—Doctor, ¿puede mi esposa volver a casa el día de hoy? Sinceramente no quiero que pase la noche aquí, sin embargo lo aceptaré de ser necesario. —Entiendo completamente su preocupación señor Abdelaziz. Se completaron los estudios médicos de su esposa y puedo decirle con certeza que su estado de salud es bueno, sin embargo debe cuidarse más ahora que lleva un embarazo más riesgoso. —Le prometo que me tomaré la responsabilidad de que así sea, no hay nada más en el mundo que me importe, que ella y los bebés. —De acuerdo. Es evidente. Luego de eso, ambos hombres se estrecharon manos a modo de despedida y luego el árabe salió del consultorio un poco más aliviado, incluso cuando seguía sintiendo una carga sobre sus hombros, esta había disminuido moderadamente dejándolo más tranquilo. Mientras estaba por el pasillo del hospital, su teléfono vibró en el bolsillo de su pantalón, lo sacó y lo tomó entre sus manos dándose cuenta que se trataba de su amigo. No tenía idea de qué era lo que aho
Cuando llegaron al piso, Brenda se dirigió a su habitación, pero antes de entrar a la misma se cruzó en su camino a Alexandra, quién intervino y le preguntó con inquietud cómo se encontraba. —Solo ha sido un susto nada más. El doctor nos dijo que debo ser más cuidadosa, ahora que mi embarazo no se trata nada más de un bebé sino de trillizos Cuando la mujer explicó eso, Alexandra abrió los ojos de par en par, sin poder creer que ella estaba esperando tres bebés, de manera que después de hacerse a la idea se aproximó y le dio un abrazo a Brenda. Ese adoso era lo que tanto la joven necesitaba en ese momento para sentirse mejor, se sentía cálido y dulce de parte de Alexandra. —Oye, eres una mujer demasiado fuerte, una joven muy valiente y voy a contribuir para que tu embarazo sea adecuado y no corras ningún otro riesgo —le aseguró con amabilidad sin soltarla, luego se separó un poco mirándola a los ojos con una sonrisa en la cara. —Muchas gracias por tu apoyo —emitió casi inaudible.
Haidar permaneció en silencio frente a Jamal, sin tener una respuesta clara que darle. Las palabras de su amigo se quedaron atascadas en su mente, pero no lograba encontrar sentido a lo que sentía, ni mucho menos a lo que debía hacer. Finalmente, después de un largo momento de reflexión, levantó la mirada y habló—No estoy seguro de qué hacer, Jamal. —Soltó un suspiro sonoro, como si cargar con esas palabras le costara más de lo que esperaba—. Esta venganza… ya no tiene sentido, pero tampoco sé qué hacer con lo que estoy sintiendo por esa mujer.Jamal lo observó con atención, estudiando cada palabra, cada gesto de su parte. Entonces, inclinándose un poco hacia él, decidió ir directo al grano.—Así que estás admitiendo que te estás enamorando de tu esposa —dijo con un tono firme, sus ojos clavados en Haidar—. ¿Por qué no envías a la mierda ese contrato absurdo y comienzas algo real con ella? Quiero que seas sincero conmigo, Haidar... ¿Te gusta Brenda? El árabe no respondió. En lugar d
Cuando el árabe se presentó en su oficina esa mañana, estaba de mal humor porque había despertado con una horrible resaca que ni siquiera se calmó con el medicamento que tomó.Aurora estaba en el exterior y le daba miedo ingresar a su oficina, pero se sentía presionada por el hecho de tener que entregarle una información importante, así que se armó de valor para ingresar a la oficina de su jefe malhumorado. Incluso cuando intentó ser firme al andar, sus pasos eran vacilantes, finalmente estaba allí frente a su escritorio y con una mano temblorosa extendió la misma, dejando el documento sobre la superficie del escritorio. El hombre alzó la vista y ella sintió que quemaba con solo la mirada. —Buenos días, señor Abdelaziz. Lamento mucho si estoy interrumpiendo algo, pero necesito darle esos documentos —admitió casi temblando en su lugar. —¿Tienes que decirme algo más? —No, es todo. Con su permiso —agregó al recibir su otra mirada casi echándola de la oficina. Ella, salió despavorida
