Hola, perdón por la demora, tuvo un poco de trabajo extra. Pero ahora estamos de vuelta con actualización diaria. Me pondré manos a la obra para recuperar los capítulos que debo y el ansiado maratón. Gracias por leer.
Aunque el aroma de aquel hombre —una mezcla de madera fresca— inundaba sus fosas nasales, el recuerdo de Alana irrumpió en la mente de Ariana. De repente, se apartó de Axel con un movimiento brusco. Con urgencia, su mirada buscó la de su hermanita. La pequeña, sentada en silencio, con los ojos aún hinchados por el llanto, pero ahora su expresión reflejaba más curiosidad que miedo. Las manos de la niña, que antes temblaban sin control, yacían quietas sobre su regazo. Sin embargo, lo que más llamó la atención de Ariana fue que aquellos grandes ojos infantiles estaban llenos de preguntas, fijos en ella y en aquel hombre de cabellera dorada. La mano cálida de Axel recorrió su frente, y el contacto, aunque suave, le provocó una mueca de dolor. —¿Cuándo te vas a defender? ¿Acaso esperas a que el agresor te apuñale con un cuchillo en el corazón? Ante la pregunta severa, ella negó con la cabeza. —Para usted es muy fácil decir eso —masculló—. Esa mujer venía acompañada de tipos peligros
La piel pálida de la mujer combinaba a la perfección con la mesa de mármol. Tomó un sorbo de té y sus ojos verdes examinaron el rostro desencajado de su marido. —¿De verdad te pondrás de su lado? Tu hijo no tiene límites —recriminó Giovanni y pasó su mano por su cabellera azabache. Sus pensamientos eran un remolino que iba desde la furia hasta la preocupación. ¿En qué momento se convirtió en ese horrible padre que crió a un demente? —Eras el primero en oponerte a esa unión. Alégrate, Axel ya no se casará con esa personita —le recordó Frida mientras se limpiaba la comisura de los labios con una servilleta de tela. —Ese no es el tema central de la conversación. Mujer, tu hijo hace lo que quiere y tú solo justificas sus acciones. —Querido, te recuerdo que "nuestro" hijo no ha sido el mismo desde aquel incidente. Él no es culpable, es una víctima. —Los recuerdos amargos y angustiantes de ese día pasaron frente a los ojos de Frida. Su amado y único hijo, con la mente desecha, les rogaba
—Ese oso es tan bonito. ¿¡De verdad es para mí!? —La voz de Alana, dulce y melosa, llenaba la habitación. Sus pequeñas manos sostenían con dificultad el muñeco. —Por supuesto. —La respuesta de Axel fue suave; incluso sus ojos, que siempre destilaban frialdad, se habían llenado de calidez. Resultaba aterrador verlo sentado en la cama, tranquilo, lejano a ese hombre perverso que Ariana tenía el dolor de conocer. Recordaba a esos animales que se camuflan para engañar a sus presas. Parada en la entrada del cuarto, Ariana apretó los labios. Identificaba muy bien esa voz, aguda y chiqueada. Pese a no haberla escuchado antes, ahora era el tono habitual de su hermanita, como si supiera que ser adorable le abría todas las puertas, que Axel le daba todo lo que pedía. Tres semanas bastaron para que la pequeña creyera que ese ser despreciable y manipulador de cabello rubio era un superhéroe. —¡Mira! —dijo con entusiasmo, sus ojos puestos en el televisor—. ¿Es un pez muy grande, verdad
Con el trasero sobre el frío retrete, Ariana dejó fluir todos esos sentimientos que se había esforzado por reprimir: tristeza, amargura y rabia.Esa noche, al ir a la habitación de su hermana para desearle las buenas noches, la niña ni siquiera le sostuvo la mirada.«Ahora la mala soy yo», se dijo con ironía y dolor.La opresión en su vientre se acrecentó. Sintió que algo salió de sí: sangre menstrual y algo más.Se limpió con un pedazo de papel y, acto seguido, se metió a la ducha. Sus lágrimas fueron incontrolables.Deseaba un abrazo de su abuela, que alguien le dijera que todo estaría bien. Que no era esa mala persona que no sabía ni cómo tratar a su hermanita.(…)Por su parte, Axel, recostado en la cama, se aferraba a aquellos recuerdos lejanos que aparecían en sus sueños.El rostro sonriente de Elisa, difuso, pero igual de angelical. Su voz, la ternura de una melodía inocente.Su cabello despeinado por el viento, su sonrisa marcada por la falta de dientes.—¿Crees que las estre
