Hola hola!! Gracias por leer.
LeonardEl fuego arde frente a mí, danzando como si se alimentara de mi impotencia. Las llamas no me tocan, pero las siento igual: lacerando mi pecho, quemando cada pensamiento. Me arrodillo sobre la tierra ennegrecida, con la respiración entrecortada y el cuerpo herido. La daga mágica vibra en mi cinturón, como si sintiera también la cercanía de su portadora original. Evelyn.La vi. Estaba ahí.En medio del caos, de la oscuridad que se deslizaba como una serpiente por su piel, hubo un instante. Un segundo apenas, en el que sus ojos se cruzaron con los míos y no vi a la criatura que nos atacó. Vi a ella. A mi Evelyn. La que reía en las madrugadas, la que temblaba cuando yo le susurraba al oído. Estaba atrapada. Pude sentir su grito dentro de mi pecho, aunque su boca no se moviera.—No puedes pasar —dice Alex a mi lado, arrastrando los pies por la tierra quemada. Sus manos están cubiertas de hollín, su mirada es tan dura como la mía.El muro de fuego sigue elevándose como una barrera en
EvelynSueño. O al menos eso creo, ahora mismo la realidad y la ficción se han mezclado al punto de que no puedo diferenciarlo. Todo es bruma, un gris perpetuo que se disuelve con cada paso que intento dar. Estoy en un bosque, uno que no reconozco, pero que se siente parte de mí. El aire está cargado de una electricidad extraña, como si el mundo esperara a romperse. Creo que estoy enloqueciendo, tal vez he perdido la batalla finalmente…Y entonces, entre la niebla, la veo.Mi loba.Está sentada, majestuosa, con los ojos dorados fijos en los míos. Pero hay dolor en su mirada. Y miedo.El mismo miedo y dolor que yo siento. El corazón se me oprime al verla y me acerco, dudosa, temerosa.Avergonzada…—Pensé que te habías ido —susurro, dando otro paso hacia ella.—Nunca me fui. Has sido tú quien dejó de escucharme.Mi corazón se oprime más.Mi voz tiembla.—No podía…. me avergüenza lo que he dejado que pase, no he podido ser fuerte. Ya no puedo más. No soy fuerte como creías. Mira lo que
LeonardEl amanecer apenas rompe el horizonte cuando me acerco al río. Mis manos tiemblan, no por el frío, sino por el peso invisible que llevo en el pecho. Me arrodillo frente al agua, y por un segundo, veo mi reflejo distorsionado. No soy el mismo de antes. No desde que vi a Evelyn, no desde que sentí su alma atrapada dentro de esa sombra.La daga cuelga de mi cinturón, vibrando como si tuviera vida propia. La desenvaino y la observo. Hay un fulgor en su filo, como si reaccionara a algo que se aproxima. El espejo y el amuleto... Las piezas que decidirán su destino. O el mío.No me importa morir si es para saber que la salvé.Que le di una nueva oportunidad, para saber que mi vida fue un sacrificio por la suya, aunque debo admitir que preferiría poder vivir para hacer que me perdone y no volver a soltarla.Hacerla mi Luna, porque eso es lo que ella es.Alex se acerca en silencio, pero lo siento antes de escucharlo.—No has dormido.—la nota de reproche se filtra en su voz y entiendo s
EvelynEl aire se vuelve espeso mientras avanzamos hacia el norte. El paisaje se transforma, como si cada paso nos alejara del mundo que conocía. A lo lejos, la veo. Una montaña negra se alza como un monstruo dormido, sus picos rasgando el cielo nublado, y por primera vez desde que comenzó esta pesadilla, siento algo distinto.No sé cómo explicarlo. Es como si la tierra misma me rechazara. La energía cambia, se vuelve más densa, pegajosa, como una sustancia invisible que se me adhiere a la piel y me oprime el pecho. Me cuesta respirar.—¿Qué es ese lugar? —pregunto con voz baja, sin esperar que la oscuridad me responda.Pero lo hace.—Un cementerio de cosas malditas —responde, su voz deslizándose como un susurro viscoso por mi oído.—Eso no existe —replico, aunque en mi interior sé que en este mundo, ya nada es imposible.—Existen más cosas de las que tú, niñita ingenua, puedes imaginar —escupe con desdén.Nos detenemos en una pequeña loma desde donde se ve toda la montaña. La oscurid
