Haidar salió del trabajo con la mente saturada. Había pasado todo el día intentando concentrarse, pero sus pensamientos no lo dejaban en paz. Brenda estaba en todas partes: ella estaba en cada cosa, en él. Ni hablar de la culpa que lo carcomía, y la sensación de pérdida era tan insoportable sobre sus hombros.Condujo sin rumbo fijo, hasta que sus manos casi automáticamente lo llevaron hacia un bar. Sabía que ahogar sus problemas en alcohol no solucionaría absolutamente nada, pero no tenía energía para luchar contra sus impulsos. Estacionó el auto y entró, con el rostro sombrío y los ojos cargados de una tristeza que era imposible de disimular.El bar estaba un poco iluminado. Se acercó a la barra y el barman, un joven de rostro amable, lo saludó con cortesía.—¿Qué le ofrezco, señor?Haidar lo miró brevemente antes de hablar.—Dame algo fuerte. Lo más fuerte que tengas —ordenó con un tono seco.El barman asintió y comenzó a preparar la bebida. Mientras esperaba, Haidar giró la cabeza
Haidar llegó al piso casi de milagro. Estaba demasiado borracho para ser consciente de sus acciones, pero aún recordaba el camino lo suficiente como para llegar a casa. Apenas cerró la puerta, se dejó caer en el suelo de la sala. Las lágrimas comenzaron a correr por su rostro, y pronto se convirtió en un llanto incontrolable.No intentó ocultar sus emociones. Los gemidos de dolor llenaron el silencio del lugar, como si fuera un niño pequeño incapaz de manejar todo lo que sentía.Marilyn, que estaba terminando de ordenar algunas cosas en la cocina, escuchó el llanto. Salió de inmediato para ver qué estaba sucediendo y encontró a Haidar tirado en el suelo, con el rostro entre las manos.—Señor… —mencionó, con voz lenta, acercándose un poco.Haidar levantó la cabeza lentamente y la miró con los ojos enrojecidos.—¿También crees que soy patético? ¿Un perdedor? —preguntó, su voz cargada de amargura.Marilyn negó con la cabeza de inmediato.—Nunca pensaría eso de usted, señor. ¿Quiere que l
Brenda se despertó a la mañana siguiente con la luz del sol filtrándose a través de la ventana. Al principio, la luz era molesta, pero rápidamente se acostumbró a su brillo cálido. Se levantó lentamente de la cama, todavía sintiendo el peso de la noche anterior, y caminó hacia el baño para ducharse. Mientras el agua caía sobre ella, reflexionó sobre el día que tenía por delante: el día en que finalmente dejaría el lujoso piso que había compartido con Haidar y se mudaría a un nuevo lugar que él había escogido.Cuando terminó de peinarse, sonaron suaves golpes en la puerta.—¿Quién es? —preguntó Brenda, su voz aún un poco adormilada.—Soy yo, Alexandra. ¿Puedo pasar? —expresó la mujer al otro lado.Brenda respiró hondo y le dijo:—Sí, por supuesto que puedes pasar.En pocos momentos, Alexandra entró en la habitación con una sonrisa cálida.—Buenos días, Brenda. Espero que hayas dormido bien. El desayuno ya está listo. Haidar me indicó que empaques lo que consideres necesario; se encarga
Cuando Brenda llegó al nuevo departamento, se quedó mirando a su alrededor. El lugar era hermoso, y aunque no lo admitiría en voz alta, en el fondo de su ser sabía que Haidar había escogido este espacio pensando en ella. Se sentía acogedor y cálido, un refugio que, a pesar de su situación, le ofrecía una pizca de consuelo.Alexandra se detuvo a su lado, observando el entorno con una sonrisa.—Este lugar es perfecto para ti —comentó—. No hay duda de que Haidar tiene un buen ojo para esto.Brenda se aclaró la garganta, como si no quisiera hablar de él en ese momento. Avanzó y se dejó caer en el enorme sofá, sintiendo cómo la comodidad la envolvía. Alexandra, comprendiendo el estado de ánimo de Brenda, no dijo más. Se puso a desempacar algunas cosas, dejando a Brenda disfrutar de su silencio.Mientras Alexandra trabajaba, Brenda permaneció en el sofá, observando todo con atención. Sabía que tendría que acostumbrarse a este nuevo espacio y habituarse a una vida diferente. —Brenda, he ter
