(PARK ETHAN)
La misma tormenta que se estaba desatando en el exterior, la lluvia comenzó a caer con fuerza. El sonido del teléfono me sacó de mis pensamientos. Era Yu-jin. Me dijo que era imposible viajar con la tormenta y la cantidad de fans afuera, que aprovechará el tiempo con ella y que la vuelva invitar a los eventos con la banda. «Maldición. Esto es lo que me faltaba. Estar atrapado aquí con ella. Con la mujer que me miente, con la mujer que me… confunde.»
Salí del baño, secándome el pelo con una toalla, y la vi sentada en el sofá. «Sigue aquí. Atrapada conmigo. Por la tormenta. Por el destino. O por lo que sea.» La miré a los ojos, sintiendo una mezcla de frustración y resignación.
—Bien —dije al colgar, volviéndome hacia ella—. Parece que no te irás a ningún lado esta noche, se te cumplió lo que querías, Ariana —enfatice su nombre con sarcasmo, dejando caer los hombros con un suspiro de cansancio. «¿Qué voy a hacer ahora? ¿Cómo voy a pasar esta noche con ella?».
Evité su mirada, fijándola en un punto indefinido de la habitación. No quería ver la tristeza o el reproche en sus ojos. «No puedo darle lo que quiere. No puedo corresponder a sus sentimientos. No puedo romper este contrato. No puedo… perdonarla.»
Luego la vi salir del baño con uno de mis pantalones puestos y mi camiseta cubriéndola a duras penas. La luz del baño la iluminaba desde atrás, delineando sus curvas a través de la fina tela blanca. «Joder…». Aparté la mirada de inmediato, sintiendo un calor subir por mi cuello. «No puedo mirarla así. No puedo permitirme desearla después de lo que ha hecho.»
Pero entonces, la vi regresar al dormitorio y meterse en la cama, dándome la espalda. «¿Qué está haciendo? ¿Acaso piensa dormir aquí? ¿Después de todo lo que ha pasado?». Una oleada de ira y confusión me invadió. «No puedo. No puedo compartir la cama con ella. No después de lo que ha hecho. No después de lo que siento.»
Pero entonces, una extraña sensación me invadió. Una sensación que no podía explicar. A pesar de la rabia, a pesar del dolor, a pesar de la traición, no podía soportar la idea de que estuviera lejos de mí. «¿Por qué me cuesta tanto estar lejos de ella? ¿Por qué me afecta tanto su presencia? Si todo esto es una farsa… ¿por qué me duele tanto?».
Sin pensarlo más, rodeé su cintura con mi brazo y la atraje hacia mí. Su cuerpo se tensó al instante, pero no se resistió. La sentí respirar agitadamente contra mi nuca. «Joder… se siente tan bien tenerla cerca… incluso después de todo.»
—¿Esto es lo que quieres, Ariana? —susurré en su oído, sintiendo mi voz temblar ligeramente. «¿Por qué le pregunto esto? ¿Qué estoy buscando? ¿Su confirmación? ¿Su rechazo?». —Está bien. Vamos a jugar.
«Un juego peligroso. Un juego que nos va a lastimar a los dos. Pero no puedo evitarlo. Necesito saber hasta dónde está dispuesta a llegar. Necesito saber si lo que siento es real, o si solo es una consecuencia más de esta maldita farsa.»
—¿A qué? —su pregunta me incordió, más al ver esa marca rojiza cerca de la parte de atrás de su oreja, como si la hubiesen marcado. «Maldita sea. ¿Quién se atrevió a…?». La bilis me subía por la garganta. ¿Quién le había hecho eso? La posesividad me quemaba por dentro. «Es mía. Ella es mía.» —. ¿Qué quieres decir?
—No lo sé, ¿tú qué crees? —sentencié antes de que mis labios, traicioneros, buscaran los suyos en un beso lleno de deseo, un deseo oscuro y retorcido que se mezclaba con la rabia por dejarme llevar. «No debería estar haciendo esto. Debería alejarla. Pero no puedo. La necesito. La deseo.» Este beso era una confesión tácita, una rendición momentánea a la atracción que sentía por ella. «¿Por qué me haces esto, Ariana? ¿Por qué me confundes de esta manera?».
