Capítulo 19

La brisa matutina agitaba las hojas de los árboles, arrastrando consigo el aroma a jazmín y tierra húmeda. El sol apenas se filtraba entre las copas de los olivos, proyectando sombras sobre el césped meticulosamente cuidado. Svetlana estaba sentada en un banco de piedra, con los brazos rodeando sus piernas, el mentón apoyado sobre sus rodillas. Sus ojos azules, gélidos como el invierno ruso, se perdían en el horizonte, donde la línea del cielo se fundía con la inmensidad de la propiedad que, para ella, no era más que una jaula adornada con lujos.

No comprendía por qué Dante la había confinado a un sector de la mansión luego de asegurarle que era libre de moverse por la casa. No entendía esa contradicción. Se suponía que ya no era una prisionera, pero las puertas cerradas y la vigilancia constante le decían lo contrario. Era como un pájaro con alas cortadas, al que le ofrecían una jaula más espaciosa pero sin la posibilidad de volar.

Por suerte, tenía libros. Montones de ellos. Histori
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