El tiempo pasó rápidamente, y Vanessa se encontraba en los últimos meses de su embarazo. Su vientre redondeado era el testimonio del amor entre ella y Alexandro, quien estaba completamente cautivado, pero también al borde de la locura con sus cambios de humor y antojos impredecibles.—Montenegro, necesito helado de pistacho con papas fritas —exigió ella, mientras se acomodaba en el sofá con Nico echado a su lado.Alexandro, que acababa de llegar del trabajo, la miró con una mezcla de ternura y resignación.—Nena, es la tercera vez en la semana que me mandas a buscar esa combinación…—¡Pero lo quiero ahora! —Vanessa hizo un puchero, cruzándose de brazos.Él suspiró, pero no pudo evitar sonreír. La amaba, con todo y sus locuras hormonales. Se inclinó, besando su frente antes de salir de nuevo en busca de su antojo.Mientras tanto, en la empresa, todo marchaba a la perfección. La nueva línea de ropa para maternidad había sido un éxito rotundo. Vanessa, Mariana y Sofía se encargaron de di
El baby shower de Mia estaba en su punto máximo. El jardín de la casa que unió a Vanessa y Alexandro estaba decorado con luces cálidas, arreglos florales y una mesa repleta de postres delicadamente preparados. Amigos y familiares reían, disfrutaban del evento y compartían anécdotas mientras Mariana cargaba a Mathias, su pequeño de un mes, que dormía plácidamente en sus brazos.—No puedo creer que ya seas mamá —dijo Sofía emocionada mientras acariciaba la cabecita del bebé—. Y pensar que en cualquier momento será el turno de Vanessa.—Vanessa tiene que sobrevivir primero a sus antojos, hormonas y a un Alexandro que la consiente demasiado —bromeó Damián, haciéndolos reír.Alexandro, parado junto a Vanessa, le ofrecía un plato con fresas cubiertas de chocolate. —¿Segura que no quieres otra cosa, nena? ¿Un helado? ¿Unas papas con chocolate? Lo que sea, lo consigo.—Deja de consentirla tanto, hermano, que luego no te dejará respirar —comentó Damián, recibiendo un codazo de Mariana.Vanessa
El hospital era un completo caos.Alexandro, con el rostro pálido y las manos temblorosas, caminaba de un lado a otro mientras Vanessa intentaba respirar entre contracción y contracción. Sofía y Mariana trataban de calmarlo, aunque ellas mismas estaban al borde de un ataque de nervios.—Montenegro, si sigues caminando así vas a hacer un surco en el piso —bromeó Vanessa entre jadeos, intentando aliviar la tensión.—¡¿Cómo puedes estar bromeando ahora?! —explotó Alex, con los ojos desorbitados, pasándose una mano por el cabello ya despeinado.—Porque alguien tiene que hacerlo —respondió ella con una sonrisa débil—. Y porque si me estreso más, esta niña va a nacer con cara de enojo.Damián, con Mathias dormido en sus brazos, observaba la escena con una risa divertida.—Tranquilo, hermano. Solo tienes que aguantar las próximas horas y ya. Fácil —dijo con un tono burlón.—¡¿Fácil?! —Alexandro casi lo estrangula—. ¡Mi mujer está a punto de dar a luz!—Oh, ahora sí soy tu mujer, ¿eh? —Vaness
El día que Vanessa y Alexandro se cruzaron por primera vez comenzó como cualquier otro. Para él, la rutina estaba perfectamente programada, sin espacio para imprevistos. Para ella, la vida era un torbellino de proyectos, plazos y una agenda que parecía desmoronarse cada día. Aquella tarde, en una elegante cafetería del centro, todo cambió. Alexandro Montenegro estaba allí, impecable como siempre. Su traje azul oscuro estaba hecho a la medida, resaltando su imponente figura. Alto, de hombros anchos y porte autoritario, exudaba poder con cada movimiento preciso. Su cabello oscuro estaba perfectamente peinado hacia atrás, sin un solo mechón fuera de lugar, y sus ojos grises reflejaban el mismo control absoluto que aplicaba en su vida. Esperaba su café mientras revisaba su teléfono, la mandíbula tensa y la mente en otro negocio millonario. La puntualidad era su sello, la eficiencia su regla de oro. Nunca se permitía distracciones. Hasta que ella apareció. Vanessa entró apresur
