169. LA CACERÍA  

CLARIS:  

Vi cómo Vikra cayó de rodillas. Bajó la cabeza, como si de repente toda fuerza lo hubiera abandonado. Incluso desde la distancia, podía percibir la renuncia en su postura, ese instante en el que comprendió que su obsesión había sido desvanecida por la realidad.  

 La mano de Kieran comenzó a acariciar el lado de mi cuello, haciéndome olvidar. La conexión entre nosotros fue inmediata. Era como si Atka y Lúmina estuvieran coreando juntas una victoria silenciosa, y me dejaban a mí saborearla.  

 Mi Alfa ronroneó en aprobación al ver cómo ladeé la cabeza buscando el contacto de su mano. Yo era su Luna. Él era mi Alfa. Y con esa resolución palpitando en mi interior, supe que no había espacio para nada más en mi corazón ni en mi destino.  

 La reja de la celda se cerró co
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