Su tono, lleno de desaliento, no pasó desapercibido. A Alejandro no le gustó nada.—Mónica, no quise decir eso.—Lo sé. —Ella notó su disgusto y bajó un poco la vista—. En realidad, estoy decidida a cooperar con todo el proceso de curación. Haré lo que sea necesario.—Eso está muy bien —asintió Alejandro.Pensó que había sido demasiado brusco; después de lo que Mónica vivió, era normal que estuviera sensible.—Discúlpame por hablarte así. He estado un poco rígido.—No pasa nada —respondió ella con una sonrisa conciliadora y, cambiando de tema, preguntó—. ¿Tienes idea de qué flor sembré?—¿Cuál es?A simple vista, en la tierra no se veía nada.—Son semillas de flor de mariposa —comentó Mónica, mirando las macetas donde ni siquiera habían brotado retoños aún—. ¿Recuerdas cuando el jardín estaba lleno de estas flores?Alejandro lo recordaba, claro que sí. Era imposible olvidar aquel jardín repleto de flores de mariposa y a la chica que corría tras las mariposas… Esas imágenes jamás se hab
Esta vez, Simón supo que no podía seguir negándose a contestar.—¿Alejandro? —dijo con voz temblorosa.—¿Qué estás haciendo, Simón? Ya hablaremos luego. ¿Dónde está Luciana?Simón echó un vistazo a la puerta cerrada. Trató de mantener la calma, pero la urgencia se le notaba.—Alejandro… creo que Luciana está en peligro. Ven de inmediato a Cirugía General.—¿Cirugía General? —repitió Alejandro, adoptando una expresión tensa y sin pedir más detalles. De inmediato se dio media vuelta y echó a andar con pasos firmes.Sergio lo siguió sin vacilar, sin atreverse a formular preguntas.***La tensión en la puerta de la habitación era tan palpable que parecía que, en cualquier momento, estallaría un enfrentamiento.—¡Lo repito por última vez: abran la puerta! —exigió Simón, apretando los dientes—. Señor Domínguez, Señora Domínguez… ¿tienen idea de quién es señora Guzmán? Si llega a pasarle algo aquí, ¿podrán asumir la responsabilidad?—Tranquilo, no te alteres —trató de mediar Victoria, aparent
¿Así, sin más? Sin duda estaba furioso. Luciana se quedó helada, con el mismo desamparo de una niña que ha cometido un error y es abandonada por un adulto.—¡Luciana! —exclamó Sergio, dándose cuenta de la gravedad del asunto—. No te quedes ahí; Alejandro se fue furioso, ve tras él.—Oh… claro —asintió Luciana, volviendo en sí. Se levantó de la cama con torpeza.—¡Cuidado! —Sergio la sostuvo para que pudiera calzarse los zapatos. Mientras se acomodaba, Luciana dirigió una mirada a Victoria. ¿Cómo había terminado ella durmiendo en aquella cama con Fernando? No entendía nada.—… —Victoria, con un gesto de culpabilidad, esbozó una sonrisa incómoda—. Luciana, ve a explicarle todo al señor Guzmán, rápido.—Sí —respondió Luciana, sin añadir más. Había que correr tras Alejandro.Por desgracia, cuando salió al pasillo él ya se había marchado. Para cuando llegó a la entrada del hospital, el auto de Alejandro desaparecía a la distancia.—Alejandro se fue a Rinconada, Luciana. Sube al carro —sugir
Lo había visto todo… pero todavía albergaba la estúpida esperanza de haber malinterpretado la escena.«¿Dónde quedó tu firmeza, Alejandro Guzmán? ¿Y tus principios?», se recriminó.Mientras su mente era un torbellino, Luciana no terminaba de entrar. De pronto, la mirada de Alejandro se posó en un objeto sobre el pequeño escritorio.Un cuadernillo.Esa mesita era la que Luciana usaba para sus libros y apuntes profesionales. Sin embargo, ese cuadernillo claramente no formaba parte de su material de estudio. Tenía una lista de conceptos, cada uno con una cifra al lado… Parecía una especie de registro de gastos.Intrigado y molesto, Alejandro lo tomó y le dio una ojeada. Con solo un par de vistazos, sintió que la rabia que intentaba contener resurgía con más fuerza.«Ja…»Soltó una risa helada. Efectivamente, era un registro de cuentas. En él se anotaban todos los “débitos” que Luciana le debía a Alejandro, o más bien, a la familia Guzmán. La entrada más antigua era de 200 mil —el costo in