El tiempo pasó. Para Alexandro, fueron meses de negociaciones, números y reuniones interminables. Todo en su vida continuó con la misma estructura impecable. Para Vanessa, en cambio… Bueno. Su vida siguió siendo un torbellino de caos. En los últimos meses, había sobrevivido a plazos imposibles, a un profesor que parecía alimentarse del sufrimiento de sus alumnos y a un gato callejero que decidió que su departamento era el mejor lugar para vivir (a pesar de que ella era alérgica). Ah, y también había derramado café sobre tres personas más. Ninguna tan imponente como el hombre de la cafetería, claro, pero su historial con las bebidas calientes definitivamente necesitaba revisión. Afortunadamente, el caos también tenía sus victorias. Y su mayor triunfo fue haber conseguido su pasantía en Montenegro Luxe, la marca de moda de lujo más prestigiosa del país. Lo que no sabía era que, con esa oportunidad, también estaba a punto de enfrentarse a su mayor desafío. Y a su mayor ver
El destino tenía un sentido del humor retorcido. Alexandro lo supo en cuanto Damián, su abogado y mejor amigo, le entregó los documentos en la sala de su casa. —Esto tiene que ser una broma —dijo, frotándose las sienes mientras leía el testamento por tercera vez. —No lo es —respondió Damián, sirviéndose un whisky con calma—. Según esto, la casa de tus abuelos y una parte de las acciones de Montenegro Luxe ahora son compartidas. Mitad tuyas, mitad de ella. Alexandro exhaló con frustración. —Esto no tiene sentido. ¿Por qué harían algo así? Damián se encogió de hombros. —Quizás querían unir sus dos mundos. O tal vez simplemente querían ver cómo te volvías loco. —Lo están logrando. Desde que Vanessa había entrado a la empresa como pasante, Alexandro la había observado de lejos, tratando de encontrar la conexión que su abuelo vio en ella. La niña que había conocido años atrás… la nieta de su abuelo. Pero ahora, esa misma niña se había convertido en una mujer que lo ten
Vanessa se despertó con la garganta ardiendo, la cabeza pesada y la nariz tapada. Genial. Un resfriado. Justo el día de su presentación ante la junta directiva. —Perfecto, simplemente perfecto —murmuró con voz ronca, sentándose en la cama. No tenía tiempo para estar enferma. Hoy era el día. Su oportunidad para demostrar que su talento y esfuerzo valían la pena. Así que, con un par de tazas de té, una ducha caliente y toneladas de determinación, se puso de pie. Y decidió que si iba a sentirse como un desastre, al menos iba a lucir espectacular. --- Mientras repasaba su presentación, sacó un viejo cuaderno de bocetos del fondo de la caja de sándalo que perteneció a su madre. El aroma a madera y recuerdos la envolvió mientras pasaba las páginas con delicadeza. Al abrir la primera, contuvo el aliento. Junto a la firma de su abuela Isabel, había un dibujo de un vestido rojo con una nota en el dobladillo: "Diseñado para el desfile de Luciano, 1969. Siempre te debo una pasarela."
Capítulo 5: Un Acuerdo y una Enferma RebeldeEl éxito de su presentación fue rotundo, pero Vanessa no tuvo mucho tiempo para celebrarlo. Apenas terminó la reunión, sintió que el cuerpo le pesaba como si hubiera corrido un maratón. La fiebre la estaba golpeando con fuerza.—¡Lo hiciste increíble! —exclamó Sofía emocionada cuando salieron de la sala de conferencias—. Pero, amiga… pareces a punto de colapsar.—No exageres. —Vanessa se apoyó contra la pared, intentando disimular el temblor en sus piernas.—No está exagerando —intervino una voz grave y autoritaria detrás de ellas.Vanessa cerró los ojos por un segundo. Claro. Porque si su día no podía ponerse peor, Alexandro tenía que aparecer con su mirada evaluadora y su ceño fruncido.—Estoy bien —repitió ella, aunque su nariz congestionada la traicionó, haciéndola sonar como un gato resfriado.Alexandro cruzó los brazos, analizándola de arriba abajo.—Durand, pareces a punto de desmayarte. No seas terca.Vanessa bufó y, con su último a