Bueno, conseguí hacerles el otro, espero lo disfruten.
LeonardSalimos desde el amanecer. No pienso perder tiempo, sin embargo a las pocas horas lo siento.El aroma de sangre fresca todavía flota en el aire cuando descendemos hacia el claro. Los cuerpos están diseminados por el terreno como si la muerte hubiese danzado con furia. Algunos tienen los ojos abiertos, congelados en terror. Todos llevan la marca. La Luna Rota arde en sus pechos como una sentencia escrita en fuego.Me arrodillo junto a uno de los cuerpos y paso los dedos por la marca. Siento el calor todavía reciente, el eco de su energía… de su energía. Evelyn. Pero no la Evelyn que conocí. Esto… esto es otra cosa.—Estuvo aquí —murmuro—. Puedo sentirla. Pero ya no es ella.La hechicera blanca se inclina junto a mí, su rostro pálido más grave de lo usual.—La oscuridad está guiándola hacia algo… y si es lo que creo, no llegaremos a tiempo.Me enderezo de golpe, girando hacia ella.—¿Qué es lo que crees? Exijo que me digas lo que sabes.Ella respira hondo, y por un segundo parece
EvelynCada día que pasa se siente como una eternidad.Estoy atrapada, encerrada, no tengo voz, no tengo vida.Los recuerdos amenazan con desaparecer a cada segundo, pero me aferro a ellos, lo hago con todas mis fuerzas porque sé que en el momento en que se vayan, cuando los pierda, entonces ahí me habré perdido para siempre.Lo habré perdido todo.La tierra tiembla bajo mis pies, pero no soy yo quien camina. Siento el peso del cuerpo moverse con decisión, con violencia, como si la misma naturaleza se apartara a nuestro paso… pero no soy yo.Estoy dentro.Encerrada.Atrapada.Cautiva.Impedida de todo…No sé cuánto tiempo llevo aquí, en esta prisión de carne y poder. Observo a través de mis propios ojos, sin poder moverme, sin poder gritar. Y sin embargo, algo me estremece. Un aroma, un susurro en el viento, una vibración antigua.Leonard.El tirón, ese que pensé que había desaparecido, que creí que no volvería a sentir nunca más, aparece de forma muy sutil, casi como una caricia, pero
LeonardEl fuego arde frente a mí, danzando como si se alimentara de mi impotencia. Las llamas no me tocan, pero las siento igual: lacerando mi pecho, quemando cada pensamiento. Me arrodillo sobre la tierra ennegrecida, con la respiración entrecortada y el cuerpo herido. La daga mágica vibra en mi cinturón, como si sintiera también la cercanía de su portadora original. Evelyn.La vi. Estaba ahí.En medio del caos, de la oscuridad que se deslizaba como una serpiente por su piel, hubo un instante. Un segundo apenas, en el que sus ojos se cruzaron con los míos y no vi a la criatura que nos atacó. Vi a ella. A mi Evelyn. La que reía en las madrugadas, la que temblaba cuando yo le susurraba al oído. Estaba atrapada. Pude sentir su grito dentro de mi pecho, aunque su boca no se moviera.—No puedes pasar —dice Alex a mi lado, arrastrando los pies por la tierra quemada. Sus manos están cubiertas de hollín, su mirada es tan dura como la mía.El muro de fuego sigue elevándose como una barrera en
EvelynSueño. O al menos eso creo, ahora mismo la realidad y la ficción se han mezclado al punto de que no puedo diferenciarlo. Todo es bruma, un gris perpetuo que se disuelve con cada paso que intento dar. Estoy en un bosque, uno que no reconozco, pero que se siente parte de mí. El aire está cargado de una electricidad extraña, como si el mundo esperara a romperse. Creo que estoy enloqueciendo, tal vez he perdido la batalla finalmente…Y entonces, entre la niebla, la veo.Mi loba.Está sentada, majestuosa, con los ojos dorados fijos en los míos. Pero hay dolor en su mirada. Y miedo.El mismo miedo y dolor que yo siento. El corazón se me oprime al verla y me acerco, dudosa, temerosa.Avergonzada…—Pensé que te habías ido —susurro, dando otro paso hacia ella.—Nunca me fui. Has sido tú quien dejó de escucharme.Mi corazón se oprime más.Mi voz tiembla.—No podía…. me avergüenza lo que he dejado que pase, no he podido ser fuerte. Ya no puedo más. No soy fuerte como creías. Mira lo que
