su vida.No tenía ánimo para volver a dormir, así que sacó la maleta que había guardado en un rincón. Dentro de ella ya había algo de ropa doblada, la cual había ido guardando poco a poco en los últimos días.Su armario estaba quedando casi vacío; sin embargo, Theo no se había percatado de ello. Al final de cuentas, él pasaba más tiempo en casa de Celine que en la suya propia.Celine había aparecido en el momento más feliz de la relación entre Theo y Valeska, en su primer aniversario de bodas. Theo acababa de superar el dolor de perder a su exesposa, Celeste, y ver una sonrisa en su rostro alegraba más a Valeska que a nadie. Entonces, le pidió con insistencia que fueran a cenar a un restaurante para conmemorar el nuevo comienzo de sus vidas juntos.En ese momento, Valeska realmente imaginaba su futuro. Tal vez tendrían t
Hoy es el último día. Desde la última confrontación en el club, Valeska no había vuelto a ver a Theo. Pensó que, al menos, deberían terminar ese matrimonio de una manera decente, así que lo llamó.—¿Qué quieres? —soltó él, con evidente mal humor.—¿Regresarás a casa hoy? Hay algo importante que quiero decirte, Theo —expuso ella con una voz tranquila, a pesar de que caminaba de un lado a otro—. Necesito hacerlo en persona, no por teléfono —añadió.No le parecía correcto decirle que tendrían un hijo por medio de una llamada; no se sentía bien. Aunque, ¿cómo reaccionaría Theo si le decía que iban a tener un hijo?¿Y si no lo quería?Valeska se rehusaba a la idea de que su hijo creciera sin una figura paterna, pero si ponía las posibilidades en una balanza, lo más probable era que Theo no estuviera feliz con la llegada de un niño al caótico remanente de su familia.Prestaba atención a lo que fuera que saliera de la boca de Theo; sin embargo, lo que escuchó fue la voz de Celine, al fondo,
En cuanto a Theo, el mismo día en que Valeska decidió irse de casa, se encontraba pensativo, lo rodeaba una extraña sensación de inquietud. Theo no pudo evitar recordar lo ocurrido esa noche. Lisandro, en medio de la fiesta, de repente preguntó por su esposa, y aprovechó la oportunidad para llamar a Valeska. ¿Por qué Lisandro estaría interesado en Valeska? Él es el CEO de un imperio comercial en ascenso, con solo un proyecto de colaboración podría salvar su empresa. Y Valeska, ¿qué es ella? Una ama de casa tonta y celosa, obsesionada consigo misma y reacia a divorciarse. ¿Cómo podría alguien como ella llamar la atención de Lisandro?Mientras pensaba en esa noche, su esposa lo llamó. ¡Valeska le dijo que quería divorciarse! La primera reacción de Theo fue pensar que esa mujer, para alejarlo de Celine, había ideado una nueva estrategia; siempre le gustaba tanto sentir celos de Celine. Pero Celine solo era una chica bondadosa e inocente, que había perdido a su hermana. Sin embargo, el t
A la tarde siguiente, y ajeno a todo lo que estaba sucediendo en su matrimonio, Theo regresaba finalmente a casa. Una extraña sensación de inquietud lo invadía al recordar que, no sabía desde cuándo, pero cada vez que Valeska lo miraba, veía en sus ojos indiferencia y paciencia, como si ya no lo amara.Pero luego pensó que no podría irse tan fácilmente. Ella era Valeska, la misma que cuando él estaba al borde de la desesperación y el alcohol, fue paciente, lo consoló, lo cuidó, y pasó noches enteras aprendiendo sobre la gestión de su empresa solo para hacerle una propuesta urgente. Ella fue la que, en un momento, se arrodilló ante él, rogándole que no se divorciaran. Esta vez, solo estaba intentando atraer su atención con algún truco.Al principio, fue su padre quien lo amenazó con la herencia, forzándolo a casarse con una mujer desconocida. Nadie podía reemplazar el lugar que ocupaba su exesposa en su corazón. Para él, volver a enamorarse de otra persona parecía como una traición a s
