Andrea me trae comida, cosas para entretenerme y pasa un par de horas hablando conmigo por la noche cuando vuelve de su trabajo en el bar. Puedo dormir un poco esta noche aunque me levanto cuando aún es de noche porque la corriente de aire frío que entra me hace estremecer.
Me levanto para cerrar la puerta. Espera... ¡Está abierta! Con la poca valentía que tengo camino descalza hasta las escaleras, y después a la cocina. La nevera está repleta de cosas y me cuesta encontrar el cartón de leche tras bolsas de carne y unas cuantas cervezas.
—¿Quién coño te ha dado permiso para salir de tu habitación?
Doy un salto y me clavo el borde de la encimera en la cadera. Siseo y dejo el vaso y la leche. Ay Dios santo. Pero qué hombre...
—Yo... umm... La puerta estaba abierta y solo he bajado a por un vaso de leche.
No puedo apartar la mirada de su cuerpo perfecto. Los tatuajes le cubren toda la piel desde el cuello hasta los dedos y hasta perderse en la goma elástica de su pantalón del pijama. Es una sombra gigante en el marco de la cocina. ¿Él vive aquí? Tendría sentido. De aquí vigila su banda, su club, sus negocios.
—Voy a dejar que salgas del cuarto, pero aquí dentro, ni se te ocurra salir a la calle sin mi supervisión.
—O sea, ¿que voy a poder salir de aquí contigo? —dudo.
—Es pronto para eso. Si tus papelitos no funcionan voy a usarte a ti, lo sabes ¿verdad? Lo sé.
—Sí —susurro.
Se le infla el pecho, el ave tatuado parece que aletea cuando suspira.
—Coge lo que sea que quieras, vamos, te llevo a tu cuarto.
Me sirvo la leche en el vaso y la dejo de vuelta en la nevera. Camino mirando al suelo detrás de él y se queda en la puerta vigilando que me quede dentro de la habitación. Pero él pasa también y sentirme encerrada aquí con un hombre como Killian me provoca cosas contradictorias. Pavor por su esencia, y una emoción sexual por mis hormonas virgenes
—Siéntate —me ordena y me siento en el borde de la cama. Él se sienta en una silla de madera que hay en la esquina—. ¿Sabe Carl que no eres su hija?
¿Me ha investigado? A este punto ya ni me importa. He creado un caos y todos se van a enterar de todo.
Con mi vaso de leche entre las manos me cruzo de piernas sobre el colhón y aprieto los labios.
—¿Tú cómo lo sabes?
—Eres una buena carta, necesito saber todo de ti para asegurar mi juego.
—Me lo podrías haber preguntado, ya para la que estoy liando no es que nada me importe mucho
—¿Vas a responder cualquier cosa? —me pregunta y yo dudo.
¿Cualquiera? Un hombre como él podría hacerme mil preguntas y seguro que no sé tanto.
—Puedo intentarlo. Creo que los odio tanto como tú.
—Te tenían bien escondida, al parecer ni si quiera tienes un registro médico —dice—. No existes, como si nunca hubieras nacido.
¡¿Qué?! El corazón me bombea con mucha más fuerza, impulsándome a gritar. Ojalá hubiera nacido en otra familia.
—Eso... Eso no lo sabía.
—¿Qué estudias? —me pregunta de repente, cambiándo tan drásticamente de tema que tampoco me agrada.
No estudio nada, no hago nada con mi vida, no sé cocinar, no sé conducir, hay muchas cosas normales que no sé hacer.
—Nada —admito—. Estudaba con gente del servicio de la mansión y buscando cosas en internet por mi cuenta. ¿Tú... Tienes estudios o...?
Se levanta de la silla, pienso que he cruzado el límite intentando saber de él cuando claramente, aquí manda Killian. Sin embargo camina con pesadez hasta los pies de la cama y aunque ya está oscuro, es como si me hiciera sombra con su cuerpo tan gigante. Levanto tanto el cuello que me duele.
