Ellis terminó de vendarle la herida, y aunque su actitud seguía siendo fría, en su interior se debatía entre el instinto de salvar a una persona herida y la creciente irritación que le provocaba la presencia de Alessandro. No era fácil para ella controlar su desconfianza, especialmente cuando él parecía tan cómodo en su peligroso papel. Pero, finalmente, se alejó un poco, evaluando su trabajo con una mirada clínica.—Listo, ya está. —Dijo con tono firme, sin mirarlo, intentando dejar claro que su parte en esto había terminado.Alessandro, a pesar del dolor que le debía estar provocando la herida, se mantenía erguido. Sus ojos la observaban con una mezcla de admiración y diversión, como si todo esto fuera un juego. Ellis no se lo tomaba a la ligera. Para ella, no era más que un recordatorio de lo que había dejado atrás, lo que había intentado olvidar. Pero, en un segundo, esa sensación se desvaneció cuando Alessandro rompió el silencio.—Sabes, no es mala idea que te lo agradezca… —dij
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