Alex.
Entré a la oficina de Ashley y di un portazo, estaba furioso, no era posible que esa chica se hubiese atrevido a rechazarme, a mí, que jamás tuve alguna negativa por parte de ninguna mujer. —Me rechazó Ashley, esa mujer se atrevió a decirme que no, tú me dijiste que reunía Las características de la chica que necesito para casarme, ¿cómo pudiste equivocarte?—Le dije a mi asistente echando chispas por los ojos. —Lo lamento Alex, parecía una chica dócil, jamás imaginé que pudiera rechazar tu propuesta, pero debes entenderlo, no todas las personas son movidas por el dinero y la ambición, tal vez ella sea diferente. —No me interesan los escrúpulos tontos, sabes que necesito con urgencia encontrar una esposa, mi abuelo me dio un ultimátum, y ya lo conoces, sabes que sus amenazas no son en balde. —A lo mejor cambia de parecer, ¿quieres que le llame para intentar convencerla? Dijo Ashley tratando de tranquilizarme. —no, no quiero que hagas nada, le daré hasta mañana, estoy seguro que me llamará. Realmente no podía tener seguridad de lo que estaba diciendo, ella era tan distinta a todas las demás, que no tenía idea de lo que podía esperar, sus ojos negros y expresivos se clavaron en mi cabeza, y la imagen de esa belleza exquisita no me abandonaba, ¿qué me estaba pasando?, No era posible que una joven pudiera cautivarme de esa manera, necesitaba con desesperación verla una vez más, convencerla a toda costa de qué se casara conmigo, tal vez eso no sería un matrimonio por amor, pero quién sabe, en el trayecto al menos podría estar cerca de ella, tocarla, besarla, respirar el Dulce aroma de su perfume, estaba hecho una furia, la frustración y el coraje combinado con la gran obsesión que se me había formado hacia Elizabeth consiguieron sacarme de mis cabales. —no quiero que nadie me moleste Ashley, no estoy para nadie, cancela todas mis citas, necesito pensar, voy a salir un rato, quiero tomar aire. Elizabeth. Caminé por largo rato, y cuando por fin pude llegar a mi casa, subí corriendo las escaleras y me quité esos tacones qué resultaron todo un tormento, todavía tenía la sensación en mis labios del beso que me robó Alex, no entendía que me estaba sucediendo, y por qué no podía apartar a ese chico de mis pensamientos, además estaba lo que me dijo, me propuso matrimonio sin conocerme, no pude evitar imaginarme cómo sería mi vida junto a él, si tan solo ese matrimonio pudiese ser por amor, todo sería tan distinto, pero que estaba pensando, aquello no ocurriría ni en mis mejores sueños, él era un mujeriego, y si se atrevió a proponerme semejante cosa es porque debió tratarse de una situación desesperada. Cuándo por fin logré despejarme un poco, me cambié de ropa y me dirigí al cuarto de mi abuelita, seguramente al verla ese torbellino de emociones que llevaba en mi interior se disiparía al menos un poco, pero cuál sería mi sorpresa, al abrir la puerta, me encontré con un panorama desolador, su silla de ruedas no estaba, pensé lo peor, mil cosas llegaron a mi cabeza, abrí los cajones Y con tristeza descubrí que sus cosas no se encontraban allí. Papá, papá, papá, lo llamaba una y otra vez con desesperación, mi corazón latía a mil por hora, y parecía que se me iba a salir del pecho, Sentía arder mis mejillas, jamás había experimentado semejante rabia, no podía creer que un padre pudiese hacerle algo así a su propia madre, al ser que le dio la vida. —dime por favor que no te atreviste a llevarla a ese lugar, vamos papá, responde ¿tú no fuiste capaz de hacerlo verdad?. —sí, lo hice, tu abuela era un estorbo, Y ni tú ni yo podemos cargar con ella, Respondió con cinismo y sin ningún remordimiento. —eres un ser despreciable papá, no entiendo como mamá pudo amarte tanto, eres un monstruo capaz de las peores bajezas, sabes que mi abuelita es lo más preciado que tengo en la vida y te atreviste a separarme de ella, te odio papá, te odio, le grité enfurecida. —cómo te atreves a hablarme de esa manera, dijo mientras abofeteaba una y otra vez mi rostro. —Esta es mi casa y yo hago lo qué se me da la gana, mi madre es una vieja decrépita, y yo no pienso pasarme la vida cuidándola, y tú, deja de ser tan estúpida, además ya tengo otros planes para ti, por ahora lárgate a tu cuarto, me enferma verte, decía mientras me zarandeaba. Salí corriendo, me sentía presa del miedo y la desesperación, temía nunca volver a ver a mi abue, y eso sería lo peor que pudiera sucederme, cerré la puerta de mi habitación con llave, y luego me tiré en la cama, Las lágrimas salían a borbotones empapando las sábanas, había un terrible dolor dentro de mi, en muy poco tiempo estaba perdiendo a las dos personas que más me importaban, mi madre estaba muerta, y mi abue era lo único que me quedaba, cuando logré tranquilizarme un poco las palabras de mi padre vinieron a mi cabeza, ya