—Dime la verdad, Dana —me pide y su mirada tan oscura me corta la respiración—. ¿Son reales los datos de esos papeles? Porque si lo son voy a joder a tu familia.
—¿A mi también? —dudo.
Tan inesperado como sorpresivo, Killian estira la mano y me pasa el pelo tras la oreja. Me deja sin aire y con la piel de gallina. Es la primera vez que Killian me toca y su tacto es tan suave que casi jadeo de la impresión, pero me contengo porque sé que ya parezco demasiado virgen como para encima demostrarlo.
—¿Son o no son reales, Dana? —Sus dedos me aprietan las mejillas, no muy fuerte, pero si con obligación a mirarlo cuando se inclina y su nariz casi roza la mía—. No tengo pensado que vuelvas allí, salvo que me jodas tú a mi. Responde.
—Son reales. Te lo prometo.
No puedo evitar mirar como se humedece los labios con la lengua. Killian es erotismo. Instintivamente yo hago lo mismo y asciendo mi mirada a sus ojos oscuros destelleando con algo más lejano a la maldad.
Suelta un suspiro fuerte que me choca los labios y abro la boca sin saber qué esperar de todo esto.
Simplemente me suelta, se endereza y sale de la habitación dejándome sola. Casi me tiro encima el vaso de leche cuando me dejo caer de espaldas al cochón. Dios. ¿Nos íbamos a besar? Tampoco sé hacerlo.
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Como no tengo nada que hacer y sentarme a ver la televisión me da vergüenza, me quedo otro día más encerrada en la habitación hasta que Andrea me saca un par de horas para jugar juntas al billar. Los chicos me miran como si fuera un bicho raro y ella se lo increpa.
—¿Qué miráis vosotros? La ha traído el presidente y sabéis lo que hace aquí. A lo vuestro.
Todos se ponen a lo suyo que es beber cerveza, fumar, hablar de cosas de la banda y de sexo mientras ven los deportes en el televisor gigante.
—¿Nos podemos unir o me vas a arrancar las pelotas? —se burla un chico y se tapa la entrepierna con la lata de cerveza.
Andrea resopla con gracia y se hace a un lado para que el chico juegue con nosotras. Los otros tres también se unen y consigo sentirme algo menos rara cuando han pasado tres partidas, y aunque las he perdido todas, es una actividad fuera de lo que conocía.
—Eres mejor que Frank —me dicen a modo de ánimo—, eso por lo menos es algo. Ese cabrón casi me saca un ojo la última vez.
—No le dejamos que toque el billar. Es como Andrea con la cocina que casi nos intoxica.
Me río y todos me miran, debe de ser una de las pocas veces que me he reído en años. Al rato, sus teléfonos suenan a la vez, menos el de Andrea. Y así como estaban se van a sus cosas de bandas.
—Es por ti —dice ella y la miro—. Ben me ha dicho que Killian iba a ir a hablar con tus padres hoy. Esta noche.
¡¿Qué?! Casi corro a hablar con él de no ser porque Andrea me sujeta.
—No —me advierte—. Son cosas de la banda, nosotras no nos metemos. Killian sabe lo que hace y conseguirá lo que nos deben.
Y después seré libre. Espero, aunque no tengo ni idea de lo que es la vida de verdad. ¿A dónde voy a ir sin documentos? ¿Y mi dinero? Bah, seguro que se lo ha quedado para saldar parte de la deuda, y ni siquiera sé coger un autobús. ¿Qué plan tan malo era este?
Pero si Killian va, si les dice lo de los documentos y todo lo que ahora él sabe... Ellos sabrán que es por mi, sabrán donde estoy y puede que...
—Tranquila. No les va a hacer daño —me asegura.ç
—No es eso —admito—. No quiero que me encuentren.
Y se lo cuento todo. Desde que recuerdo mi vida, pasando por las veces que me repetian que yo no era la hija que querían, que era una bastarda, y por Jess y sus tonterías, las peleas, la vez que me empujó por las escaleras y tuve la pierna rota, y las veces que he pensado que mi madre de verdad me quería porque por lo menos sí que era su hija biológica. Andrea me escucha atenta, terminamos sentadas en su cama y me deja hablar aunque indaga cada vez más y más en la de cosas que he vivido.
