Capítulo 349
Después de que Emma finalmente se entregara al sueño, eran ya cerca de las nueve. Ana estaba por sumergirse en un baño reparador cuando la figura de María se recortó en la oscuridad de la noche. Desolada, apenas visible bajo el manto estelar, Ana no dudó en invitarla a entrar, preguntándole en un susurro:

—¿A qué se debe tu visita a esta hora?

La voz de María, quebrada por el llanto, apenas logró articular después de un instante, mientras sus ojos, rojizos e hinchados, revelaban su tormento:

—¡Me he encontrado con Pablo esta noche!

Ana, impactada, tardó unos segundos en reaccionar. Luego, con serenidad, guio a María hacia el salón, ofreciéndole una toalla tibia para que se secara las lágrimas.

Atrapada por la ansiedad, María se aferró a Ana, confesándole entre murmullos:

—Ana, me aterra que Pedro descubra mi pasado, que le importe demasiado.

Había revelado a Pedro sus antiguas relaciones, incluso un aborto, pero nunca mencionó a Pablo por su nombre. El simple hecho de que María evocara
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