Mónica todavía no se acostumbraba a los detalles cariñosos de Dylan, ni a la forma en que él la trataba. Era un florecimiento que nunca se había imaginado, pero que estaba viviendo y escribiendo con mucho cariño. Cada momento con él era una página nueva de su vida que disfrutaba enormemente.Dylan era un hombre caballeroso, justo, amable y atento. Había llegado a su vida en un momento en que ella pensaba que todo estaba perdido, iluminando su existencia en medio de una profunda oscuridad.—Dylan, hay algo que quiero preguntarte, pero solo ahora me atrevo a hacerlo —inició Mónica, con un tono de nerviosismo en su voz.—Mónica, ¿de qué se trata? —respondió él, mirándola con curiosidad.—Lo que quiero saber es la razón por la que te fijaste en mí. Entre tantas mujeres de tu posición y nivel social, no entiendo cómo elegiste a una persona como yo, tan diferente a ti. Somos como polos opuestos.Dylan asintió, comprendiendo la inquietud y curiosidad de Mónica. Sabía que su pregunta era váli
Mónica marchó al trabajo con Dylan, manteniendo un trato profesional dentro de la oficina. Fuera de ella, sin embargo, todo era diferente. Ambos habían acordado no hablar sobre su relación en el trabajo, así que nadie sabía que estaban saliendo. Aunque había ciertas sospechas. Por ejemplo, la asistente de Karla estaba siempre alerta, siguiendo órdenes de su jefa, quien quería averiguar si había algo más que una simple relación laboral entre Mónica y Dylan.Al final, Julia regresó a la oficina de Karla. La jefa la miró con curiosidad.—¿Has podido descubrir algo o de nuevo has notado que solo actúan como jefe y empleada? —preguntó Karla, con un tono de expectativa.—Lo siento mucho, pero parece que la única relación que tienen es de carácter profesional. No he visto nada que sugiera lo contrario. No creo que estén saliendo juntos, además, ¿por qué lo haría? Ella claramente no es su tipo —soltó Julia, tratando de ser objetiva.—Por supuesto que no es su tipo. Dylan es un idiota. Estuvim
Aisha estaba furiosa. Su voz resonaba en el ambiente, llena de frustración y enojo. Gritaba sobre la situación de su sobrino Haidar y la joven Brenda. "¡No pueden estar juntos!", clamaba, su tono lleno de desespero. Ibrahim, su marido, la miraba con preocupación, intentando hacerla entrar en razón. — ¿Y qué harás? —cuestionó Ibrahim, tratando de comprender la intensidad de su emoción.Aisha, sin dudar, respondió con firmeza: "Solo quiero separarlos. No quiero que haya ningún tipo de relación entre ellos". Su deseo de proteger a Haidar era palpable, pero Ibrahim sabía que eso era imposible.— Aisha, no puedes obligar a tu sobrino —replicó Ibrahim, su voz tranquila contrastando con la agitación de Aisha. La discusión continuó, con Aisha insistiendo en su postura, mientras Ibrahim trataba de hacerla ver que el amor no se puede controlar, que Haidar debía tomar sus propias decisiones.Mientras tanto, Madelaine y Jamal estaban al tanto de la tensión familiar. Madelaine, que había sido ami
La casa en silencio, apenas interrumpido por el sonido del agua corriendo en la ducha. Madelaine había vuelto, pero su presencia no traía consigo la calma que todos esperaban. Jamal, con la mirada preocupada, sabía que las palabras no eran suficientes para curar las heridas. —¿Está todo bien con ella? —averiguó, tratando de sondear los sentimientos de Madelaine.—En realidad no está muy bien, —admitió, con la voz temblorosa. —Incluso cuando intenta ser fuerte, sé que está rota por dentro. Es lógico que esté así; no ha pasado casi nada desde que todo ha cambiado.Jamal asintió, comprendiendo la profundidad del dolor. Las palabras eran un consuelo fugaz, y ambos sabían que la situación exigía más que eso.—Aún necesita tiempo, —dijo finalmente Jamal, como si eso pudiera aliviar un poco la carga.Madelaine se despidió con un gesto y se dirigió a la ducha, dejando atrás a Jamal, quien no podía evitar sentir una punzada de tristeza por ella.