—¡Qué hijos de puta! —grita—. No puedes volver allí, Dana.
—Son cosas del club, tú lo has dicho, y si esto no funciona Killian me usará a mi.
Intento no pensar mucho en eso, han sido días tranquilos y me he acomodado un poco al club y a mis limitaciones. Pero me iré, estoy segura, no debería encariñarme mucho.
Me levanto de su cama cuando Ben entra y se queda quieto. Yo ya estorbo aquí.
—Iré a descansar. Buenas noches —susurro.
—Mañana jugamos otra vez, ¿vale? —me pregunta ella y yo asiento. No es como si tuviera otra cosa que hacer—. Descansa, Dana.
Cuando paso al lado de Ben y le miro, la pregunta se me escapa.
—¿Sabes algo de Killian?
Aprieta los labios.
—No —responde.
Atravieso todo el pasillo hasta mi habitación. Me gustaría dormir con la puerta abierta para no ahogarme, pero no me atrevo. La cierro pero eso no sirve para amortiguar los sonidos tan duros que retumban a eso de las doce. Las frenadas de coches fuera del club me hacen correr a la ventana a ver qué pasa, pero no veo nada y salgo al pasillo. Ben sale de su cuarto desde el otro extremo sosteniendo un arma y un par de chicos medio desnudos también se asoman por la puerta.
—Dana, métete dentro —me ordena a grito duro.
¿Esto es por mi?
Me quedo encerrada pero escuchando tras la puerta.
—Joder, viene el doctor, han disparado al presidente —escucho.
Casi veinte minutos después ya no se oye tanto jaleo. He oído que han subido a Killian a su habitación y salgo a hurtadillas, no sé cuál es su cuarto pero no es difícil encontrarlo, es el único del que sale luz bajo la puerta. No llamo, no me importa, solo abro la puerta.Está sentado en el borde de su cama, encorvado y goteando sangre por todas partes.—¿Qué coño haces? —me brama.—He escuchado lo que ha pasado. ¿No ha venido el médico aún?—Dana, lárgate.Se aprieta un trapo contra el hombro y sisea.No sé mucho de curar heridas, disparos, pero no puede quedarse así mucho más tiempo. He visto que en el baño de mi habitación hay un botiquín, pensando que quizás aquí también haya uno me meto en el baño y ¡bingo! Lo suelto a su lado en la cama y lo siento mirarme mientras intento ayudar.—¿Han sido ellos?—Su puta seguridad —brama.—Ha ido mal, ¿no?Estoy a punto de tener una arcada cuando veo el agujero que traspasa su camiseta y su piel.—¿A tí qué te parece? Ya saben que te tengo.—
Las piernas me tiemblan mientras bajo las escaleras y me encuentro con algunos miembros de la banda reunidos en el salón enfrentados con mis padres. El corazón casi se me sale por la boca y quiero volver a subir corriendo. Estoy con mi pijama puesto, seguramente con cara de haberme estado a punto de quedar dormida, y descalza. El frío del suelo me mantiene en la realidad. Se les ve bien, perfectos y pulcros como siempre, como a unos tiranos. Quiero que Killian los destroce porque yo nunca he sido capaz y ni lo seré por mi cuenta.—Hija... —exhala mi madre y por como me mira casi me convence de que ha estado preocupada.—Dana —me llama Killian y me hace un gesto de cabeza sin dejar de mirar a mis padres—, ven aquí —me ordena.Camino descalza hasta estar a su lado y el simple echo de estar tan cerca suya me hace sentir extrañamente protegida, segura.—Deja que vuelva con nosotros, te lo devolveremos todo.Dana... ven aquí, cariño —insiste mi madre.—No va a ninguna parte. Está bien, ya l
