Tal vez si tuviera un padre.

Las posibilidades de quedar embarazada en tu primera vez no son limitadas, aun así, no dejo de pensar que esto se debe a mi mala suerte; mi mala suerte en el amor, mi mala suerte en la vida y mi pésima tolerancia al alcohol. Bueno, no creo que importe el motivo, en poco tiempo todo habrá vuelto a la normalidad y mis estudios serán lo único por lo que tenga que preocuparme.

Cuando llegué a casa lo primero que hice fue recostarme en la cama. No tengo hambre, ni deseos de comer, aun menos de ducharme, no es que tenga importancia, ha sido así desde que vivo sola, si planeara tener este bebé comenzaría a cuidarme pero no hay manera de que pueda ser madre soltera.

Tal vez si tuviera un padre. No, eso no importa ahora; recibí la confirmación del hospital, mañana a primera hora me desharé del problema. Al menos eso fue lo que planeé pero ahora, no sé si sea la decisión correcta. Pensé que solamente tendría que recostarme en la camilla y esperar a que se fuera pero no es así cómo me siento, quisiera pensar que es la mejor decisión y tal vez lo sea, pero no puedo imaginar cómo será después de que se haya ido.

Con todos estos pensamientos en mente, antes de darme cuenta ya me había quedado dormida. Y así cinco años pasaron.

—Mamá, ¿Visitaremos a los abuelos para tu cumpleaños? —Preguntó la pequeña niña del otro lado de la línea telefónica. Yo solo pude sonreírle, a pesar de saber que no podía verme. No quería mentir ante la insistencia de mi hija por conocer a mis progenitores.

Hace cinco años, mientras aún estaba embarazada, no me atreví a decirle a mis padres lo que había pasado y menos que estaba embarazada. Mientras, seguí aceptando el dinero que enviaban. Eso, hasta que se dieron cuenta de que no asistía a la universidad. Así que nos mudamos y evidentemente tuve que emanciparme.

Hace tres años que eso sucedió y ahora mi vida ya se ha estabilizado, tengo un trabajo estable con el que puedo pagar la renta de un apartamento en Londres, además de mi universidad y la guardería de Amy.

—Señorita Agnes, ¿Cómo archivo estos documentos? —Me preguntó Malcolm, el pasante universitario. Voltee a verlo y quedé pasmada al ver la cantidad exagerada de carpetas que tenía en manos. De cierta forma me recuerda a mi yo pasado.

—Cariño, mamá tiene trabajo, te llamaré después ¿Está bien? —Dije con la voz más maternal posible.

—Está bien, mami. —Dijo Amy y tras enviar un beso colgó el teléfono.

Me incorporé de la pared en la que me encontraba recostada y tomé los documentos de Malcolm.

—¿Señorita Agnes?

—No te preocupes, yo me ocuparé de hacerlo. —Informé y de inmediato sus ojos se iluminaron.

—¿Está segura? —Inquirió. Yo asentí. No es que tenga trabajo por hacer y prefiero estar ocupada en algo. Además mi hora de comida ya casi termina.

—Todavía no has comido ¿Verdad? —Pregunté, aunque ya conocía la respuesta. Cuando empecé a trabajar aquí, fue igual, a penas y comía por temor de ser despedida, no podía darme ese lujo,acababa de dar a luz, había sido un milagro que me contrataran con un buen salario a pesar de no haber terminado mi especialidad.

—Muchas gracias, señorita Agnes. —Agradeció antes de salir a toda prisa por los pasillos de la empresa.

Por mi parte, me dediqué a caminar hacia el lado contrario, en donde estaban mi cubículo y mi escritorio perfectamente despejados de trabajo, con nada más que un computador y la fotografía de Amy. Hasta que coloqué el trabajo de Malcolm sobre él.

Terminé antes de lo previsto, solamente me faltaba enviar los documentos a la computadora principal para que fueran firmados pero el sistema no me permitía hacerlo.

—¿Sabe cuál es el problema? —Le pregunté a mi jefa de departamento.

—¿Es el presupuesto para el proyecto del próximo mes? —Preguntó sorprendida. Yo asentí—. El sistema se está actualizando, así que está atascado pero esto es urgente, necesito la aprobación directa del director ejecutivo pero el trabajo se ha amontonado y los demás están ocupados, por lo que le pedí a Malcolm que fuera a su oficina directamente. —Bufó exasperada—. Agnes, ¿Podrías ir tú en su lugar?

—Claro,no hay problema. —Accedí de inmediato. No es que fuera un problema para mí, además de que había tomado el trabajo de Malcolm, así que era mi responsabilidad de todas maneras.

—Muy bien,cuando termines ve a casa. Es todo por hoy. —Dijo mientras se giraba hacia su escritorio. Yo también me giré hacia el elevador que estaba a la entrada del piso.

Una vez adentro,sonreí abiertamente, no recuerdo la última vez que pude ir a casa sin tener que hacer horas extras. Además, es lunes,esto debe ser un sueño. Tendré tiempo suficiente para ir por Amy a la guardería y preparar una cena decente. No puedo estar más feliz.

El elevador se abrió y de inmediato me apresuré a salir antes de que se cerrara la puerta.

Al igual que en el elevador, los pasillos se encontraban vacíos y en poco tiempo ya me encontraba frente a la oficina del CEO.

—¿Puedo ayudarle en algo? —Preguntó la secretaria en el escritorio frente a esta.

—La directora creativa envía éstos documentos para el CEO. —Expliqué acercándome para mostrarle.

Ella los tomó y comenzó a ojearlos. Con tan sólo ver su expresión era obvio el desenlace, no hay manera de que una empleada común y corriente cómo yo pueda verlo.

—Puede pasar. —Dijo para mi sorpresa. Asentí y me encaminé a la puerta de caoba,aun ensimismada por su reacción,desde un principio no esperaba que me dejaran verlo pero es un alivio. Sin contratiempos, podré llegar a casa aún más temprano.

Tras breves toques a la puerta,esta se abrió dejándome pasar. Pasé saliva y entré.

Cómo imaginé, era un lugar enorme, de paredes blancas y con una gran ventana cristalina,tras el escritorio de caoba en donde estaba sentado un hombre apuesto, bastante apuesto.

Sus ojos negros que hacían juego con su cabello, parecían penetrar el alma y sus labios rosa que acompañaba con esa piel pálida y ese formidable cuerpo ejercitado que incluso se notaba a través del traje negro que llevaba, hacían de la vista un deleite. Definitivamente era mi tipo ideal.

Sin embargo, al verlo detenidamente su rostro se me hacía conocido y no podía sacarme esa idea de la cabeza.

Cuando paseó su mano por su sedosa cabellera oscura pude recordarlo; hace cinco años, lo había visto hacerlo en alguna ocasión, cuando aún era una universitaria me dejé seducir por un hombre y ese hombre era él,estaba frente a mí justo ahora ¿El padre de mi hija era el CEO?

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