Capítulo 31

Svetlana despertó con una sensación extrañamente reconfortante. Por primera vez en días, su cuerpo se sentía descansado. Había dormido profundamente, sin pesadillas, sin sobresaltos. Solo calor. Solo la firmeza de un pecho masculino bajo su mejilla, el latido constante que la había arrullado hasta el sueño.

Dante.

Su respiración pausada le indicó que él aún dormía. Se veía distinto así, relajado, sin la dureza de sus facciones, sin la sombra del peligro latente en su mirada.

Parecía otro hombre. Uno más humano. Uno que, si no lo conociera, podría imaginarse como alguien ajeno a todo ese mundo criminal.

Pero sí lo conocía.

Y por eso no sabía si la admiración que sentía en ese momento era genuina… o si era puro miedo disfrazado de otra cosa.

Porque Dante Bellandi era un hombre peligroso.

Y, sin embargo… No quería alejarse.

Pero también… no podía quedarse.

Confundida, Svetlana se deslizó fuera de la cama con cautela, asegurándose de no despertarlo.

Él gruñó en sueños y se removió un poco
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