234. NO PUDE DEJARME ENGAÑAR

El arrepentimiento golpea a Marlon como una ola helada. Debió haberle hecho caso a Marcia, debió haber buscado una segunda opinión. Ni siquiera permitió que su amigo Félix lo verificara. ¿Cómo pudo ser tan necio de quedarse con una sola opinión? La culpa lo corroe por dentro como ácido, aunque la duda no se ha esfumado.

—Eran falsos esos resultados, señor —afirma María Graciela con una convicción que hace temblar las certezas de Marlon—. Estoy segura de que lo eran porque usted fecundó ocho óvulos de su esposa. ¡Se lo juro! —Asegura con una urgencia desesperada—. Estuve presente durante todo el proceso; yo ayudaba en el laboratorio, y lo sé. Además, si no me cree, puede realizarle las pruebas de paternidad a los niños.

Cada palabra era como un martillo que golpeaba los cimientos de todo lo que Marlon creía saber s
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