KIERAN:
La tensión en el aire parecía ceder, aunque solo un poco. Claris inclinó la cabeza en una muestra de gratitud humilde, pero el temple en sus ojos denotaba determinación. Era la misma humana que había entrado en mi despacho cuando mi beta la contrató como mi asistente, decidida a todo con tal de no perder su trabajo. No había cambiado en ese aspecto. Pero la Claris que ahora estaba frente a mí mantenía aquella valentía y coraje, aunque al mismo tiempo era diferente: más consciente de su papel, más fuerte.
—Gracias —dijo serenamente, mirando tanto al consejo como a los integrantes de la manada reunidos—. Prometo demostrarles que su confianza en mí no será en vano. No lo haré porque quiera ser aceptada apresuradamente, sino porque amo a esta manada y haré todo lo que esté en mi poder para protegerla y trabajar por su bCLARIS:Estaba desconcertada; cada palabra, cada movimiento se sentía cargado de tensión y significados ocultos que no alcanzaba a comprender del todo. Miré a mi Alfa, quien parecía estar estudiando cada una de mis reacciones con sus ojos entre grises y dorados, fijos en mí, insondables. ¿Qué era esto? ¿Celos u otra prueba? La incertidumbre me carcomía, pero era consciente de que no tenía tiempo para analizar en profundidad los sentimientos ni los motivos de Kieran. Había una realidad apremiante frente a nosotros que no podía ignorar: el alfa Vikra otra vez había puesto su vida en peligro y estaba casi segura de que lo había hecho por mí, motivado por la obsesión de creer que yo era su pareja destinada. Me volví hacia Vikra, esperando su respuesta. Pero en lugar de hablar con claridad, comenzó a reír. Su risa era en
CLARIS: Vi cómo Vikra cayó de rodillas. Bajó la cabeza, como si de repente toda fuerza lo hubiera abandonado. Incluso desde la distancia, podía percibir la renuncia en su postura, ese instante en el que comprendió que su obsesión había sido desvanecida por la realidad. La mano de Kieran comenzó a acariciar el lado de mi cuello, haciéndome olvidar. La conexión entre nosotros fue inmediata. Era como si Atka y Lúmina estuvieran coreando juntas una victoria silenciosa, y me dejaban a mí saborearla. Mi Alfa ronroneó en aprobación al ver cómo ladeé la cabeza buscando el contacto de su mano. Yo era su Luna. Él era mi Alfa. Y con esa resolución palpitando en mi interior, supe que no había espacio para nada más en mi corazón ni en mi destino. La reja de la celda se cerró co
KIERAN:Por un instante, el silencio llenó el bosque, pesado y expectante. La miré fijamente, tratando de descifrar lo que sentía. Claris no solo estaba frustrada; estaba al borde del colapso, atrapada entre el peso de su humanidad y la naturaleza que corría por sus venas. Vi el temblor en su mano cuando la colocó sobre su vientre, un gesto que, para ella, parecía una súplica muda. Sabía el peso de esa vida que llevaba dentro, lo que significaba para ella y para nuestra manada. Lo entendía, pero no podía permitirme dejar que eso me debilitara. Aún así, no rompí el contacto visual. Era mi compañera, mi Luna, pero también mi responsabilidad, y no había espacio para dudas. Daba igual que su desesperación resonara en cada palabra; tenía que ser firme con ella. Giré mi rostro hacia los lobos que aguardaban un poco más a
