Narra Lorenzo. —¿Averiguaste todo lo que te mandé investigar? —pregunté a Joseph, mi hombre de confianza. El hombre asintió en silencio mientras me tendía una carpeta repleta de documentos. —El infiltrado sabe mucho sobre la familia Romanov —me informó con una voz cautelosa. Una sonrisa apenas perceptible cruzó mi rostro. Eso era justo lo que quería escuchar. —Perfecto. El Conde Víktor no debe saber por qué lo acecho ni por qué me hago pasar por un buen samaritano en sus proyectos para el condado — añadí mientras hojeaba los documentos. —No lo sabe, señor —aseguró Joseph—. Pero hay algo delicado que debo mencionarle. Fruncí el ceño. —¿A qué te refieres? Joseph tragó saliva antes de responder: —Al parecer la supuesta hermana del conde no es lo que todos piensan. El infiltrado asegura que Kamila Ivanova es, en realidad, su esposa oculta. Mi mano se detuvo en seco sobre las hojas. —¿Qué demonios estás diciendo? —pregunté, incrédulo—. ¿Estás seguro? —Así es, señor
Kamila.Quedé mirando al señor Lorenzo, sorprendida por sus palabras. ¿Qué pasaría si me dejara llevar? ¿Sería capaz de sacarme del infierno en el que vivo con los Romanov? Mi mirada se desvió hacia Víktor, mi esposo, quien me observaba desde el otro lado del salón. Estaba acompañado de Luciana, la mujer con la que aparentemente su padre lo comprometió en un matrimonio falso. ¿Sería nuestra boda igual de ficticia?A pesar de todo, no podía negar que amaba a Víktor. Fue el primero en mi vida, aquel con quien compartí momentos terribles, pero también dulces. Nunca me maltrató físicamente, aunque sí me humillaba, hiriéndome mentalmente con su frialdad. Aun así, la libertad seguía siendo mi prioridad. Quizá el señor Lorenzo realmente quería ayudarme...—¿En qué piensas, Kamila? —preguntó Lorenzo, sacándome de mis cavilaciones.—Disculpe, señor Lorenzo, solo estaba pensando.—¿Te incomoda algo?—No, para nada.Sus ojos grises, enigmáticos y profundos, parecían ocultar miles de secretos. Él
ViktorEstaba molesto conmigo mismo por ser un idiota, me encuentro en mi despacho de la mansión. Era fin de semana y, por lo tanto, no tenía que ir al parlamento. Sin embargo, mi mente no encontraba descanso. Sobre el escritorio descansaba la carta que enviaría a ese hombre.Una cena... tendríamos que recibirlo en casa. Y todo porque se había fijado en Kamila, con que intensión, no tengo la menor idea.M*****a sea.Las cosas se estaban complicando. Tenía que buscar la manera de alejar a ese tipo de mi esposa. Todo este maldito juego comenzó cuando decidimos hacerla pasar por mi hermana, cuando en realidad es mi esposa. Ahora no tenía escapatoria. Tenía que hacer algo, y rápido. Kamila ya estaba advertida: debía rechazarlo. No había otra opción. Si no lo hacía, habría consecuencias.Por otro lado, estaba Luciana. No la soportaba más. No sabía cómo desligarme de ella sin enfrentar la furia de su padre, y aunque mi abuelo fue quien me había obligado a firmar ese maldito contrato de compr
Lorenzo.Me preparé con calma, observando mi reflejo en el espejo de mi amplia y lujosa habitación. Mi traje estaba impecable, cada pliegue y costura en su sitio, reflejando la imagen de un hombre que lo tenía todo bajo control. Las criadas me asistieron en la tarea de abotonarlo con precisión, mientras mi mayordomo esperaba de pie, sosteniendo una bandeja con una taza de té humeante. Una vez estuvieron listos los últimos detalles, hice un leve gesto con la mano, indicándoles que se retiraran. La habitación quedó en absoluto silencio, salvo por el tenue sonido del líquido caliente cuando llevé la taza a mis labios. El aroma intenso y exquisito me llenó los sentidos. —Muy bien —murmuré con satisfacción, dejando la taza sobre la mesita de mármol junto al sillón. Mi mayordomo inclinó levemente la cabeza en señal de respeto. —Quiero que preparen una habitación —ordené con voz firme—. Será para mi futura esposa. —Sí, señor, como usted disponga —respondió de inmediato. —Quiero q
