Capítulo306
Las damas chicharacheras presentes vieron cómo Isabella se convertía en el centro de atención del día. Aunque la envidia persistía, entendían que su maestro estaba usando su reputación para protegerla.

Con el respaldo de un maestro tan respetado, era inevitable que los funcionarios civiles comenzaran a tratar a Isabella con especial consideración. Por ejemplo, alguien como don Fernando Yáñez, un amante empedernido del buen arte, definitivamente buscaría mantener una buena relación con ella si quería obtener más obras.

Además, la actitud que habían mostrado el Rey, y sus ministros y secretarios Ignacio, y Rinaldo Valverde era evidente para todos: apreciaban a Isabella no solo por el respaldo de su maestro, sino también por su propio talento y carácter.

Las damas no pudieron evitar admitirlo. Aquella que alguna vez fue despreciada como una simple mujer divorciada, ahora se había transformado en una figura respetada y admirada en todo el pequeño reino.

Una vez que las pinturas fueron adqu
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