171. SOY UNA LOBA 

CLARIS:

La alegría me inundó, y corrí a lamer el rostro de Osael, quien reía con la ternura de lo que era: un cachorro. Su risa resonó en el bosque, interrumpida rápidamente por el gruñido profundo de Atka y las miradas serias del resto de los lobos presentes. La tensión regresó como un manto pesado sobre nosotros.  

—Perdón, mi Alfa —dije con humildad, aunque la emoción me embargaba—. Es que estoy muy feliz. ¡Observa!  

Sin esperar respuesta, me transformé en humana de nuevo, sintiendo el calor del cambio recorrer cada fibra de mi cuerpo. Levanté el rostro hacia el cielo y grité, con una voz fuerte y firme: —¡Lobos afuera!  

Inmediatamente regresé a mi forma de Lúmina, más majestuosa de lo que jamás me había sentido. Mi corazón latía con fuerza, henchido de orgullo
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