Besé sus labios con fuerza, mordiendo su labio inferior con ganas, apenas dibujando una sonrisa cuando escuché un quejido salir de sus labios. «Me gusta esto. Me gusta tenerla así, bajo mi control. Aunque sea por un instante.» Mis manos recorrieron la tela de mi camiseta que ella llevaba puesta, subiéndola muy sutilmente, jugando con los pliegues de la tela mientras mis labios succionaban esas marcas de su cuello, apropiándome de ella. «Soy el único que puede hacer esto. Solo yo. Nadie más. Esa marca… la borraré. La haré mía.» Pensé mordiendo su piel, escuchándola en una sinfonía de deseo que me erizaba la piel. «Su aroma… su sabor… me está volviendo loco.» Mi corazón latía desbocado, un tambor resonando en mi pecho, pero mi deseo latente orilló a una de mis manos a introducirse entre sus muslos, acariciando el interior como si quisiera ir más allá, como si necesitara marcarla también, pero sin atreverme a tocarla de más. «No puedo cruzar esa línea. No todavía. No hasta que entienda qué está pasando entre nosotros.»
—Hazlo —suplicó ella, con la voz entrecortada. «Maldita sea. Me está tentando. Me está poniendo al límite.» Y yo bajé mis besos por encima de la tela, sin subirla de más, sin deseo de verla más allá de lo que me permitía esa fina barrera. «No quiero verla desnuda. No quiero verla vulnerable. No quiero aprovecharme de esta situación.» —¡Por favor! —termino gritando haciéndome entrar en razón.
—¡No! —Exclamé, separándome bruscamente de ella. «No puedo seguir con esto. Me estoy perdiendo a mí mismo. Me estoy dejando llevar por el deseo, olvidando la razón.» La solté sintiendo como mi corazón me gritaba que fuera por más, mi cuerpo magnetizándose al suyo, pero me resistí. «Tengo que parar esto. Tengo que alejarme. Antes de que sea demasiado tarde.» Aunque mi deseo por ella se notaba despiadadamente. Mi respiración era agitada, mis manos temblaban, y la necesidad de volver a besarla me quemaba por dentro. Pero me contuve. «Tengo que ser fuerte. Tengo que ponerle fin a esto.»
—¿Por qué? ¡Tú también lo quieres! —me recriminó, con los ojos llenos de confusión y… ¿deseo? «Lo sé. Lo sé que lo quiero. Pero no puedo tenerla. No de esta manera. No después de lo que ha pasado.»
—¿Yo? No. No soy tan fácil como aquel que te marcó —siseé imprudente, sorprendiéndome a mí mismo por lo celoso que me sentía. «Maldita sea. No debí decir eso. Pero no puedo evitarlo. Me duele. Me duele saber que otro hombre la ha tocado.» El veneno de los celos me recorría las venas, tiñendo mis palabras de amargura y desprecio. «No soy como él. Yo no la usaría. Yo no la lastimaría de esa manera.» —Esto se acabó —dije con firmeza, dándome la vuelta y alejándome de ella. Necesitaba espacio. Necesitaba aire. Necesitaba alejarme de su aroma, de su tacto, de su maldita presencia que me descontrolaba por completo. «No puedo seguir con esta farsa. No puedo seguir mintiéndome a mí mismo. Tengo que alejarme de ella. Antes de que me destruya por completo.»
