Capítulo 37
El caos era absoluto. Gritos, pasos apresurados, órdenes gritadas al aire sin que nadie supiera bien a quién iban dirigidas. Hombres forcejeaban entre sí, algunos sujetaban a otros, intentando contener la tensión que amenazaba con salirse de control. Pero Dante no veía nada de eso. No escuchaba más que un zumbido ensordecedor en sus oídos, un sonido agudo y persistente que le perforaba el cerebro mientras presionaba con ambas manos el abdomen de Svetlana.

—No te atrevas… No te atrevas a irte —susurró, con la voz quebrada por el pánico.

El peso de su cuerpo tembloroso se inclinaba sobre ella, sus rodillas clavadas en el suelo frío de mármol mientras la sostenía contra su regazo. Su piel estaba helada, y aunque sus labios aún conservaban algo de color, Dante sabía que no era más que la última trampa antes de que toda la vida se le escurriera de entre los dedos.

—¡Svetlana, abre los ojos! —Le dio suaves palmadas en las mejillas, desesperado por una reacción, un parpadeo, un mínimo gesto q
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