Altagracia le pidió a Gerónimo que se encargara de la administración de Villalmar mientras ninguna de ellas estuviese presente en la hacienda. Gerónimo preguntó acerca de Ana.—Está embarazada. Puede quedarse aquí el tiempo que necesita —fue lo que respondió Altagracia.A estas alturas, Ana no ha hablado con ella desde la boda. No desea arruinar la amistad que nació desde su niñez, pero la distancia habla por sí sola, y lo último que quiere creer es que Ana también ha conspirado en su contra. Debe tener una motivación para confesar algo así en frente de todas. Tarde o temprano tendrá que hablar con ella. Ana no puede ser su enemigo. Simplemente no lo soportaría.Gerónimo aceptó quedarse sin problema. Consiguió a Rita junto a él en el establo. Ambos charlando, sonrientes y despreocupados. Lamentó interrumpir para avisarle a Rita la situación. Rita también debe estar en la lectura del testamento.Quiere que Victoria esté junto al niño. Recibió la noticia de que Sergio está bien, en Los
Sigue sin creerlo. Con Matías en su regazo, sentada en el escritorio del salón presidencial, y tratando de no derretirse por la pequeña vergüenza a causa de todo lo que ha pasado, Altagracia sigue en estado de shock.El licenciado Torres se ha marchado ya con sus firmas. Se preparará para la lectura del testamento en cuanto Roberto dé la orden. Esperan a Erick, uno de sus primos. Es necesario que todos estén involucrados en ésta lectura. Nadie sabrá qué sucederá y tampoco cuáles fueron las últimas decisiones de Joaquín como absoluto jefe de la familia Reyes.Roberto se marchó con el licenciado Torres, así que los únicos presentes aquí son ella, su conmoción, y un Gerardo relajado todavía de pie.—Jamás debí haber hecho lo qué hice. Estuve mal, fue el peor error qué cometí. Jamás debí quitarte lo que es tuyo y aprovechar tus sentimientos por mí. Nunca debí haberte hecho firmar esos papeles —Gerardo habla, tomando su mano—. Te devuelvo todo esto, y más, porque sé que mereces todo. Y pese
Altagracia se agarra del escritorio, creyendo que observa sólo un espejismo, algo que está imaginando, algo producto de la culpa que nunca la ha dejado.Incluso cierra los ojos, intentando convencerse de que una vez los vuelva abrir nada de esto será real. Absolutamente nada. Una pequeña risa suave se escucha en el salón. —No tengas miedo de mí. Vine en paz. ¿Sabes? Altagracia abre los ojos, está vez horrorizada. Está pálida en su sitio, y no puede hablar cuando vuelve a ver a su hermana. Esto debe ser un espejismo. Debió haberse vuelto loca.Deja de verla para dirigirse hacia la puerta del salón, ignorando los papeles que dejó caer. Con el pomo en la puerta, Altagracia grita cuando deja de tocar la puerta porque Aracely, o quienquiera que sea está mujer, la cierra de vuelta. —¿Cómo se te ocurre dejarme con la palabra en la boca?—Tú estás muerta —se repite Altagracia, de espaldas. No es capaz de verla porque volverá a atormentarse. —No. No lo estoy —Altagracia decide m
—Altagracia —Gerardo logra tomarla de la muñeca en el pasillo. Cuando él le toma el rostro, Altagracia rompe a llorar en silencio, asustándolo—. ¿La viste? ¿Cómo sabes qué Aracely…? ¿Qué está ocurriendo?—Viva —Altagracia solloza, arrepentida de saber todo esto—. Aracely…ella vive, jamás murió. Aprovecho el accidente para desaparecer.El rostro de Gerardo ahora sí cambia a la incredulidad.—¿La viste? —Gerardo le alza el rostro—. ¿Viste a Aracely…?Altagracia asiente, destruida por dentro.Ya las facciones de Gerardo aparte de estar incrédulas están congeladas a su vez. Pensó que sólo era un error del licenciado Torres, y era una burla al dolor de Roberto, de Altagracia y de su propio hijo. Pero ahora la confusión se transforma en un arrebato de incredulidad y confusión. Ver a Altagracia entre lágrimas demuestra que ésta inesperada aparición de Aracely Reyes no ha sido una noticia de gran gusto.Todo lo contrario: una amarga sensación corre la sangre de Gerardo.Arroja a Altagracia ha