KamilaCuando el señor Lorenzo se retiró, sentí cómo el agotamiento me golpeaba de golpe. Había pasado demasiado tiempo fingiendo, demasiado tiempo actuando como lo que no era. Mi suegra, con su mirada dura y su gesto de desaprobación, no tardó en hacerme sentir su desprecio. —Tal parece que le caíste muy bien a ese hombre —comentó con una frialdad cortante—, pero… ¿será que sospecha algo? Porque, como siempre, fuiste tan fría, tan inexpresiva. No supiste actuar como se debe. Apreté las manos sobre mi vestido, sin responder. Sabía que cualquier cosa que dijera solo empeoraría la situación. —Espero que no estés metiendo a mi hijo en problemas con tu forma de ser, Kamila —continuó, mirándome con severidad—. Ya te lo dije antes: no toleraré nada que lo perjudique. Solo espero que ese hombre piense que eres la hermana y no la esposa del conde. Mi hijo merece una mujer de buena familia, alguien de la élite, no una cualquiera como tú… una pueblerina sin gracia. Cada palabra se clavaba
Lorenzo Los dados chocaron contra la mesa con fuerza. Si pudiera, los haría añicos con mis propias manos. La frustración bullía dentro de mí mientras observaba con desinterés a la mujer que bailaba para mí. Sus movimientos eran sensuales, diseñados para provocarme, pero mi deseo no se encendía por ella. No por esa mujer. La única que quiero en mi cama tiene unos ojos azules tan intensos que parecen esculpidos por los dioses. Su cuerpo es una obra de arte, delgado y perfectamente moldeado, como una muñeca de porcelana. Su cabello rubio es un torrente de oro que enmarca su rostro con una perfección insultante. Tiene un nombre y un maldito apellido que deseo arrancarle cuanto antes. Kamila de Romanov. Ella es la única joya que quiero en mis manos. Mi obsesión. Mi delirio. Muero por hacerla mía, y no habrá nada ni nadie que me lo impida. Sonreí con esa certeza mientras deslizaba mis manos sobre el incómodo vestido de la mujer que me acompañaría esta noche. Un entretenimiento vacío
KamilaVivo atrapada en una jaula de oro, soñando con el mundo más allá de estas paredes, deseando caminar libremente por Moscú, sentir mis pies rozar la nieve, bailar sin restricciones en algún altar desconocido, mi pasión siempre fue ser una bailarin de ballete. Pero la realidad no es más que una cruel burla. Estoy confinada a esta mansión, oculta en las sombras, con el título de condesa como única compañía para su familia. Lo máximo que se me permite es pasear por el jardín o asistir a las interminables reuniones de beneficencia organizadas por mi esposo. En esas ocasiones, soy apenas una sombra, alguien que finge con maestría ser lo que nunca quise. Una Hermana que apoya al Conde.Sus palabras resuenan en mi mente “ Mil veces preferiría ser un don nadie como tú lo has sido siempre, antes que el mundo enterro sepa que eres mi esposa” Esa frase, repetida tantas veces, me cala hondo. Vivo bajo su sombra, cansada de una rutina que me consume. Lo amo en silencio, aunque sé que es inúti
Kamila. 💞La cena transcurrió sin contratiempos, llena de conversaciones diplomáticas y formalidades habituales. Sin embargo, mi atención se desvió cuando sentí la mano de Víktor rodear mi cintura, un gesto tan automático como intimidante, que me hacía recordar mi posición al lado de él. Justo en ese momento, él hombre de porte elegante con el que baile apareció frente a nosotros.—Conde Víktor Romanov, es un honor conocerlo. Mi nombre es Lorenzo Bianchi, un placer conocerlo a usted y a su encantadora compañía. Víktor, siempre en su porte y actitud, inclinó ligeramente la cabeza antes de responder.—Es un placer, señor Lorenzo Bianchi. Permítame presentarle a mi hermana, Kamila Romanov.Sabia perfectamente que esta sería su presentación para todos. No importaba el contexto, siempre era su "hermana" ante el mundo, y yo no tenía derecho a decir lo contrario. Lorenzo me miró fijamente, con una sonrisa amplia y cortés, pero había algo más en su mirada que me ponía nerviosa.—Es un gusto