Capítulo 38

El tiempo se había detenido para Dante. Desde que las puertas se cerraron tras la camilla que se llevaba a Svetlana, no había apartado la vista de ellas. Se mantenía de pie, inmóvil, como un depredador al acecho, pero con el pecho constreñido por una angustia que no sabía manejar. Su mente solo tenía espacio para un único pensamiento: ¿estará viva?

El pasillo del hospital privado era un lugar impersonal, iluminado con luces frías que contrastaban con la sangre seca en sus manos. La de ella. La de Svetlana.

Fabio se mantenía cerca, observándolo con una mezcla de inquietud y resignación. Sabía que, de cualquier forma, esto no terminaría bien. Si Svetlana moría, Dante arrasaría con todo a su paso. Y si sobrevivía… también.

Dentro del quirófano, el ambiente era frenético.

—¡Necesito más suero! ¡El pulso sigue inestable! —ordenó el cirujano, con la voz firme pero urgente.

Las luces intensas proyectaban sombras sobre los rostros cubiertos por mascarillas. Svetlana yacía en la mesa de operac
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