Luciana no esquivó su mirada.—¿Estás muy enojado? ¿Por qué? —preguntó con frialdad, como si no entendiera la causa de su rabia.Alejandro parpadeó, aturdido. ¿Cómo podía Luciana siquiera preguntar el motivo?Ella, por su parte, prosiguió con una voz extrañamente serena:—No logro entenderte. A esta altura, ¿realmente importa si yo te quiero o no?En la mente de Alejandro se encendieron todas las alarmas.«¿Qué está diciendo?», pensó, conteniendo su frustración.—¿O tal vez…? —añadió Luciana con la mirada llena de incertidumbre—. Alejandro Guzmán, vienes de una familia poderosa, y esa necesidad de posesión te sale de forma natural. Yo soy tu esposa ante la ley. Entonces, aunque no me quieras de verdad, tampoco toleras que yo no te quiera… y mucho menos, que te traicione. ¿No es así?«¿No me quiere de verdad? ¿Traición?» Las palabras de Luciana sonaban como una confesión de que, efectivamente, había algo turbio con Fernando. El rostro de Alejandro se ensombreció aún más.—Luciana, ¿dónd
—¿Luciana? —preguntó Amy, entrando a la habitación acompañada de Felipe.Él había pasado más tiempo en el hospital últimamente y no imaginaba que las cosas se hubieran complicado tanto entre la joven pareja.—¿Qué sucede? —preguntó Felipe, al notar la maleta—. ¿Acaso el señor Alejandro te hizo enojar otra vez? No te preocupes, estamos de tu lado. Si te sientes maltratada, podemos decírselo al señor Miguel; él te quiere como a una hija y te defenderá. Son roces de pareja, pero irte de la casa…—No, Felipe. No es eso —contestó Luciana, forzando una sonrisa.—Alejandro no me hizo enfadar, fui yo… Yo lo molesté a él. Y creo que ya no desea verme más.Los ojos de Amy y Felipe se abrieron con incredulidad. ¿Cómo había llegado todo a ese punto?Luciana se colgó la mochila al hombro y tomó la maleta.—Amy, Felipe… Gracias por cuidarme durante este tiempo. Me voy.Bajó las escaleras con el equipaje, seguida de Amy y Felipe, que intentaban disuadirla.—Luciana, no hagas algo precipitado —sugirió
Escuchar aquello dejó a Felipe sin argumentos. Llamó de inmediato y consiguió un auto. Simón cargó el equipaje en la cajuela.—Felipe, Amy, Simón, gracias por todo. —Luciana se despidió con un leve gesto antes de subir al taxi. Bajó la ventanilla para darles un último adiós, y luego el vehículo partió, perdiéndose de vista.En la entrada, los tres se observaron con preocupación.—Simón —comenzó Felipe—. Tú debes saber algo, ¿qué pasó exactamente?—Pues… —Simón balbuceó, y terminó por relatar la historia—. Eso fue lo que ocurrió.Felipe y Amy se quedaron boquiabiertos, incrédulos, para luego replicar al unísono:—¡Imposible! ¡Eso es absurdo! No tiene sentido que Luciana haya sido infiel…—Yo tampoco lo creía —murmuró Simón—. Pero… si no lo hubiera visto con mis propios ojos…Dentro del auto, Luciana se cruzó de brazos. Reinaba un silencio tan denso que empezó a sentir frío… un frío que no era solo físico, sino que parecía filtrarse desde su piel hasta llegarle al corazón. Cerró los ojos
Se inclinó para rodear con un brazo los hombros de Salvador.—¿Ves a esa de allá? Aposté a que se llevaría el título de “Reina del Baile” esta noche. ¿Qué opinas? ¿Baila bien o no?Salvador pensó: «Vaya, sí que está afectado».—Eh… sí, muy bien —contestó con cortesía.—¿Qué decías? —volvió a preguntar Salvador, intentando retomar el tema de Luciana.—¡Excelente! —exclamó de pronto Alejandro, estallando en aplausos y vítores hacia la artista—. ¡Lo hace increíble!La música terminó, la bailarina se inclinó, y el público prorrumpió en aplausos.—Vámonos a tomar algo —soltó Alejandro, volviéndose hacia la mesa donde estaban los demás.No habían reservado una sala privada, sino que se sentaron en la zona general, en medio del bullicio. Jael ya tenía las copas servidas para ellos. Alejandro se dejó caer en la silla y bebió de golpe, sin darle tiempo a nadie de decir nada. Jacobo miró a Salvador con una expresión de «¿y, hablaste con él?». Salvador apenas se encogió de hombros, como diciendo