Por la mañana le devuelvo las zapatillas a Andrea y al bajar a la cocina me encuentro con un montón de chicas limpiando el estropicio de la noche anterior. Andrea me ha hablado un poco de estas mujeres, pasan por el club y por los hombres de la banda esperando que alguno le dé más que sexo, esperando ser reclamas por estos hombres para ser parte de la banda como Andrea lo es por ser la pareja de Ben, eso le da protección, le da trabajo, le da una casa y le da amor. Pero estas mujeres lo fuerzan y se terminan conformando con ser mujeres que solo se usan por el sexo. Al parecer les gusta porque hacen de todo por estos hombres: limpian, cocinan, algunas tienen trabajo en el bar y a otras les pagan por el sexo.Y para estar en pleno invierno, en el tiempo que llevo aquí siempre las he visto vistiendo estos vestidos cortos o con camisetas tan ajustadas y ligeras que las tetas casi se les salen de la tela. Yo me paso el día en sudadera, en pijama o con algo de ropa que Andrea me deja para p
Levanto las caderas para que me quite los pantalones y al erguirse, él también se quita los suyos y se queda en calzoncillos. También quiero ser más valiente así que empiezo por quitarme la camiseta y estamos a la par en ropa interior. Se encorva sobre mi cuerpo, sus labios se aplastan contra mi escote y me dejan un rastro de besos por todo el cuerpo. No sabía que esto podía sentirse tan bien.Me doy unas palmaditas en la espalda por haberme depilado ayer porque estoy lisa cuando sus manos me tocan, cuando sus dedos se enredan en la tela de mi ropa interior y me la hacen a un lado para tocarme. Es la primera vez que gimo. A veces he intentado tocarme en la soledad de mi habitación, pero nunca he sentido mucho.—¿Te has tocado alguna vez?—Sí. Me parece que logro sorprenderlo.Sonríe y me muerde la piel del pecho.—¿Te has metido los dedos?Su dedo se empuja dentro de mi, es mucho más grueso que el mío y se siente mucho más diferente, mucho m
—Tráeme agua, inutil.Resoplando me arrastro hasta la cocina para complacer a mi hermana, Jess, es lo mejor para no discutir. De todas formas cuando discutimos yo nunca tengo la razón para nadie salvo para mi misma. Nuestros padres me odian y siempre están de su lado. Para lo poco que me queda aquí prefiero pasar desapercibida.Cojo un vaso del armario y lo lleno con agua del grifo reservándome los pensamientos de echarle sal, azucar o algo por el estilo para que le sepa la boca mal todo el día. Le llevo el agua y me encuentro en el salón con nuestros padres, serios, rectos, sin fingir que son perfectos aunque se lo crean. Me arrebata el vaso de las manos y casi moja el suelo, menos mal que no porque me hubiera tocado secarlo a mi.—Tenemos una reunión en dos horas, van a venir unos socios. Ya sabéis lo que hacer.Sí. Jess tiene que ponerse guapa para ver si consigue ligarse a alguno de esos "socios" y sacarles el máximo partido y yo tengo que encerrarme en mi habitación. Yo siempre s
Casi no he dormido. Por la mañana yo ya debería estar lejos de la ciudad, de la familia que no me quiere, de todo este embrollo. Bien sabiendo que esto era algo que podía pasarme, algo más tranquila me deja saber que es Killian y que lo conozco. Sigo mirando al techo cuando abren la puerta y una chica sonriente me saluda.—Buenos días —dice y se ríe. ¿Está loca?—. Killian me ha pedido que te traiga esto. Yo me llamo Andrea, me parece que me va a tocar vigilarte mientras estés en el club —bromea.¡Mi mochila! He tenido que dormir con la ropa puesta y menos mal que llevo un chándal. Me levanto de un salto de la cama y se la quito de las manos. Dios. Se ha quedado mis papeles, mi dinero.—Gracias —musito de todas formas—. Yo soy Dana.—Oh, lo sé. Ya lo sabemos todos. Eres la hija prófuga de los Bennet. Te están buscando.Me buscan por lo que sé. Porque solo les da miedo quedarse sin sus lujos, que los clientes de la empresa se enteren de que han sido estafados, que toda esa gente que con