Brenda se acostó boca arriba sobre la cama, mirando fijamente el techo mientras inflaba y desinflaba sus mejillas con frustración. No podía dejar de pensar en lo que le había dicho Marilyn esa mañana. Ella había insinuado que estaba enamorada de Haidar, y aunque Brenda quería creer que no era cierto, la duda la estaba carcomiendo.—Eso no puede ser verdad —susurró para sí misma, como si decirlo en voz alta pudiera convencerla.Pero había algo en su interior que le hacía cuestionarse. Haidar no solo era un idiota, un hombre complicado y lleno de secretos, sino también alguien que, poco a poco, parecía estar ocupando un espacio en su corazón. Esa idea la asustaba más que cualquier otra cosa. ¿Cómo podía sentirse así por alguien que había sido tan cruel, que había comenzado este matrimonio con intenciones que resultaban ser cuestionables? Sacudió la cabeza, intentando ahuyentar esos pensamientos, pero la sensación persistía.Unos días después, Brenda se levantó temprano para asistir a su
—¿Me puedes explicar con quién estuviste al teléfono? —exigió saber el hombre mirándola intensamente, y ella desvió la mirada, incómoda con su potente mirada grisácea —. Brenda...—¿En serio me lo vas a preguntar de esa manera como si es algo malo? —Pues, si no es algo malo, entonces dímelo. Ella puso los ojos en blanco. —La persona que me llamó, es una amiga, trabajé con ella en mi anterior empleo. Solo me estaba llamando para ponerme al tanto de su regreso. Ella planea regresar al país, quería que yo lo supiera. —¿Cuál es el nombre de tu supuesta amiga? Con incredulidad lo miró. No podía creer que estuviera poniendo sus palabras en duda. Bufó. —Madelaine. ¿Por qué supuesta? Deja de hacerme ver como una mentirosa. Él exhaló profundamente y continuó en lo suyo. Ella ya no tenía apetito.—¿Vas a dejar el plato casi lleno? Ella negó, no quería ser grosera a pesar de todo, por eso comió un poco más aunque no quería. Al cabo de un tiempo ambos terminaron saliendo de ese restauran
Finalmente, se detuvo frente a un vestido midi de color azul marino, con un corte modesto pero favorecedor. El tejido fluía con suavidad, y el color resaltaba sus ojos de forma sutil. Lo sostuvo entre sus manos, dudando si sería la opción correcta.—¿Demasiado? ¿O lo suficiente? —soltó al aire, esperando que el vestido fuera el adecuado. Se sentó en la cama, rodeada de prendas descartadas, mientras miraba el vestido azul. Sabía que debía decidirse. Así que lo eligió. Finalmente, Brenda se decidió por el vestido azul marino. Era sencillo, elegante y, sobre todo, no demasiado llamativo. Se miró una última vez en el espejo, ajustando los mechones de cabello que caían enmarcando su rostro, justo cuando escuchó el sonido de la puerta. Haidar había llegado.El hombre, como era habitual, no perdió tiempo. Se dirigió directamente a su habitación para arreglarse. Brenda esperó en silencio en la sala, jugando con los dedos, mientras su nerviosismo aumentaba con cada segundo. Cuando ambos fina
Ambos finalmente subieron a la habitación, Brenda se quedó perpleja viendo el sitio lleno de lujo, y es que todo era tan elegante allí. —Es… impresionante —murmuró Brenda, más para sí misma que para Haidar.Él no respondió. Simplemente dejó su chaqueta sobre una silla y comenzó a desabrocharse los puños de la camisa, como si estuviera completamente ajeno a ella. La mujer, por su parte, se quedó de pie junto a la puerta, sin saber qué hacer.—¿Vas a quedarte ahí toda la noche? —preguntó Haidar finalmente, con un tono que parecía más burlón que serio.Brenda apretó los labios, sintiendo cómo la irritación comenzaba a reemplazar su nerviosismo.—No, claro que no —soltó, caminando hacia el lado opuesto de la habitación.Se sentó en el borde de la cama, mirando sus manos mientras intentaba calmarse. Él resopló y se perdió en el baño antes de volver, estaba cambiado, con ropa pijama. Ella frunció el ceño. —Esta, antes solía ser mi habitación de joven, aunque algunas cosas han cambiado, mi