Capítulo 12
Leonora sintió que Vicente la jalaba hacia atrás, y por un momento su mente quedó en blanco. Aun así, no se dejó vencer: clavó las uñas en sus propias palmas, usando el dolor para recobrar la lucidez.

«¡Tengo que salvarme!», pensó, aferrándose a la manija de la puerta para no perder el equilibrio. Con la mirada, buscó cualquier cosa que pudiera usar para defenderse. Un adorno de cristal, colocado sobre el tablero, le dio una chispa de esperanza. Pero cada vez que intentaba alcanzarlo, Vicente la jalaba de nuevo, impidiéndole avanzar lo suficiente.

Aun así, Leonora no se rindió. Con la mandíbula apretada y el cuerpo tenso, estiró la mano hasta que sus dedos rozaron el adorno. Cuando al fin lo tuvo entre sus manos, lo alzó con fuerza y, sin dudar, lo estrelló hacia atrás.

Un golpe sordo retumbó en el interior del auto. Vicente soltó un gruñido de dolor, aflojando la presión lo justo para que Leonora pudiera activar el seguro de la puerta y salir casi a rastras del vehículo.

La noche otoñ
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