La tormenta afuera golpeaba con fuerza contra las ventanas, pero dentro de la casa, la verdadera tormenta estaba en la sala.—¡No, Nico, suéltalo! —Vanessa corrió tras el perro, que había robado una de sus telas y la sacudía como si fuera su juguete favorito.Alexandro, aún con la camisa a medio abrochar tras la sesión de medidas, se apoyó en el marco de la puerta con los brazos cruzados, disfrutando del caos con una sonrisa arrogante.—Bueno, técnicamente, es un modelo en movimiento —comentó, divertido.Vanessa le lanzó una mirada fulminante antes de girarse hacia Nico.—¡Dámelo, bebé, no es para jugar!Nico, lejos de ceder, salió disparado con la tela en la boca, corriendo en círculos como si se tratara de un juego de persecución.—Por Dios… —Vanessa suspiró, agotada.—Déjame intentarlo —dijo Alexandro, avanzando con seguridad. Se agachó frente a Nico, le rascó detrás de las orejas y, con un tono de voz bajo y persuasivo, ordenó—: Suelta, campeón.Para sorpresa de Vanessa, Nico obed
La oficina estaba más ajetreada que nunca. Con la llegada de nuevos empleados y la expansión de proyectos, Montenegro Luxe se sentía como un hervidero de creatividad y competencia.Vanessa caminaba por los pasillos con su tableta en mano, revisando los ajustes finales de su colección. Su atención estaba en los detalles… o al menos, lo intentaba.Porque a unos metros de ella, una nueva diseñadora, Valeria, estaba demasiado cerca de Alexandro.Demasiado cerca para su gusto.—Es un placer trabajar aquí, señor Montenegro —dijo Valeria con una sonrisa brillante, inclinándose apenas para tocar su brazo—. Admiro muchísimo su visión para la moda.Vanessa entornó los ojos.—Visión mi abuela… —murmuró entre dientes.Mariana, que caminaba a su lado, la miró divertida.—Uy, alguien tiene el ceño más fruncido que Alex cuando le bajan el espresso descafeinado.—¿Yo? Para nada. Solo me sorprende que haya gente tan… ¿cómo decirlo? Entusiasta en su primer día.—¿Entusiasta o coqueta?Vanessa resopló y
Al día siguiente... El apartamento de Sofía estaba iluminado con luces cálidas y olía a palomitas de maíz recién hechas. La mesa de centro estaba repleta de snacks, botellas de vino y un par de revistas de moda abiertas al azar. Nico estaba cómodamente echado sobre la alfombra, con la cabeza apoyada en el regazo de Vanessa, mirándola con ojos de súplica cada vez que ella tomaba un trozo de pizza.—No, Nico —dijo, dándole un toquecito en la nariz—. Esta es mía. Vanessa llevó a Nico con sus amigas para no dejarlo solo en casa ya que Alex aún estaba trabajando. —Yo no sé para qué le dices que no —intervino Mariana, riendo—. Sabemos que vas a terminar dándole un pedazo.—No es cierto —protestó Vanessa, pero en cuanto miró esos ojos café llenos de esperanza, suspiró y le dio un trocito de la orilla.Sofía bufó y negó con la cabeza.—Tienes cero autoridad con ese perro.—Ni con el perro ni con cierto jefe en traje caro —añadió Mariana con picardía, dándole un sorbo a su copa de vino.V
La música del bar se filtraba entre risas y conversaciones animadas, creando el ambiente perfecto para una charla entre viejos amigos. Damián y Alexandro se sentaron en un rincón apartado, rodeados de luces tenues y el murmullo de fondo.Aunque la atmósfera era relajada, la tensión en el aire no podía disimularse.Alexandro tomó un sorbo de su trago sin apartar la vista de la barra. Su expresión era inescrutable, pero Damián, siempre perceptivo, lo observaba con una sonrisa juguetona.—Tienes cara de no haber dormido en toda la semana, amigo —dijo Damián con una risita mientras giraba su copa entre los dedos.Alexandro resopló, apoyando un codo en la mesa.—No es solo eso —respondió sin demasiado entusiasmo.Damián arqueó una ceja, adivinando la causa de su malhumor.—¿No me digas que es por Vanessa?Alexandro lo miró fijo antes de soltar una risa seca.—¿Tú crees que soy idiota? Es obvio que te has dado cuenta. Pero no es solo eso. Es... complicado.Damián sonrió con picardía.—Compl