En cuanto a Valeska y a Lisandro, cuando él la llevó al hotel, le ayudó a organizar su equipaje y le sugirió ir a un bar otro día a tomar algo para celebrar su nueva vida; sin embargo, ella no pudo evitar notar la doble intención de Lisandro, ¿debería sentirse halagada por eso? Ella ya no tenía fuerzas para comenzar una nueva relación. Sin embargo, sí necesitaba relajarse un poco después de todas las cosas que acontecieron en un abrir y cerrar de ojos. De esa manera, al día siguiente, los dos se encontraron en el bar, aunque no bebería nada de alcohol, a causa de su embarazo, eso no le impedía tener un cambio de ambiente.—Si vas a empezar una nueva vida sola, ¿te gustaría trabajar como mi asistente en mi empresa? Puedo ofrecerte un salario un poco más alto que el promedio. —Cuestionó Lisandro mientras se acercaba a su oído en medio del ambiente bullicioso del bar, con sus ojos color azul oscuro brillando de una manera que le resultaba imposible de leer.Una oleada de incomodidad reco
Mientras todos continuaban sumidos en el silencio y el asombro, fue Lisandro el primero en reaccionar. Colocó a Valeska detrás de él para protegerla de manera rápida, al mismo tiempo que empujaba a Theo al suelo. Luego, levantó el puño y comenzó a golpearlo con fuerza en la cara, uno tras otro, hasta que los amigos de Theo reaccionaron y se apresuraron a separarlos.—Si esto es lo que mi socio tiene por moral, lo mejor será cancelar nuestra colaboración —sentenció Lisandro con desdén, sus ojos mantenían a Theo enfocado.El hecho de ver a Valeska herida a mano de su «esposo» desató en Lisandro una furia que le resultaba tanto irrazonable como incomprensible. Ella permanecía con la mano en su mejilla, resguardada detrás del cuerpo de Lisandro.—¿Quién te permitió rendirte? No puedes rendirte… —Murmuró Theo, después de levantarse del suelo, ignorando las palabras de Lisandro. Sus manos recorrían toda su cara mientras no dejaba de mirar fijamente a Valeska, como si fueran una manera de au
Theo llegó al hospital tan rápido como pudo después de recibir la noticia. Su mente estaba llena de pensamientos contradictorios: una mezcla de alivio, rabia, y algo que no quería admitir… esperanza. Esperanza de poder hacer que Valeska regresara a casa, de que tal vez, a pesar de todo, las cosas pudieran arreglarse.Mientras caminaba por los pasillos del hospital, el eco de sus pasos parecía latir al ritmo de su corazón. Al entrar en la habitación, encontró a su esposa recostada en la cama. Estaba pálida, pero permanecía tranquila, con una quietud que contrastaba con el torbellino de emociones que Theo sentía. Lo observaba con una mirada tan fría que le heló el corazón.Por un momento, no supo cómo comenzar con ese discurso que tanto ensayó. Theo, acostumbrado a controlar cualquier situación, o manipularla, más bien, se sintió fuera de lugar. Finalmente, al ver que ella no diría nada, dejó escapar un suspiro y habló primero.—¿Por qué no me dijiste que estabas embarazada? —Intentó man
Valeska se quedó un momento mirando la puerta cerrada cuando Theo salió por esta, en busca de «medicamentos». Su corazón latía con fuerza, pero no era debido al miedo, sino por ese gran impulso de determinación. Sabía que si no actuaba rápido, Theo regresaría con más control sobre su vida del que ya tenía. Era ahora o nunca.Miró a su alrededor, asegurándose de que no había ninguna cámara en la habitación; no podía ignorar el poder que ese hombre tenía en el hospital solo por ser de una familia acomodada. Podría hacer lo que quisiera, como, por ejemplo, dejarla en ese hospital. Rápidamente, tomó su bolso y abrigo, estaba lista para irse, solo que, apenas se dirigía hacia la puerta cuando una enfermera la interceptó.—Señora, lamento informarle que el señor Russo ha dado instrucciones estrictas. No puede abandonar la habitación hasta que él regrese.Esa noticia cayó sobre Valeska como un baldado de agua fría. Sus ojos se centraron en la enfermera, trataba de descifrar si había alguna s