(PARK ETHAN)La vi moverse. Lentamente, gateando por la cama hacia mí, como una felina cautelosa. «¿Qué pretende ahora? ¿No se da cuenta de que esto es una tortura para mí?». Suplicó, con la voz rota y los ojos llenos de lágrimas que me quemaban más que cualquier insulto.—Por favor… no te vayas —Su voz era un hilo de voz, cargado de desesperación—. No hice nada. Te lo juro. No estuve con nadie.«Miente. Puedo olerlo. Puedo sentirlo.» La rabia volvió a rugir en mi interior, amenazando con consumirme. «¿Cree que soy estúpido? ¿Que no me doy cuenta de lo que pasó?».—¡Te olí! —Le grité, incapaz de contenerme más. La furia me cegaba, haciendo que mis palabras salieran como dagas envenenadas—. ¡Apestabas a alcohol con esa mezcla barata de mi perfume!Su rostro se contrajo ante mis palabras, y una mueca de dolor se dibujó en sus labios. «Sé que la estoy lastimando. Pero no puedo evitarlo. Necesito que entienda la magnitud de su error.»—Por favor… escúchame… —Volvió a suplicar, acercándose
(PARK ETHAN)«Solo hablaron. Claro. Como si eso fuera posible. Como si pudiera creer que dos personas se acercan tanto como para dejar una marca así sin que pase nada más.» La incredulidad se transformó en desprecio. «Me toma por idiota.»—Vete, Ariana —dije con voz fría y distante, apartando la mirada de su rostro—. Vete y déjame en paz. Ya no quiero verte.—¡No me voy a ir! —su insistencia a quedarse me mataba—. ¡No pasó nada con él, Ethan!«¿Por qué no se va? ¿Por qué me tortura de esta manera? ¿Acaso no entiende que me está destrozando por dentro?». La miré con rabia, con frustración, con una mezcla de emociones que me quemaban por dentro. «No puedo soportarlo más. No puedo seguir con esta farsa. No puedo seguir viéndola después de lo que ha hecho.» Su testarudez, su negativa a alejarse, era como una tortura constante, un recordatorio perpetuo de mi propia debilidad, de mi incapacidad para alejarla de mi vida. «Me está poniendo al límite. Me está obligando a enfrentarme a lo que no
(PARK ETHAN)—Bien, Ariana —dije con voz grave, cada palabra calibrada para transmitir la seriedad de mis intenciones—. Ya que insistes en quedarte, te diré lo que pienso. Te diré la verdad.Me acerqué un paso más, reduciendo la distancia entre nosotros hasta que casi podía sentir el calor de su cuerpo. La miré fijamente, buscando en sus ojos alguna señal de comprensión, alguna pizca de arrepentimiento.—Estoy harto de esta farsa —comencé, con la voz baja pero firme—. Estoy harto de tener que fingir delante de las cámaras, de tener que sonreír cuando por dentro me estoy muriendo. Estoy harto de que nuestra relación sea un tema constante en los medios, de que todo el mundo opine sobre nosotros, de que Chromatic se vea afectado por esta mentira.Hice una pausa, respirando profundamente para controlar la rabia que amenazaba con desbordarse.—Estoy harto de tener que ocultar mis verdaderos sentimientos —continué, con la voz temblando ligeramente—. Estoy harto de tener que callar lo que pie
(PARK ETHAN)—No lo sé —Respondí con sinceridad, apartando la mirada. No podía verla a los ojos. No podía enfrentarme a la vulnerabilidad que veía en ellos. «Tengo miedo. Mucho miedo.»—Ya hablaron de nuestra relación por tanto tiempo… —Continué, sintiendo un nudo en la garganta—. Si se vuelve real… tengo miedo que sea todavía más comercial. —La imagen de los titulares, los comentarios en redes sociales, la presión de las agencias… todo eso me abrumaba. «No quiero que nuestro amor, si es que realmente existe, se convierta en un producto más que vender.»—Pero quiero que sea real —Dijo con firmeza, tomando mi rostro entre sus manos. Su tacto era cálido y suave, y sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo. «Maldición. Sigue afectándome. Sigo deseándola.»Y entonces, comenzó a besarme. Un beso suave al principio, un roce delicado de sus labios contra los míos. «¿Qué está haciendo? ¿Está intentando convencerme? ¿O se está convenciendo a sí misma?». Luego, sus besos se volvieron más intensos, m
