Capítulo 353
Ana se preguntó brevemente el motivo de su agradecimiento, hasta que comprendió: le agradecía por no haber extendido su resentimiento hacia Emma, permitiendo que la niña lo tratara con cariño. Por un instante, Ana se sumergió en la melancolía.

Habló con voz suave:

—Cuando me la llevé, prometí enseñarle a amar y a encontrar la felicidad.

Y agregó:

—Ella es mi hija, no es un medio para un fin.

Mario no añadió nada más. Sentado en el auto, con el semblante tenso, Emma trató de dibujarle una sonrisa con su dulce vocecita:

—¡Papá, sonríe!

Mario le concedió una sonrisa. Emma también sonrió, sus pequeños dientes de leche brillando, tan parecidos a los de Ana cuando era niña. Mario se embargó de nostalgia.

Pensaba en cómo, si no hubiera sido tan imprudente en el pasado, su familia estaría ahora completa, sin necesidad de “compartirla” con nadie más… De repente, lanzó la pregunta:

—¿Es buena la vida en Ciudad BA?

Ana confirmó con la cabeza:

—Sí, bastante buena.

Luego, el silencio volvió a reina
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