LeonardEl amanecer apenas rompe el horizonte cuando me acerco al río. Mis manos tiemblan, no por el frío, sino por el peso invisible que llevo en el pecho. Me arrodillo frente al agua, y por un segundo, veo mi reflejo distorsionado. No soy el mismo de antes. No desde que vi a Evelyn, no desde que sentí su alma atrapada dentro de esa sombra.La daga cuelga de mi cinturón, vibrando como si tuviera vida propia. La desenvaino y la observo. Hay un fulgor en su filo, como si reaccionara a algo que se aproxima. El espejo y el amuleto... Las piezas que decidirán su destino. O el mío.No me importa morir si es para saber que la salvé.Que le di una nueva oportunidad, para saber que mi vida fue un sacrificio por la suya, aunque debo admitir que preferiría poder vivir para hacer que me perdone y no volver a soltarla.Hacerla mi Luna, porque eso es lo que ella es.Alex se acerca en silencio, pero lo siento antes de escucharlo.—No has dormido.—la nota de reproche se filtra en su voz y entiendo s
EvelynEl aire se vuelve espeso mientras avanzamos hacia el norte. El paisaje se transforma, como si cada paso nos alejara del mundo que conocía. A lo lejos, la veo. Una montaña negra se alza como un monstruo dormido, sus picos rasgando el cielo nublado, y por primera vez desde que comenzó esta pesadilla, siento algo distinto.No sé cómo explicarlo. Es como si la tierra misma me rechazara. La energía cambia, se vuelve más densa, pegajosa, como una sustancia invisible que se me adhiere a la piel y me oprime el pecho. Me cuesta respirar.—¿Qué es ese lugar? —pregunto con voz baja, sin esperar que la oscuridad me responda.Pero lo hace.—Un cementerio de cosas malditas —responde, su voz deslizándose como un susurro viscoso por mi oído.—Eso no existe —replico, aunque en mi interior sé que en este mundo, ya nada es imposible.—Existen más cosas de las que tú, niñita ingenua, puedes imaginar —escupe con desdén.Nos detenemos en una pequeña loma desde donde se ve toda la montaña. La oscurida
Leonard La brisa corta el aire como una cuchilla helada. Vamos en silencio, moviéndonos entre los árboles sin hablar, sin respirar más de lo necesario. Entonces lo siento. Primero creo que se trata de mi imaginación, que no ha pasado, pero entonces, solo unos pasos más allá vuelvo a sentirlo. El tirón. La conexión con Evelyn. Siento que la me quedó paralizado, la respiración se me acelera y una de mis manos va hacia mi pecho como si de esa forma pudiera tocarla. Respondo. Mando un tirón igual al suyo, y espero… Pero no pasa más nada. Es Alex quien rompe el silencio, solo con una palabra: —Leonard… Me giro en seco. Todavía impactado por lo acabo de sentir. Algo acaba de atravesarme el pecho como una descarga. No lo imaginé. Es suave, casi imperceptible, pero tan real como el pulso que me late en la garganta. El tirón. El vínculo. Evelyn. —La sentí —susurro.—Ella acaba de tirar de nuestro vínculo… me está llamando. Alex da un paso hacia mí, sus ojos bien abiertos. —
Leonard—¿Padre…?El impacto de la imagen, la simple visión hace que me quede totalmente paralizado.Es… es mi padre, es su rostro, es él, pero al mismo tiempo no lo parece.Vuelvo a llamarlo, pero no hay respuesta. Solo una mirada vacía… y entonces una sonrisa que no es suya.Una sonrisa perversa se forma y no necesito más para saberlo. No es él.—No… La prueba aún no ha terminado.a cámara de piedra negra me envuelve como un susurro sin eco. Cada paso que doy retumba con el peso de siglos.—Mírate —dice—. Persiguiendo una sombra como un niño con miedo a dormir solo.Su voz me impacta como cien mil cuchilladas. Hace casi un siglo que no escuchaba su voz y ver esta cosa hablando como él se siente… incorrecto.Mal.—No eres real.—le digo y puedo sentir a Alex prepararse a mi lado, a la defensiva como siempre.Mi padre me sonría con sorna y da un paso más cerca encogiéndose de hombros.—Tampoco lo es tu convicción.—contesta.Me acerco, los puños cerrados.—No tienes idea de lo fuerte