Evelyn3 años atrás.—¡La hija de un traidor!—¡Debería morir!—¡No merece vivir!El frío se clava en mis huesos como un recordatorio de lo que soy nada .Estoy en el centro de la manada, rodeada de innumerables ojos llenos de odio. Sus susurros son como el siseo de serpientes, enredándose en mis oídos.Y lo que más me aterra es el hombre frente a mí: el Alfa.Su voz retumba como un trueno, llena de autoridad y crueldad.—Nunca saldrás de aquí, Evelyn —Hace una pausa, su mirada afilada como una espada—. Pagarás con sangre la traición de tu padre.Miro a mi lado, donde mi padre está arrodillado. Él fue el Beta de la manada, un guerrero valiente, un líder respetado. Ahora, está encadenado, con la cabeza baja, en silencio.Su silencio me destroza el corazón.—Papá… —susurro, temblando—, di algo…Pero él no me mira, ni siquiera se mueve.La sentencia del Alfa cae como un martillo, destrozando mi última esperanza.—Por tu traición, se te destierra de estas tierras. Y como tributo por t
EvelynEl primer guardia me agarra del brazo, tirando de mí como si fuera una muñeca de trapo. Intento zafarme, pero otro me sujeta por la cintura, inmovilizándome.—¡Déjenme! ¡No hice nada! —grito, pero mi voz se pierde en el eco de la noche.Me sacan de la cabaña, me obligan a caminar descalza sobre la tierra fría. El suelo es áspero y húmedo bajo mis pies, y la sensación es un recordatorio más de lo que soy: una prisionera en mi propia tierra .A medida que avanzamos, las sombras de los lobos de la manada se hacen más densas. Me rodeo. Sus murmullos son como agujas perforando mi piel."Basura.""Maldita traidora.""Ojalá la maten."Mi estómago se revuelve. Trato de no escuchar, pero cada palabra es un golpe, cada mirada de desprecio me hunde más en este abismo en el que me han condenado desde que mi padre me abandonó.Finalmente, llegamos a la plaza central del territorio de la manada.El Alfa está ahí, sentado en su trono de madera tallada a mano , con pieles oscuras cubriendo sus
EvelynEl dolor es lo único que existe.Llega en oleadas, abrasador como fuego líquido recorriendo mi espalda. Es una agonía densa, implacable, como si mi piel se hubiera convertido en un lienzo de carne desgarrada.La sangre caliente corre por mi piel, empapando la tela harapienta de mi vestido. Siento el ardor de cada herida abierta, el escozor del aire al tocar las laceraciones.El suelo bajo mí es duro y frío. Mis mejillas están contra la tierra húmeda, y el aroma a polvo y sangre flota en el ambiente. Todo mi cuerpo tarde con una pulsación irregular, mi respiración es superficial, entrecortada, temblorosa.Pero no grito.No lloro.No les daré esa satisfacción.A mi alrededor, la manada observa en silencio, sus sombras alargadas por la luz de la luna. Disfrutan de mi sufrimiento . Puedo sentirlo en la forma en que sus susurros flotan en el aire, de la manera en que sus miradas se clavan en mi piel desgarrada como si fueran cuchillos.El verdugo se mueve, preparándose para el sigui
EvelynEvelyn— Si de verdad quieres ayudarme… no me llevas a casa. Ayúdame a escapar.Las palabras apenas dejan mis labios cuando veo el cambio en el rostro de Clara. Su piel se torna pálida, sus ojos se agrandan con miedo y sorpresa.La miro y sé que acabo de ponerla en peligro con esa petición.Eres una tonta, Evelyn.Niego con la cabeza de inmediato, forzándome a tragar el miedo.—Olvídalo . No te he dicho nada. Haz de cuenta que no me escuches.Intento levantarme con lo poco de fuerza que me queda. Un dolor agudo me recorre la espalda cuando lo hago, pero no me detengo. No puedo detenerme.Clara me observa en silencio mientras camino a trompicones hacia mi cabaña, su presencia a mi lado es un consuelo silencioso, pero mi mente está nublada por una única verdad:Estoy atrapada aquí.Y si no salgo pronto, Regnar hará de mi vida un infierno peor del que ya es.Cuando finalmente llego a mi choza, las fuerzas me abandonan.El umbral de mi hogar —si es que a este lugar se le puede llam