tengo otros planes para ti había dicho, ¿qué significaría aquello?, Nada bueno seguro, El terror se apoderó nuevamente de mí, era casi seguro de qué su mente ya tramaba un maquiavélico plan, El cual sólo me traería dolor. Necesitaba que aquel terrible día por fin terminara, lloré hasta que me quedé sin lágrimas, el cansancio me venció y por fin pude quedarme dormida, y entre sueños lo vi a él, era Alex con esa sonrisa deslumbrante extendiéndome sus brazos, fue así como desperté y una idea se dibujó en el horizonte. Alex. —Vaya, hasta que por fin llegas, ¿Se puede saber dónde te habías metido?, Espero que ya tengas a una prometida que presentarme,, No me decepciones Alex, siempre he confiado en ti, no me obligues A dejar de hacerlo, dijo mi abuelo desafiante. Sabía que él no tendría mucha paciencia, y eso me desesperaba aún más, lo que estaba en juego era de suma importancia, y me podría cambiar la vida, ella lo significaba todo para mí, y el solo hecho de pensar que algo o alguien pudiera lastimarla me destrozaba por completo. —Te aseguro que te sorprenderás abuelo, le contesté altivo, es una belleza, la nieta perfecta para ti. —Eso espero, ojalá que no me decepciones como lo hizo tu Madre. Sus palabras estaban llenas de crueldad, eran como látigos lacerando mi piel, en ese momento hubiese preferido que me golpeara hasta asesinarme, no soportaba que hablara mal de ella, pero no podía hacer nada, estaba con las manos atadas y sólo me quedaba obedecer y seguirle el juego. Mi despiadado abuelo se marchó, y cuando me quedé en silencio salí a la terraza para contemplar la vista panorámica que siempre me tranquilizaba, pero fue en vano, ya que la imagen de Elizabeth seguía torturándome, veía su encantadora sonrisa en todos lados, su olor tan particular me llegaba como oleada de aire fresco, recordando mi fracaso al intentar convencerla de qué aceptara mi propuesta. Esa situación sin duda me estaba cansando, y tenía que hacer algo al respecto, cuándo me disponía a llamar a Ashley, mi teléfono móvil sonó, se trataba de un número desconocido así que me dispuse a contestar si mucho ánimo, no podía creer cuando escuché la voz al otro lado del teléfono. —Señor Turner, Habla Elizabeth. Cuándo escuché su nombre, sentí que el corazón se me iba a salir del pecho de la emoción, pero decidí actuar con cautela y no demostrarle lo que estaba sintiendo. —Vaya señorita Jones, me alegra escucharla, pensé que su decisión era definitiva, le contesté con aires de superioridad, Dígame, ¿lo ha pensado mejor y decidió aceptar mi propuesta?. Deseaba con toda mi alma que me dijera que sí, que se casaría conmigo, que sería mi esposa aún cuando todo aquello se tratara de un absurdo contrato, no me importaba nada en ese momento, sólo Ella y lo que pudiese decirme. —Alex, ¿podríamos quedar para vernos?—.Elizabeth.Corté la comunicación con Alex, no podía creer que me hubiese atrevido a llamarlo después de haberle dicho qué su propuesta no me interesaba para nada, pero me encontraba en una situación desesperada y era necesario tomar cartas en el asunto antes de qué las cosas se pusieran peor para mí, mi malvado padre ya había sacado a la abuela de casa, Y quién sabe lo que pretendía hacer conmigo, Cada vez que él amenazaba había que tener mucho cuidado, pues sus planes tenían la cualidad de ser letales para quien se viera afectado, y en este caso era yo, me atormentaba El no saber nada de la abuela, seguro estaría muy triste y desilusionada, Y como no estarlo si su propio hijo había sido capaz de semejante bajeza. Por fin me decidí a salir de mi habitación, me daba miedo hacerlo pero debía comportarme de manera normal antes de huir de ese lugar, mi padre no podría sospechar nada, ya que si lo hacía evitaría a toda costa mi partida, avancé sin hacer ruido, cuándo de pronto escuché la v
Elizabeth. Papá me estaba llamando a los gritos, se escuchaba muy enojado y a mí me entró el pánico. Desde que murió Mamá, él se volvió muy explosivo; cualquier cosa lo irritaba y hasta el más mínimo detalle era el detonante para que su furia se hiciera presente.Tristemente, me estaba acostumbrando a esa situación, pero no mi abuela. Ella sufría al verlo en ese estado. Pues, aún con todos sus defectos, se trataba de su hijo, y le dolía ver cómo el odio lo consumía poco a poco, y más aún que quisiera desquitarse con nosotras por ese cúmulo de emociones que llevaba en su interior.—Elizabeth, ¿hasta cuándo te quedarás en la casa sin hacer nada? Es tiempo de que te busques un trabajo. Sabes que mis ahorros están agotando; ya casi no me queda nada de la liquidación. Bastante tengo con ocuparme de tu abuela. Si no me ayudas, tendré que llevarla a un asilo de ancianos —dijo.—No puedes hacer eso, papá. Sabes que si la sacas de su casa, la llevarás a la muerte —le dije con lágrimas en los