—Primero tú, ahora Aracely…¿Acaso las dos me quieren asesinar de un infarto? —Azucena conduce. No quiso tener chófer porque quiso estar solas con Altagracia, a quien observa con decepción, muy cercana a lo mismo que ella sintió al ver a Aracely tan sólo horas atrás—. Esto no puede estar pasando.Altagracia no quiere responder. El estado de conmoción sigue aferrada a ella, como si el mundo se hubiese detenido, como si la vida le hubiese dicho que vivía en una burbuja y debía salir de allí. Tiene la mano en su cabeza, mirando la ventana.Matías duerme en su asiento en la parte de atrás.—Esto no debió haber pasado…¿Crees que Aracely estaba de lado de Joaquín para que te quitaran el apellido?Altagracia no quiere responder. No podría ahora con su dolor…no es lo qué desea saber. No quiere que esto se vuelva una batalla de ese poder, esa que que tanto evitaba. Pero tiene la sospecha de que esa batalla había empezado desde mucho antes y ni siquiera lo sabía.Azucena comprende el silencio de
Aleida está con Azucena en la sala. Ambas hablan para ellas mismas con expresiones iguales, duda y escepticismo. Gerardo se quedó en el cuarto junto a Matías mientras prepara la comida a su bebé. No la dejó terminar luego de su propuesta, como si no fuese suficiente el beso y las palabras. —¿El bebé está dormido? —pregunta Aleida al verla llegar—. Mi nieto, quiero cargar a mi nieto. —Es hermoso, abuela. Matías es precioso —Azucena intenta sonreír, dejando atrás un momento el tema de Aracely y todo lo demás—. Es el bebé más lindo del mundo, así como era Sergio. —Gracias a Dios está con sus padres. Con sus dos padres —Aleida le sonríe a su nieta Altagracia—. Y tú, mi niña. —Estoy bien —dice Altagracia, luego de un largo suspiro. Le sonríe—. Estaré bien, lo prometo. —Sé que la conversación de tu hermana…estoy bastante impresionada por lo que ocurre. En como Aracely prefirió callar todos estos años. No comprendo sus acciones —Aleida frunce el ceño por tristeza—. Esa herencia debe dest
El jadeo sorpresivo de Aleida interrumpe el silencio segundo después de la confesión de Gertrudis. Azucena palidece, y una expresión horrorizada se suma al igual que sucede con su abuela.Gertrudis llora, limpiándose las lágrimas. Matías balbucea en los brazos de su madre, calmándose ligeramente mientras toma la corbata de su padre y se lo lleva a la boca.Altagracia da un paso hacia atrás, acercándose al cuerpo de Gerardo porque todo su sistema se congela. Cree que está escuchando mal.En cambio, Gerardo, no dice ni una palabra. Algo distinto sucede dentro de él, y Altagracia teme qué sea algo malo. Pero no lo culpa. Ésta confesión la ha tomado por sorpresa a ella, pero a Gerardo lo ha dejado en el limbo, poco a poco surgiendo un salvajismo que nadie sabrá cómo controlarlo.—Dios nos ampare —Aleida hace la cruz con rapidez—. Gertrudis, ¿Estás segura de lo que dices?—Tan segura, señora Aleida. Lo juro —Gertrudis se gira hacia Altagracia—. Perdóneme, señora Altagracia. Perdóneme, se l
Aracely no recordaba lo mucho que se disfruta estar frente a un escritorio, y no cualquiera, sino la que pertenece a la oficina presidencial. Se supone que Altagracia vendrá hoy para decir esto, aquello. Pero eso es lo menos que le importa. Quiere estar aquí. En Compañías Reyes para siempre.Todo ha salido a la perfección hasta ahora. Cada plan, cada paso que ha dado está fríamente pensado desde incluso antes de enterarse que su hermanita se casaría con Gerardo. No está aquí para dar explicaciones a nadie. Lo único que espera es tener a Sergio de vuelta. Lo buscará cuando termine aquí, cuando tenga la guerra ganada.Sabe que Altagracia no se quedará de brazos cruzados, pero para eso necesita un poco de calma. No será ella quien se encargue de su hermana. Otros se encargarán de ella, y de ese niño que lleva.Ese niño que si la gente se entera de la verdad le quitara el puesto a su hijo Sergio.El pensarlo la hace descontrolarse. Si Soledad hubiese hecho las cosas como debió haberlas he