CLARIS:La alegría me inundó, y corrí a lamer el rostro de Osael, quien reía con la ternura de lo que era: un cachorro. Su risa resonó en el bosque, interrumpida rápidamente por el gruñido profundo de Atka y las miradas serias del resto de los lobos presentes. La tensión regresó como un manto pesado sobre nosotros. —Perdón, mi Alfa —dije con humildad, aunque la emoción me embargaba—. Es que estoy muy feliz. ¡Observa! Sin esperar respuesta, me transformé en humana de nuevo, sintiendo el calor del cambio recorrer cada fibra de mi cuerpo. Levanté el rostro hacia el cielo y grité, con una voz fuerte y firme: —¡Lobos afuera! Inmediatamente regresé a mi forma de Lúmina, más majestuosa de lo que jamás me había sentido. Mi corazón latía con fuerza, henchido de orgullo
CLARA:A pesar de que mi pareja, el beta Fenris, me había prohibido conectarme con mi hermana Claris, el Alfa Kieran también lo había hecho. No podía obedecerlos. Durante nuestra vida como humanas, cuando mi cuerpo enfermo me condenaba y me mantenía al borde del abismo, ella fue mi salvación. Claris se sacrificó por mí de maneras que ni siquiera podía comprender del todo; se despojó de quién era, de sus sueños y su esencia, para estar a mi lado. Vivió únicamente con un propósito: mantenerme viva.Para pagar mi medicina, ella soportó humillaciones que nunca debió conocer. Aguantó miradas de desprecio y palabras de rechazo. Nadie veía su esfuerzo, nadie entendía su dolor. Primero fue juzgada por el pasado de nuestra guardiana, Elena, quien alguna vez vivió para complacer a los humanos, olvidada de quién era. Luego,
CLARISNo sabía exactamente lo que estaba haciendo. Cada paso, cada movimiento, nacía de un instinto que no era mío. Era Lúmina, la loba mística, quien poseía el conocimiento de ese poder ancestral que ahora residía en mí. Yo, Claris, era solo una humana, una mujer que aún buscaba comprender su lugar en esta manada y el peso de su legado. Pero había algo que sí sabía: el coraje que hervía en mi interior para proteger a los que amaba.El sonido de ramas quebrándose me anunció la llegada de Kieran Theron. En un instante, se posicionó a mi lado, el Alfa de nuestra manada, con su porte imponente y su energía envolvente. Le bastó una mirada para transmitirme su intención. Si las lobas brujas venían a por mí, él estaría allí, combatiendo a mi lado, aunque cada fibra de mi ser gritara que yo debía en
KIERAN:Sabía que mi Luna había pasado por demasiadas emociones. La batalla había sido intensa y, aunque nuestra victoria nos daba algo que celebrar, no podía evitar preocuparme por ella. Después de lanzar mi aullido de victoria y advertencia, dejando claro que nuestra manada era fuerte y unida, me aparté del grupo. Los demás se quedaron celebrando tanto la cacería como el triunfo sobre las brujas, pero yo tenía algo más importante que atender: tenía que asegurarme de que Claris estuviera bien.No era solo la preocupación del Alfa por su Luna, era algo más profundo, más humano dentro de mí. Necesitaba verla a solas, felicitarla en privado por su fuerza, por lo que hizo y cómo lo hizo. Sin elevarla demasiado, claro, porque no lo necesitaría. No la felicitaría como su Alfa, lo haría como lo que también soy: su esposo.
KIERAN:Los tomé en mis brazos, abrazándolos con fuerza. Sentir sus pequeños cuerpos me llenaba de alivio por tenerlos a salvo. Sin decir nada, los entregué a mi Luna, que los recibió de inmediato con los brazos abiertos. Con las lágrimas contenidas, en sus bellos ojos.Enfoqué mi atención en lo que me rodeaba. El instinto me decía que algo no era como debía ser. Busqué a los guardias que siempre vigilaban nuestro hogar y protegían a mis cachorros. Fue entonces cuando los vi, todos dormidos profundamente en sus posiciones, completamente indefensos.—Imposible... —murmuré.Frené en seco y, con un movimiento rápido, incliné la cabeza hacia atrás, dejando escapar un poderoso aullido de llamado. Su eco resonó en cada rincón de mi manada. No pasó mucho tiempo antes de que comenzaran a aparecer