El sofá estaba demasiado cómodo para que cualquiera de los dos se despertara rápidamente. Nico estaba acurrucado en los pies del sofá, como si tuviera la misma misión que ellos: mantenerse en su propio pequeño rincón.Vanessa despertó primero, aunque aún estaba medio dormida. Abrió los ojos lentamente, sintiendo una calidez inesperada a su lado. Al mover un poco la cabeza, se dio cuenta de que Alexandro estaba justo allí, abrazándola. La cercanía, el calor de su cuerpo, la hizo sentir algo dentro que no sabía cómo describir.Con cuidado, se deslizó fuera del sofá, intentando no despertarlo. Se dirigió a su habitación para darse una ducha rápida y vestirse. Cuando bajó las escaleras con el cabello húmedo y su bata de baño , un aroma delicioso la envolvió.Entró a la cocina y se detuvo en seco.Alexandro estaba allí, sirviendo café con una expresión relajada, vestido únicamente con una bata de baño entreabierta que dejaba ver parte de su torso.Vanessa tragó saliva y desvió la mirada rá
En la oficina, la pasarela para el desfile de los pasantes estaba en proceso de montaje, los modelos llegaban para pruebas de vestuario, y los diseñadores corrían de un lado a otro, ajustando telas y ultimando detalles. Vanessa, Mariana y Sofía estaban en la cafetería de la empresa, disfrutando un café mientras intentaban no dejarse llevar por el estrés del evento. —A ver, Vane —comenzó Sofía, apoyando los codos en la mesa y mirándola con picardía—, ya nos diste un adelanto por mensajes esta mañana, pero quiero detalles. ¿Cómo es eso de que te despertaste abrazada a Alexandro? Mariana, con una sonrisa traviesa, se inclinó hacia adelante. —Sí, sí, sí. Y más importante... ¿Hubo besos? Vanessa tomó un sorbo de su café, como si eso le diera tiempo para pensar su respuesta. —Pues… —intentó sonar indiferente, pero el rubor en sus mejillas la delató—. Nos quedamos dormidos hablando en el sillón. Y sí, nos despertamos abrazados… con Nico a nuestros pies. Sofía ahogó un gritito em
En Montenegro Luxe los Modelos, diseñadores y pasantes iban de un lado a otro ultimando detalles para el desfile de la noche. Vanessa supervisaba su equipo con energía, asegurándose de que cada pieza estuviera en su punto. Sofía y Mariana la ayudaban, revisando ajustes en los vestidos y dando órdenes. —¡Que no se les olvide el cambio de luces en la última salida! —exclamó Vanessa, revisando su tablet—. Y Mariana, ¿puedes verificar que los zapatos de la modelo principal sean los correctos? No quiero accidentes en la pasarela. —Voy, jefa —respondió Mariana con una sonrisa burlona antes de desaparecer entre el equipo. Sofía se acercó a Vanessa con una taza de café en la mano. —Bueno, ¿y el jefe? —preguntó con picardía—. Porque sabemos que le encanta tener el control, pero hoy ha estado bastante calladito. Vanessa resopló, dándole un sorbo a su café. —No tengo idea. Lo que Vanessa no sabía era que Alexandro estaba en su oficina, con Damián, completamente sumido en un dilema emocio
La celebración tras el desfile había sido un caos alegre, con risas, aplausos y conversaciones sobre los éxitos de la noche. Vanessa estaba agotada, pero feliz. Se había dado cuenta de que todo el esfuerzo valió la pena cuando vio las sonrisas de los asistentes y los comentarios positivos sobre su trabajo. Mientras estaba en el vestuario, revisando algunos detalles finales, su teléfono vibró sobre la mesa. Era un mensaje de Mariana: "¡Lo hiciste increíble! Ya te estamos esperando para la fiesta. ¡Nos vemos pronto!" Vanessa sonrió, pero antes de responder, su mirada se desvió hacia el ramo de flores que descansaba sobre la mesa. Era un arreglo impresionante de rosas rojas, lirios blancos y algo de verde ornamental. No era algo que esperara recibir esa noche. Se acercó, curiosa, y vio que venía con una tarjeta. La tomó y leyó la nota en letra cursiva: “Vanessa, mi más sincera admiración por tu talento y trabajo. Sería un honor poder conversar más sobre el futuro de la moda. Acepta