Cuando Frida le puso rostro a la víbora que se le metió en los ojos a su hijo, le vinieron recuerdos perturbadores del pasado.Al menos esa tal Ariana daba la impresión de ser una mosca muerta, totalmente distinta de Elisa, una chusma, gata salvaje y rabiosa…—No tengo por qué hacerle caso. Hace mucho que dejé de trabajar para ustedes, señora. Así que vaya a joder a otro lado. —Elisa se había plantado cara a cara ante su futura suegra; no le importó la expresión de asco y desconcierto en el rostro de la mujer.—Eres una gentuza, mugrosa, malhablada… ¿Crees que por eso que tienes entre las piernas tendrás a mi hijo siempre de tu lado? —Sonrió con sorna mientras la barría con la mirada. Su vestido color coral de diseñador, entallado en la cintura, la hacía ver elegante, cual persona de la realeza, un contraste significativo con su actitud.—Que su valor dependa de lo que tiene “entre sus piernas” no quiere decir que el de todas sea igual. Yo soy más que una vagina, señora. Mucho más que
Con sus ojos cerrados, concentrado en el sonido de su respiración, la soledad lo llevó despacio a ese mundo dentro de su interior. Tenebroso, lúgubre y desordenado, aunque últimamente se había iluminado por pequeñas chispas de luz. Sus sueños. Sus pesadillas. Vio a esa pequeña Elisa, encantadora y sucia. Sin embargo, sus ojos se abrieron con sorpresa al encontrarse con una Elisa de mayor edad. Una mujer hermosa. Rota. Dolida. Muerta. La vio como en la mayoría de sus pesadillas: con la mitad del rostro cubierta de sangre y sudor. El cabello largo y enmarañado, pegado a la frente. Vestía un camisón ligero de seda, tan sucio que el blanco se había vuelto beige. Le llegaba hasta las rodillas y tenía tiras delgadas. Sus manos temblaban y sus dedos estaban sin uñas. Al cruzar miradas, las lágrimas desbordaron como ríos en medio de torrenciales lluvias. —¡TE ODIO! —gritaba ella a todo pulmón. Sus sollozos le quemaron los tímpanos. Él se quedó paralizado, con la cabeza revuelta.
«Tengo que ver a mi hermana» El reloj marcaba las dos de la tarde cuando Ariana se puso de pie. Entró al baño y depositó la toalla sanitaria, con apenas unas manchitas, en el cesto de la basura. Las gotas de agua resbalaron por su cuerpo desnudo, sin conseguir relajarla. Al terminar, salió con la bata de baño y fue al cuarto, donde acomodó su ropa. Lo primero que hizo al estar cambiada fue buscar a Alana, quien era atendida por la mujer de servicio. No solo le daba lo que necesitara—agua, colación o cambio de pañal—, sino que también jugaba con ella. —Ariana, ¿ya estás mejor? —quiso saber con urgencia su hermanita al verla parada en la puerta. —Sí. —Su cabeza todavía dolía, pero eso debía ser por el desvelo y el cansancio mental que ni largas horas de sueño podrían aliviar. La empleada de cabello oscuro y bata negra la saludó con cortesía. Ella le respondió el saludo. —¿Estamos solas? —La pregunta real era: "¿Está Axel?" —El señor Jerónimo está en la sala —contestó la empleada,
—Tengo mucho miedo. —El llanto de Alana llenó la habitación del hospital. Ariana le sostuvo la mano con la fuerza necesaria. Una falsa sonrisa adornó sus labios. —Todo va a estar bien —le aseguró, aunque su corazón latía con fuerza y un retortijón en el estómago la hacía sentir que le faltaba el aire. Ariana siguió las indicaciones del médico. El peso de su hermana era perfecto; jamás la había visto tan saludable. Dos meses de buena alimentación, terapia acuática y medicación para fortalecer sus huesos hicieron maravillas. El doctor la sometió a pruebas y aseguró que estaba en el punto perfecto para comenzar las operaciones de corrección ósea. Todo sonaba maravilloso y, a su parecer, aterrador. Nada en su vida era así de perfecto. Seguramente algo malo iba a pasar, y esa sensación la aterraba. —Después de la operación —Axel tomó aire antes de proseguir; una de sus manos descansaba en su bolsillo—, en cuanto sea posible, iremos a donde tú quieras. Ahora esfuérzate por ser v