Capítulo 7

Ian pasó una mano por su rostro con frustración, cerrando los ojos y echando la cabeza hacia atrás hasta golpear la pared con un poco de fuerza. Lo suficiente para que Emma se girara a verlo. Iba a decir algo, pero se quedó callada al recordar que, para el hombre que estaba sentado a su lado, ella no era más que una sustituta.

La clínica era modesta. Demasiado modesta. Eso encendió varias alertas en la mente de Emma.

¿Por qué habían traído al anciano a un lugar como ese? Con los recursos que tenían, podrían haberlo ingresado en la mejor clínica del país. Pero no. En su lugar, estaban allí, en un sitio discreto, casi clandestino.

Las dudas se acumularon en su cabeza, pero no tuvo tiempo de darles forma.

La puerta del consultorio se abrió y de allí salió una mujer rubia, joven y hermosa, con una expresión de desaprobación evidente en su rostro. Apenas puso un pie en el pasillo, su mirada se clavó en Ian con una mezcla de furia y resignación.

—No debiste traerlo aquí, Ian.

Su tono era frío, pero Emma notó la sombra de preocupación en sus ojos.

Ian se enderezó de inmediato.

—No confío en nadie más. Solo tú puedes salvar la vida de nuestro padre, Ellis. No entiendes que es imperativo que esté bajo tu cuidado. Si alguien se entera de que está en este estado, nuestros enemigos se moverán. No puedo dejar que lo toquen.

Ellis suspiró, agotada. Se cruzó de brazos y lo miró con dureza.

Uno de los motivos por los que había huido de la familia era para evitar justamente esto. Quería vivir su propia vida, una vida tranquila, lejos de la violencia, lejos de las sombras en las que los Spencer se movían.

—Atenderé a padre —dijo al fin, pero su voz sonaba más a un ultimátum que a una aceptación—. Pero no quiero volver a verte aquí.

Fue entonces cuando su mirada se deslizó hasta Emma, analizándola con un escrutinio feroz.

—Y mucho menos a ella.

Emma alzó una ceja con incredulidad antes de cruzarse de brazos.

—Mi lugar es donde mi esposo esté. Le guste a quien le guste.

Ellis la fulminó con la mirada, pero no perdió el control. Solo apretó la mandíbula y dirigió su atención de nuevo a Ian.

—Haz lo que quieras, pero mantenla fuera de mi camino.

Se giró sin esperar respuesta y desapareció por el pasillo.

El expediente de su padre estaba sobre el escritorio del módulo de enfermería. Ellis lo observaba sin realmente verlo, con los pensamientos girando en círculos peligrosos. Jessica, una de las enfermeras con las que mejor se llevaba, se acercó y le dio una caricia en la espalda.

—¿Qué pasa, Ellis? Luces frustrada.

Quería decirle la verdad. Decirle que la mujer que llevaba años fingiendo ser la doctora Harris no era más que una mentira bien construida. Que en realidad, era la hija de Maximilian Spencer.

La legítima heredera de un imperio de sangre.

Pero no podía.

—Nada, solo estoy agotada —respondió con voz neutra.

—Vete a descansar. Tu turno termina en diez minutos.

Ellis asintió sin ganas. No quería descansar. No podía.

La noche era fría cuando salió del hospital, sus pasos resonando en el pavimento del estacionamiento casi vacío. Pero no estaba sola.

Un coche negro con vidrios polarizados estaba estacionado cerca de la salida. Ellis lo reconoció de inmediato. Blindado, con seguridad privada apostada a su alrededor.

Uno de los coches de su padre.

Se detuvo. Observó por unos segundos a los hombres que custodiaban el vehículo. Sabía que estaban allí por una razón. Sabía que esto era solo el principio.

No importaba cuánto intentara huir. El pasado siempre la alcanzaba.

Sacó las llaves de su bolso y caminó en dirección contraria.

No tenía un apartamento a su nombre. No tenía un hogar real. Vivía en un hotel pequeño, en una habitación que había alquilado de manera permanente. La dueña, una mujer mayor con un corazón amable, la trataba con cariño.

Pero si supiera quién era realmente Ellis, ¿seguiría haciéndolo?

Era una pregunta que prefería no responder.

El sonido del teléfono la despertó de golpe.

Parpadeó, desorientada, y miró la pantalla.

Ian.

Se frotó los ojos antes de contestar.

—Dime.

—Tienes que venir a la lectura del testamento.

Ellis se incorporó en la cama, sintiendo una punzada de ira.

—No voy a hacerlo.

—No puedes huir de lo que eres.

Sus palabras fueron un golpe bajo.

—¿Sabes qué es lo peor, Ian? Que ni siquiera querías este puesto. Lo querías hasta que descubriste que papá no te lo dejó a ti.

Hubo un silencio.

—Esto no es un juego, Ellis. No se trata de lo que quiero. Se trata de lo que debemos hacer para sobrevivir.

Ellis rió, pero su risa no tenía alegría.

—¿Sobrevivir? Ian, he estado sobreviviendo desde que tengo memoria. Y tú fuiste parte de eso. ¿De verdad quieres que regrese a esa vida?

—Quiero que aceptes lo que eres.

Ella cerró los ojos con fuerza.

—No soy una Spencer. No más.

Otro silencio.

Ian suspiró.

—Buenas noches, Ian.

Colgó antes de que pudiera insistir.

Pero algo le decía que esto no había terminado.

Continue lendo no Buenovela
Digitalize o código para baixar o App

Capítulos relacionados

Último capítulo

Digitalize o código para ler no App