205. INSTINTOS LOBUNOS

CLARIS:

 El frío de la cama me despertó sobresaltada, buscando a mi alfa entre las sombras vacías de la habitación. La oscuridad pesaba más de lo debido, y cada segundo que pasaba sin encontrarlo se convertía en una punzada aguda en el pecho. ¿A dónde había ido a esta hora? Cerré los ojos con fuerza, tratando de concentrarme, enfocándome en rastrear su energía, en sentir siquiera un indicio de su presencia en el baño, en la habitación de los gemelos o tal vez en algún rincón de la casa. Pero no había nada. Vacío. Silencio.  

 Me senté de golpe, sintiendo cómo el frío se aferraba a mi espalda. El espacio parecía más inmenso y desolado que nunca. ¿Dónde estaba? ¿Por qué no sentía el vínculo que siempre nos conectaba?  

 —Lúmi
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