(PARK ETHAN)La miré a los ojos, con una sinceridad que me dolía hasta los huesos.—No puedo… no puedo ir más allá… hasta que todo esto esté claro. No puedo… hasta que esté seguro.«Necesito estar seguro de que lo que siento es real. Necesito estar seguro de que ella siente lo mismo. Necesito estar seguro de que podemos superar esto. Necesito estar seguro de que vale la pena luchar por nosotros.» El eco de mis propias palabras resonaba en mi cabeza, como un mantra que intentaba convencerme de algo que aún no terminaba de creer. La miré de reojo, mientras la lluvia seguía golpeando implacablemente la ventana. Su perfil se recortaba contra la luz tenue de la habitación, una silueta delicada que contrastaba con la tormenta que se libraba en mi interior.«¿Qué sentí cuando me besó?», me pregunté, repasando cada instante de ese intercambio cargado de tensión y deseo. «Sentí… necesidad. Deseo puro, animal, una urgencia por tenerla cerca que me quemaba por dentro. Sus labios sobre los míos… f
(PARK ETHAN)El despertador no sonó. O al menos, no lo escuché. La cabeza me punzaba con un dolor sordo y constante, y mis ojos ardían como si tuvieran arena. Me giré en la cama, buscando a tientas mi teléfono. Las 11:30 a.m. «Mierda.» Me levanté de golpe, sintiendo un mareo momentáneo. La noche anterior… recuerdos fragmentados de discusiones, lágrimas, besos… y la insistente sensación de que nada estaba resuelto. «Ariana…» La imagen de su rostro, con los ojos llorosos y la expresión suplicante, me golpeó como un puñetazo. «¿Qué he hecho?».Pero entonces, sentí un peso suave sobre mi pecho y un calor reconfortante a mi lado. Bajé la mirada y la vi. Ariana dormía plácidamente, con la cabeza apoyada en mi pecho y un brazo rodeándome la cintura. «Mierda. Doble m****a.» La tenía justo ahí, tan cerca que podía sentir su respiración en mi piel, el suave aroma de su cabello. «¿Cómo demonios terminé durmiendo con ella?». Un torbellino de emociones me invadió: confusión, deseo, culpa… y una ext
(PARK ETHAN)—¿Podemos saltarla? —pregunté con el ceño fruncido, intentando no entrar en pánico por tener que estar otra vez con Ariana. «Maldita sea. No puedo con esto. No puedo fingir que todo está bien después de lo de anoche. Necesito espacio. Necesito tiempo.» Tal vez sea la costumbre de tenerla cerca que me hace ver cosas donde no las hay. «O tal vez… tal vez lo que siento es real. Y eso me aterra aún más.» No quiero hacer entrevistas, ni juegos el día de hoy. «Solo quiero encerrarme en mi habitación y no salir nunca más.»—¡No! Claro que no, las posibilidades de que sea cancelado es un 0.1%, así que no, no vamos a cancelar nada —resoplé al escuchar la respuesta de Yun-jin. «Como siempre, pensando solo en la imagen, en el negocio. Como si mis sentimientos no importaran nada.»—Ya estoy lista, podemos irnos —apreté los labios al ver entrar por la puerta a una Ariana con un vestido azul que le quedaba espectacular. «Joder. Se ve… hermosa. Como siempre.» Desvié la mirada, inhalando
(PARK ETHAN)Sentía la boca seca como la arena del desierto, la lengua pegada al paladar, y un nudo apretándome el estómago, una bola de nervios que amenazaba con subir por mi garganta en cualquier momento. Tragué saliva con dificultad, intentando humedecer mi boca y disimular el temblor que recorría mis manos. Las oculté bajo mis muslos, aferrándome a la tela de mis pantalones como si fueran un salvavidas. «Necesito aire. Necesito salir de aquí. Necesito que esto termine.» Mis ojos se movieron involuntariamente hacia Ariana, buscando quizás un gesto de complicidad, una mirada de apoyo, pero ella estaba absorta en una conversación con la entrevistadora, con una sonrisa brillante y una postura relajada que me resultaba exasperante. «¿Cómo puede estar tan tranquila? ¿Cómo puede fingir tan bien? ¿Acaso no le afecta todo esto?». Aparté la mirada rápidamente, sintiendo un pinchazo de celos, un dolor sordo en el pecho. «No puedo seguir con esto. No puedo seguir mintiéndome a mí mismo.» Sentí